El placer de la gama V7 de Moto Guzzi
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El placer de la gama V7 de Moto Guzzi

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 La familia V7 nació como una evolución de la V50 de finales de los setenta. La gama actual renació en 2008 y comparte este mítico motor en V a 90° –que se renovó totalmente en 2012–, cuyo encanto se basa en su carácter agradable, par motor y una estética que es todo un signo de identidad. Gracias a una esmerada evolución, conserva el sabor de otros tiempos con tecnología de nuestros días. La primera serie de 2008 alcanzó las 1.481 unidades, y en este 2014 llegará casi a las 4.500 y es un éxito en países como EE.UU. —donde se venden el 20 % de las Racer— e Italia, además de Francia y Alemania, y sin descuidarnos de Japón.

El proyecto original de este motor transversal llegó con la entrada en escena de la Moto Guzzi V50, y su cilindrada ha oscilado entre los 350 y los 744 cc (80 x 74 mm) actuales. Conservando la refrigeración por aire y culatas de dos válvulas, visualmente se ha recuperado la estética de las aletas redondeadas de la primera generación, así como la tapa de las válvulas redondeadas en aluminio. El sistema de alimentación es un Magneti Marelli con cuerpos de 38 mm de diámetro para un motor conocido capaz de rendir 48 CV de potencia a 6.200 rpm. El cambio sigue siendo de cinco velocidades y el sistema de transmisión secundaria por cardán. Un propulsor común para toda la familia que ahora monta un nuevo volante de inercia en baño de aceite que sustituye al alternador en seco, modificando la estética de la parte delantera del V a 90°.

Por lo que respecta a la parte ciclo, el chasis es un sencillo doble cuna con una horquilla convencional no regulable con barras de 40 mm. Y detrás se montan dos amortiguadores no menos convencionales pero regulables en precarga de muelle en el caso de la Stone y Special, y más deportivos en el de la Sport.

Tres versiones

Con una misma base, la familia V7 consta de tres miembros: Stone, Special y Racer, todos ellos con opción para el carné A2.
La Stone es la versión más básica, que con un negro integral que incluye retrovisores, amortiguadores, guardabarros y tapas laterales sólo muestra el brillo del cromo en el motor y los escapes. Las llantas de fundición de aluminio de seis palos desdoblados se desmarcan del anodizado de la Special y Racer. Se sirve en negro, rojo o un original verde Agata.

La Special se presenta con una banda naranja denominada Essetre en el depósito, que es una reedición de la V 750 de mediados de los setenta. Tiene un aire más aristocrático que la Stone tanto en su versión en negro como en la plata, en la que no faltan las bandas naranjas. El logotipo de Moto Guzzi, la icónica águila con las alas desplegadas, se presenta en relieve para marcar la diferencia con respecto a la Stone. Una cuestión de clase. Las llantas están acabadas en negro y cromado y la horquilla no monta guardapolvos.

La Sport brilla con luz propia, o mejor dicho brilla como el cromo de su depósito de combustible. Se trata de la tercera versión de esta Racer, que luce la placa portanúmeros con el número 7 en honor a Enrico Lorenzetti, que fue campeón del mundo de 250. El asiento forrado en cuero a juego con la cinta que se prolonga en el tanque de combustible y el chasis en color rojo contrastan con el negro de las tapas laterales, espejos, guardabarros y soportes de los silenciosos. Los amortiguadores Bitubo WMT de gas con depósit separado, además del asiento y su manillar bajo, le otorgan un aire más deportivo.

Nos citamos en la sede de Moto Guzzi y desde allí hicimos una bonita ruta por reviradas carreteras de Lecco donde disfrutamos del paisaje y de las buenas sensaciones de una gama con estética de otros tiempos. Entre la Stone y la Special, sus diferencias son puramente estéticas. La Racer es más completa y atractiva.

‘Ruteando’ por Lecco

Las primeras se presentan con una posición de conducción muy convencional, son cómodas, se llega bien al suelo y no disponen de ningún tipo de modernidad, como un sistema de frenada con ABS, diferentes mapas o control de tracción para poder ajustar el precio (consultar promociones).

El carácter del motor es sumamente generoso, con buenos bajos y medios, poco estresante, y se adapta a las necesidades de unas motos fáciles de conducir, agradables y con la personalidad de su V7.

La geometría de dirección es racional, la frenada es buena sin necesidad de las prestaciones de equipos más costosos y entre curvas es divertida y agradecida.

Es curioso el comportamiento que transmite la rueda delantera de 18 pulgadas, pero si he de ser sincero me gustó su direccionalidad y la facilidad con que a un ritmo moderado entra en las curvas de diferentes radios. Las suspensiones son sencillas pero equilibradas, aunque desde mi punto de vista los amortiguadores traseros son excesivamente ordinarios, con un comportamiento seco y contundente.

En cualquier caso me parecen dos modelos muy recomendables para pasear o moverse a diario porque tienen un carácter generoso, medidas contenidas y, a pesar de que no disponen de electrónica, me parecen atractivos y funcionales.
La Racer es ante todo una moto en la que su estética predomina por encima de todo. Una moto de boulevard que con respecto a sus compañeras de gama se beneficia de una suspensión trasera más efectiva y una posición de conducción deportiva pero no extrema, sino que en realidad es hasta cómoda…

En definitiva, Moto Guzzi, con buen criterio, sigue apostando por su placentera gama V7 con buenos resultados, pues es la más exitosa de la mítica fábrica italiana, ahora en manos del grupo Piaggio.

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