El lado más humano de James Stewart
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El lado más humano de James Stewart

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Si alguna vez tuvieses la posibilidad de ir a visitar a James Stewart a su casa, olvídate de imaginarlo inmerso en un estilo de vida ostentosa. Nada de eso. Es más, poco después de haber atravesado las dos rejas que protegen su propiedad y haber estado unos minutos con él, descubres que cualquier conjetura derivada del Stewart de las carreras desaparece en un instante.

Su casa, que para nada recuerda las mansiones californianas de otros pilotos, es muy sencilla. Todo está diseñado en tonos básicos y colores tendenciosamente oscuros, y de fondo, música electrónica y sugestiva, invitadora. El resto es mínimo. Todo está distribuido sobre plano, y se entra por el garaje en un espacio abierto que incluye cocina, sala de comer y salón. La decoración no es pomposa y el gusto es elegante, como lo es James tanto cuando viste una simple camiseta como cuando sale en moto. Al chaval no le falta clase.

Después está su estancia privada, con una televisión de plasma y videojuegos. En otra habitación hay una mesa de póquer (juego que le apasiona), y aquí guarda el casco autografiado de su campeón de fútbol preferido. La habitación de dormir, en el momento de nuestra visita, estaba en fase de repintar, en azul intenso. Lo único que rompe con el estilo minimalista son los trofeos y los uniformes de sus varias victorias repartidos por la casa o puestos en vitrinas. Para el resto, James no ama las luces, vive en su salsa en la penumbra (los únicos reflectores que aprecia son los de los estadios). Quién lo hubiera dicho. Toda la fantasía construida en nuestras mentes sobre la mansión que íbamos a encontrar en Haines City, en pleno corazón de Florida, se ha vaporizado en pocos segundos.

“Todas las personas que vienen aquí dicen lo mismo: que antes de entrar en mi universo tenían una idea muy distinta y deformada del James Stewart que ven en las carreras. Me gusta un ambiente tranquilo, sin demasiado ruido o colores, me gusta la tranquilidad y la sensación de protección que eso me da. Mis huéspedes pensaban que vivía en no sé yo qué sitio, y cambian su concepto con sólo pasar la puerta. Siempre tengo música de fondo, música electrónica, y eso crea un clima donde me encuentro muy a gusto. Ésta es la música que escucho antes de las carreras, con ella encuentro mi espacio protegido. Lo mismo cuando juego con los videojuegos o cuando veo las carreras en televisión, porque no me gusta oír los comentarios; no sé si van a decir algo que no me guste, por lo que prefiero ver sin escuchar y apoyarme en mi música”, apunta.

Su novia Brianna debe salir después de haberme saludado con un fuerte apretón de manos que raramente proviene de la prometida de un top rider de hoy en día. Pero antes de entrar en casa nos hace visitar su gimnasio, que con sólo verlo te entran ganas de hacer deporte.

Nos lleva a visitar su garaje-oficina, donde tiene su moto y la de su hermano Malcolm. “Malcolm va muy fuerte, podría hacer una buena carrera, pero no entra nunca en el gimnasio a sudar, no tiene la motivación, y quiere y necesita tomárselo así. Pero va fuerte en moto”, dice sonriendo. Caminamos por el gran garaje, donde tiene las motos del pasado (incluida la Yamaha 50, con la que empezó a correr y que sigue siendo la única no Kawasaki en su carrera deportiva). Nadie ha venido jamás a fotografiar esto, al menos en mi casa, y no sé por qué; pero como ves, todo es muy normal, sin apariencias”, comenta. Pero James no dice no a algún que otro juguete reservado a pocos privilegiados, y en particular le apasionan los coches, pero no le pedimos ver su parking automovilístico porque sabemos que en el pasado eso le causó alguna controversia entre los fans.

Desde lo alto de su garaje se divisan los terrenos donde James tiene sus circuitos de entrenamiento. “Nuestro terreno tiene cerca de 40 hectáreas, incluido un lago. Al principio era de 16, pero poco a poco fuimos adquiriendo zonas del entorno para poder construir mi casa, la de mis padres y todo lo necesario para poder entrenar: la pista, la oficina, el garaje

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