El actual dominio español en MotoGP, la hegemonía más abrumadora de toda la historia
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El actual dominio español en MotoGP, la hegemonía más abrumadora de toda la historia

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En 1984, Ángel Nieto sumaba su último título Mundial -el famoso 12+1-, y por aquel entonces la máquina de generar relevos generacionales ya estaba en marcha. El primero en recoger el testigo de nuestro primer campeón no tardaría en aparecer: Aspar ganaba el Mundial de 80cc en 1986, hito que repetiría al año siguiente. Y mientras Jorge daba continuidad a la trayectoria ganadora de Nieto, Sito Pons se encargó de abrir nuevos horizontes mediante el asalto a las categorías mayores. Por primera vez para el motociclismo español consiguió victorias en 250cc, postulándose así a candidato al título. La materialización llegaría en 1988… luchando contra otro de los nuestros: el espectacular Juan Garriga. En aquel momento se alcanzó lo que parecía imposible, que tres españoles consiguieran en un mismo año tres títulos mundiales. Pero resultó que lo que en ese momento pareció excepcional acabó no siéndolo tanto, porque al año siguiente, en 1989, nuevamente se conseguían los tres campeonatos. En 80cc vencía Champi Herreros con la Derbi; en 125cc era Alex Crivillé, quien con sólo 19 años se convertía en el campeón más joven; además, lo hizo sobre una moto española, la JJCobas. En 250cc, Sito Pons volvía a proclamarse campeón. Y no sólo se cosechaban títulos, porque pilotos como Aspar, Torrontegui, Garriga o Cardús se apuntaban también a las victorias. Era, sin duda alguna, nuestra época dorada. Sólo faltaba triunfar en 500cc, una categoría que en aquel entonces se asumía como imposible. Pero envalentonados con los triunfos en las cilindradas menores, el asalto a ese último bastión pasó a ser el gran desafío. Así las cosas, en 1990 nuestros dos mejores espadas del cuarto de litro, Pons y Garriga, daban el salto a 500 cc, dejando la responsabilidad de la cilindrada intermedia en manos de Cardús. Mientras, en 125cc Aspar volvía a ser nuestra mejor baza.

Al final, la aventura de 500cc se hizo muy cuesta arriba; en 250cc se escapó el título en la última carrera y en 125cc, a pesar de que Aspar ganó tres de las primeras cinco carreras, también se acabó cediendo el entorchado mundial. Tras unos años de éxitos, 1990 supuso un jarro de agua fría.

1991
Para la temporada siguiente, los objetivos fueron los mismos y con idénticos protagonistas; es decir, Cardús tenía el peso de pelear por el Mundial de 250cc y Aspar por el de 125cc. La realidad, sin embargo, fue demoledora: no sólo no se conquistaron los títulos, sino que no se ganó ni un GP. Por primera vez en 18 años, el himno español no sonó ni una sola vez. De cara al año siguiente, el panorama pintaba, pues, muy desolador. La crisis económica que comenzó a asomar dejó la cantera falta de apoyos que financiaran sus proyectos. Fue como si nadie pudiera continuar con el legado de finales de los 80. Aun así, 1992 trajo un rayo de esperanza, ya que por primera vez se subió al podio de 500, incluso se ganó en una histórica carrera en Assen. Una única victoria de la mano de Crivillé, pero que tuvo casi la repercusión de un título mundial. Al final de aquel año se vivió otro momento esperanzador protagonizado por el veterano Aspar, que vencía en la última carrera del año exhibiendo un pilotaje muy por encima del de sus rivales. Aquello hizo olvidar dos amargos últimos años y pensar en un futuro prometedor. Y sin embargo, de soñar con nuevos títulos mundiales pasamos a valorar cualquier podio aislado, incluso un tercer puesto. Un resultado que hoy en día pasa prácticamente desapercibido, entonces fue motivo de portada.

1993

El año 1993 se saldaba con cinco podios, uno de Torrontegui en 125cc, dos de Puig en 250cc y dos de Crivi en 500cc, todos ellos en el tercer escalón; nunca estuvimos en disposición de ganar. La de 1993 quedaba como la temporada más oscura de todas; nuestro motociclismo tocaba fondo. Los italianos vencían en todas las categorías, incluso en 500cc, donde la llegada de Cadalora les devolvía los laureles perdidos hacía más de una década. Australianos, americanos, japoneses, hasta los alemanes vencían… todos menos los nuestros. Para colmo, las fábricas les negaban las mejores motos, no teníamos las pata negra y así, todo era más difícil. Los dos siguientes años siguieron la misma dinámica, y no sería hasta 1996 cuando viésemos los primeros brotes de la mano de Crivillé. Álex se había convertido en nuestro primer espada, pero hasta este año no vimos que realmente ser campeón de 500cc era posible. El final de la travesía del desierto que fueron aquellos años veía una luz al final del túnel.

1999

La progresión en 500 iría a más hasta llegar el esperado título en 1999. Por los pelos se salvaba la década de los 90 y fue un campeón del año 1989 el que, diez años después, lograra nuevamente un título para el motociclismo español. Aquel año la alegría llegó de dos en dos. Al título de la mayor de las categorías se le sumó el de la más pequeña, que llegaba de manos de Emilio Alzamora. A partir de ahí, el motociclismo español no hizo nada más que crecer. Aquel mismo año nacía la Movistar Activa Cup, una iniciativa que ofrecía la posibilidad de ser piloto a cualquier joven que lo desease. Fueron miles los que se apuntaron y tuvieron su oportunidad. Pero además de aquel lanzamiento de jóvenes promesas, se celebraron campeonatos como la Copa Aprilia, que sirvieron de lanzadera para pilotos como Lorenzo o Simón, y, sobre todo, el nuevo CEV implantado en 1998, que abría sus inscripciones a participantes extranjeros y se profesionalizaba más. La máquina de hacer pilotos se ponía en marcha y el camino marcado era desde la cilindrada más pequeña: 125cc.

En la categoría intermedia se tardaría un poco más en que llegaran los éxitos. La larga sequía sin triunfos que duraba desde la victoria de Cardús en Brno en 1990 no se rompería hasta la lograda por Fonsi Nieto en 2002; es decir, 12 años después volvíamos a ganar en 250cc. Luego llegarían los títulos de Dani Pedrosa, los de Jorge Lorenzo, Álvaro Bautista, Julian Simón, Marc Márquez, Toni Elías y Nico Terol, y así hasta el momento actual. Un esplendor del que ahora somos protagonistas, igual que lo fueron en otros momentos pilotos de otras nacionalidades.

Los mejores comienzos tras seis pruebas
Cada vez que vemos a Lorenzo, Pedrosa y Márquez en el podio –situación que en lo que llevamos de año ya ha sucedido tres veces de seis posibles– comparamos este dominio con el ejercido por los americanos Eddie Lawson, Kevin Schwantz y Wayne Rainey en 1989. Aquellos tres colosos daban continuidad a los podios logrados anteriormente por sus compatriotas Kenny Roberts, Freddie Spencer y Randy Mamola. Pero no hace falta remontarse más de dos décadas para encontrarnos con una hegemonía tan marcada.

Hace menos tiempo eran los italianos los que tiranizaban el campeonato con sus banderas rojas, verdes y blancas. En Mugello 2005, por ejemplo, Valentino Rossi, Max Biaggi, Loris Capirossi y Marco Melandri ocuparon los cuatro primeros puestos. Más difícil de encontrar, en cambio, es una superioridad tan grande en las seis primeras carreras del año como la que están protagonizando los nuestros hasta el momento. Y es que, además de haberse anotado todas las victorias, se han llevado 15 cajones de los 18 que se han repartido, y es que, excepto el segundo puesto de Rossi en Qatar y los dos podios de Crutchlow en Le Mans y Mugello, el resto ha sido esta vez de color rojo y amarillo, dejando a España como el segundo país que mejor arranque ha protagonizado de toda la historia de la categoría reina a estas alturas de campeonato. Sólo los británicos, en un lejano 1963, lo hicieron mejor. Entonces se llevaron 17 podios; es decir, dejaron escapar sólo un tercer peldaño. Lo que está logrando nuestro trío de ases ni siquiera lo consiguieron los famosos americanos. Los italianos completan el grupo selecto de los cuatro países que han vencido en las seis primeras carreras. Pero ni la época imperial de Agostini ni el esplendor de los Rossi, Biaggi y compañía superan nuestros números.

Nadie había logrado tantos éxitos
Si los británicos nos ganan por dos podios en la mayor de las categorías, en lo que no lo hace nadie es en nuestro cómputo global de las tres cilindradas, donde más nos diferenciamos con creces del resto, y es que los 40 podios cosechados en estas seis primeras carreras superan el récord anterior, que también estaba en nuestro poder, con los 33 cajones que atesorábamos a estas alturas en 2010. Para encontrar al siguiente país que se nos acerque tenemos que ir a los 25 podios que sumaban los italianos en 2001, un número que queda muy lejos. En cuanto a victorias logradas en estas primeras seis carreras, las 16 que se han conseguido se convierten en un récord escandaloso teniendo en cuenta que en 2010 teníamos 13, lo que superaba el récord de Gran Bretaña de triunfos, que perduraba desde un muy lejano 1965.

Estamos, por tanto, no solamente en la época dominadora de los españoles, sino en la más aplastante de toda la historia. Jamás un país había marcado tanto las diferencias.

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