El adiós a Max Biaggi, un campeón de otra época
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El adiós a Max Biaggi, un campeón de otra época

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En el motociclismo actual es difícil encontrar algún piloto que haya tenido una trayectoria tan larga como la de Max Biaggi, que ha decidido colgar el mono a los 41 años de edad, tras 24 temporadas compitiendo. Biaggi siempre ha sido un hombre pragmático, en apariencia poco dado al sentimentalismo, pero, como si de un actor de teatro clásico se tratara, amigo de los grandes gestos. Por eso no fue raro que para anunciar su despedida eligiera un lugar como Vallelunga, donde empezó la historia del piloto: “Todo empezó aquí y todo termina aquí”, dijo, haciendo referencia a que el circuito romano fue el primer lugar donde se subió a una moto de carreras.

Max Biaggi fue anterior al baby boom del motociclismo. No fue un chaval que creciera loco por las motos, ansioso por emular a sus ídolos de los circuitos. Nunca se imaginó que la mayor parte de su vida estaría volcada en las pistas. Su sueño era convertirse en jugador de la Roma, su equipo de fútbol, pero un día su amigo Daniele le convenció para que le acompañara a Vallelunga para ver unas carreras de motos. Estábamos en 1988, y Max tenía 17 años. Involuntariamente, su amigo le descubrió un mundo nuevo y fascinante, y Biaggi quedó entregado a la pasión del motociclismo. Biaggi tenía una Aprilia AF1 125, que usaba a diario y con la que se desenvolvía con soltura por el bullicioso y nada fácil tráfico romano. Pero de ahí a correr en moto había un mundo.

Nunca antes había llegado a pensar en competir, pero arropado por Daniele y con el apoyo de su padre, que hacía de mecánico, Max decidió probar fortuna en el campeonato Sport Production 125 italiano, un competitivo certamen en el que las fábricas estaban siempre atentas para descubrir nuevos talentos. No fue un gran año, porque sus medios y la experiencia de su padre eran reducidos, pero en 1990 contrató a un mecánico profesional y todo cambió: ganó seis de las siete carreras y se proclamó campeón. Como premio le ofrecieron la moto de Doriano Romboni para disputar la última prueba del campeonato italiano en Vallelunga, su circuito, y no decepcionó: fue tercero por delante de Loris Capirossi, que acababa de ganar el Mundial de 125.

El buen hacer de Biaggi no pasó desapercibido. Carlo Pernat, director deportivo de Aprilia en aquellos tiempos, supo ver su talento, y persuadió a la Federación Italiana para que lo incluyera en el Team Italia para el Campeonato de Europa de 250 de 1991, un escenario ideal para foguearse sin la presión de los GGPP. Y le ofrecieron la oportunidad de debutar en el Mundial, en el Jarama, participando en alguna carrera suelta.

El resultado no pudo ser mejor: fue campeón de Europa.

Aprilia le puso sobre una moto oficial del Team Iberna en 1992, junto a Pierfrancesco Chili, y ganó un GP, en Kyalami. Pero en 1993 firmó por Honda, para trabajar con Erv Kanemoto, que acababa de ganar dos títulos de 250 con Luca Cadalora. No sería su primer encuentro, y el resultado fue muy valioso: un año de aprendizaje junto a uno de los mejores técnicos de la historia.

Pero el destino de Biaggi estaba ligado a Aprilia. Exigente con todos, tozudo como pocos, la experiencia con Honda no resultó satisfactoria para el romano. En Aprilia sabían que ese temperamento impulsivo y severo jugaría a su favor, y Max regresó a la marca de Noale en 1994. Fue el comienzo de una etapa extraordinaria, que consagró a Biaggi como el mejor piloto de la categoría tras ganar de forma consecutiva cuatro títulos. Nunca antes un piloto había logrado semejante hazaña, y nadie lo ha vuelto a conseguir después. En aquellos años, Biaggi cimentó su leyenda y su carácter, una forma de ser nada fácil.

Estuvo ligado a Aprilia de 1994 a 1996, y en 1997 volvió a reencontrarse con Kanemoto, para conseguir el título que la inexperiencia le negó en 1993. Fue un año en el que empezamos a conocer al Biaggi de las polémicas, autor de declaraciones discutidas, enfrentado con pilotos y sancionado por la Dirección de Carrera por su negativa a acatar las sanciones. A lo largo de su carrera fue frecuente verle en el ojo del huracán. 1997 no fue un año fácil. A su disputa en la pista con Ralf Waldmann, sobre dos motos teóricamente iguales, tuvo que añadirle alguna discusión en plena rueda de prensa con el alemán, a la vista de todos y sin el mayor reparo, a cuenta de quién tenía más atención por parte de HRC. Por si no fuera suficiente, esa temporada arrancó su eterna enemistad con Valentino Rossi, una disputa que todavía sigue, menos punzante y agresiva que entonces, pero igualmente sentida.

Rossi, el polo opuesto

Max era la referencia del motociclismo italiano cuando el joven Valentino irrumpió en los circuitos. A Biaggi le acompañaba un tono de cierta elocuencia en sus palabras, cosa común a cualquier romano, pues Roma es la cuna del mundo y es difícil sustraerse de semejante grandeza. Biaggi no era de trato fácil, y por el contrario el joven Rossi era un charlatán que se pasaba horas en la sala de prensa, hablando por los codos con cualquiera que quisiera escucharle -y tuviera tiempo para ello-, así que, inevitablemente, chocaron. Y dado que Biaggi era el gran campeón, a alguien se le ocurrió preguntarle a Rossi si se sentía el nuevo Biaggi. Imaginad la respuesta de Valentino. Se mofó de Biaggi con el desparpajo de sus 18 años… Ahí empezó todo. Luego una aficionada escribió una pancarta en un circuito: “Mejor una hora de Rossi que una vida de Biaggi”, y Valentino quiso conocer a la autora, aireando a los cuatro vientos la anécdota. Luego llegó la broma de la muñeca hinchable en una vuelta de honor, uno de los primeros numeritos de Valentino, a la que llamó Claudia, precisamente cuando las revistas del corazón italianas hablaban de una posible relación entre Max y la modelo Claudia Schiffer.

Aquella disputa era la salsa de la vida, la chispa de las carreras, pero era un enfrentamiento a distancia, en el paddock o en la prensa, porque Max y Valentino no compartían categoría. Después de ganar el Mundial de 1997, Max dio por fin el salto a 500, y lo hizo de la mano de Erv Kanemoto. El entendimiento mutuo fue fluido, aunque era una relación muy profesional, sin magia, como tampoco la tuvo el técnico norteamericano con Luca Cadalora, con quien ganó los títulos de 1991 y 1992. Con el que realmente se entendía y tenía complicidad Biaggi era con Giovanni Sandi, su hombre del box durante su estancia en Aprilia.

Pero el tándem Biaggi-Kanemoto funcionó bien. Max protagonizó el arranque más espectacular del motociclismo moderno cuando el día de su debut en 500, en Suzuka, se impuso en una carrera memorable, en la que Mick Doohan, el gran campeón, no pudo plantarle cara debido a una avería, pero Biaggi, sin experiencia en una 500, humilló al resto de los pilotos ya curtidos en la categoría.

Aquello fue sólo el comienzo. Biaggi se midió cara a cara con Doohan y con Álex Crivillé, ofreciendo un espectáculo irrepetible. Durante las 11 primeras carreras de la temporada -el campeonato tuvo 14 GGPP- ninguno de los tres fue capaz de vencer en dos carreras seguidas, y aunque Doohan había ganado más carreras que Biaggi y Crivillé juntos, sus caídas en Jarama y Brno mantenían el campeonato muy igualado.

El Mundial llegó a Cataluña, a falta de tres carreras, con Biaggi líder: 189 puntos, por delante de Doohan (185) y Crivillé (182).

Entonces se produjo el error de Katsuaki Fujiwara, que se llevó por delante a Jean Michel Bayle y a Crivillé en la primera curva. El Noi de Seva decía adiós al título. Y Biaggi cometía un error al adelantar con bandera amarilla en el siguiente paso por la curva, al igual que Barros. Ambos fueron penalizados con un stop&go, una parada en el pit lane de cinco segundos, pero Biaggi se negó a cumplirla. Siguió en carrera, como si la cosa no fuera con él. Y cuando le mostraron la bandera negra de la exclusión, tampoco se detuvo, empecinado en ser el poseedor de la verdad y en que no tenían razón en penalizarle. Y así concluyó las 25 vueltas de la carrera, peleando por ganar, y entrando en meta por delante de Doohan. Pero fue descalificado, y no se aplicó ninguna otra sanción sobre él a posteriori. Ni falta que hizo. Aquella carrera desequilibró el campeonato y Doohan enlazó tres victorias consecutivas para proclamarse, por quinta vez consecutiva, campeón de 500.

Todos se deshicieron en elogios hacia Max a pesar de ese temperamento suyo, a quien consideraban como la nueva sensación de la categoría. Pero no todos estaban de acuerdo. Doohan tenía otro punto de vista: “Lo que me fastidió en 1998 fue el cambio de combustible. Cuando aguaron la gasolina convirtieron las 500 en gatitas. Por eso Biaggi pudo ser tan agresivo con una 500. En otra época, un novato recién llegado de 250 se habría puesto la NSR de sombrero cada viernes”, confesó Doohan, muy en su estilo, años después.

Con semejante irrupción, seguramente Honda no tardaría en sentir interés por Biaggi, pero nunca llegó a haber espacio para él en HRC. Además, en 1999 firmó con Yamaha, formando un sorprendente dúo junto a Carlos Checa. Le costó coger el tranquillo a la YZR 500, y tardamos en volver a ver al impresionante piloto que descubrimos aquel 5 de abril de 1998 en Suzuka. Sumó podios, ganó alguna carrera, pero no sería hasta 2001 cuando volveríamos a ver a un Biaggi agresivo y peleón, luchador y ambicioso. Y entonces empezó a ajustar cuentas, cara a cara y en la pista, con Rossi.

Fue una lucha desigual. Biaggi tenía a sus incondicionales, y siempre los ha tenido, pero su tono arisco y soberbio chocaba frontalmente con el encanto de Rossi, que enamoraba a todo el mundo. Y eso hacía más irritante la derrota. Biaggi peleaba con uñas y dientes, pero el éxito se le resistía. Hasta 2002 fue piloto oficial de Yamaha, primero en 500 y luego en MotoGP, y tuvo que ceder ante el Valentino de los mejores años. Y su enfrentamiento fue aún más enconado, puesto que llegaron incluso a las manos en una escalera, camino de un podio.

En 2003 y 2004 firma con el Team Pons y Honda. Ya ni siquiera estaba en un equipo oficial, pero eran tiempos en los que las buenas estructuras privadas con motos satélite podían hacer grandes cosas. Con la RC212V de Sito ganó tres GGPP, pero no pudo pelear por el título. También conocimos detalles personales desconocidos de él. Allí coincidió con Antonio Cobas, a quien una fulminante enfermedad nos arrebató en menos de un año. Biaggi apenas tuvo una temporada de trato con Cobas, pero alcanzó un buen entendimiento con el mago, y fueron frecuentes las llamadas y el contacto durante su enfermedad. El mito del misántropo se derrumbó…

Cuando había perdido toda esperanza, en 2005 recibió la llamada de HRC. Involuntariamente, Rossi había facilitado su acceso. Al abandonar el equipo de fábrica, de cara a 2004, Honda recurrió a Alex Barros, y un año después buscó en Biaggi el anti-Rossi. Pero no fue la solución. Con 34 años, terminó quinto en MotoGP, y por primera vez desde 1992, sin una sola victoria. Parecía que su carrera llegaba a su fin. Nadie le ofreció un contrato para 2006, y Max se quedó en casa, recuperándose de una fractura de calcáneo, y matando los ratos muertos con una supermotard, trabajando físicamente con intensidad, porque seguía convencido de que podía mantenerse activo.

Superbike

Se daba por perdido a Biaggi cuando en ese invierno de 2007 recibió la llamada de Francis Batta, que le persuadió para que se incorporara a su equipo Suzuki Alstare, la escudería oficial de Suzuki en el Mundial de SBK. Tras haber pasado por Aprilia, Honda y Yamaha, Biaggi iniciaba una nueva etapa con otra marca y en otro campeonato. Lo que para muchos es un cementerio de elefantes, para Biaggi supuso una motivación para demostrar que todavía tenía ganas y fuerzas suficientes para luchar por la victoria. Y su debut en Qatar tuvo la misma fuerza que en Suzuka 9 años antes, porque se impuso en su primera carrera. Después las cosas no fueron fáciles, y terminó sin opciones al título.

Luego inició una etapa poco definida que parecía confirmar un destino abocado a un discreto papel de secundario. En 2008 firmó con Ducati Go Eleven, sin sumar una sola victoria. Tenía 37 años, y ahora sí que parecía el final. Pero apareció Aprilia, que acababa de desarrollar la RSV4, una superdeportiva que llegó al campeonato no sin polémica, porque pareció hacer un camino inverso al habitual: fue más una moto de carreras puesta en la calle que una moto de producción adaptada a la competición. Se reencontró con el equipo técnico de sus títulos, con Sandi y sus viejos conocidos del Reparto Corse, y volvió a revivir sus viejos y buenos tiempos de la RSV250, pero con 15 años más encima.

El estreno fue bueno en 2009, tercera posición, pero la apoteosis llegó al año siguiente, cuando consiguió el título, su quinta corona mundial.

Cambios en la reglamentación en 2010 hicieron que la Aprilia resultara menos competitiva. Y Biaggi se quejaba con frecuencia de la desigualdad técnica y de la ventaja de que disfrutaba Ducati, que con Carlos Checa consiguió el título. Pero esta pasada temporada se ha dado la vuelta a la tortilla y Biaggi, tras un inicio dominante, ha pasado serios apuros, perdiendo y recuperando el liderato en varias ocasiones, hasta conseguir un agónico segundo título por sólo medio punto frente a Tom Sykes.

Ni siquiera un final así agotó sus deseos de seguir compitiendo. El nuevo rumbo del campeonato impone nuevas condiciones y menores costes, y por tanto menos compensaciones, demasiado poco para un piloto de su nivel. A sus 41 años, todo es mucho más duro físicamente, y Biaggi se ha planteado si merece la pena tanto esfuerzo para semejante recompensa. “He dudado entre dejar las carreras o seguir un año o dos más. La familia ha pesado mucho en la decisión; es el momento de dedicarle más tiempo”, dijo en su despedida. Un discurso con cierto parecido al de Stoner, pero que entona siendo 14 años mayor que el australiano.

Se va Biaggi, uno de los más grandes, y se marcha con seis títulos mundiales y 63 victorias (42 GGPP, 21 SBK) en 369 carreras al más alto nivel. Y se marcha fiel a su carácter: “A ver si Rossi es capaz de ganar un Mundial con 41 años”, dijo en el diario As. Hay cosas que no cambian…

Por Juan Pedro de la Torre

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