Diario de un nómada, primera serie de televisión sobre viajes en moto
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Diario de un nómada, primera serie de televisión sobre viajes en moto

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Mi primer viaje al extranjero fue el 15 de abril de 2008; ese día me dieron la noticia de que el Ministerio de Justicia me concedía la excedencia sin sueldo y con pérdida del destino de mi confortable puesto como registrador de la propiedad. Ese mismo día yo embarcaba en un ferry rumbo a Italia junto a mi primera BMW GS 1200. Desde entonces, no he dejado de viajar en moto y si consigo llegar a Panamá en junio de 2014, habré pisado 100 países en seis años, escrito cuatro libros de viajes y culminado este cambio vital produciendo el que quizá sea la primera serie documental española de aventura en moto para televisión.

No creo en las casualidades, sino en la causalidad, aunque a veces el nexo causal no lo veamos y lo llamemos azar o incluso caos. No existe el caos. Tampoco el azar. Por eso todo comenzó en una librería, no podía ser de otra manera, y como en los cuentos tristes que tanto me gustan, en una librería madrileña que ya no existe. Un fantasma es sólo lo que queda en mi recuerdo. Curiosa broma del destino. Cuando comencé a viajar y a dar mis primeras conferencias, me presentaba siempre ante el público como escritor y no como motero. Yo había dejado mi profesión alimenticia no para montar en moto sino para escribir. Y a eso me he dedicado en cuerpo y alma, con frenesí, con entrega, con el sacrificio del asceta. Recuerdo estar en pensiones mugrientas de Zimbabwe o Borneo, la moto aparcada fuera sucia de barro y yo dentro de un cuarto caluroso escribiendo el relato de las horas anteriores con la obs¬tinación del que no quiere olvidar nada. Y publiqué Un millón de piedras. Y como los castizos, pude decir: “Ahí queda eso”.

La fuga

Y cuando terminé mi vuelta al mundo llamada Ruta Exploradores Olvidados y estaba sin blanca habiendo consumido mis ahorros en una peregrinación frenética por el globo, entré en una librería de viajes de Madrid que hoy no existe: Altaïr, a llevar una caja llena de ejemplares de un librito raro que acababa de publicar contando la desconocida historia de los náufragos de la Invencible en Irlanda y del Capitán de Cuéllar, superviviente de aquella epopeya. El libro se titulaba La Fuga de Náufrago y era un intento casi desesperado de conseguir fondos para seguir viajando. Todo el invierno que pasé en España tras mi vuelta al mundo lo pasé de ciudad en ciudad, con las maletas de mi moto llenas de libros que vender en una sucesión interminable de pre¬sentaciones; con las ventas conseguí algo del maldito parné im¬prescindible para vivir y viajar. Pero aquel día que entré en Altaïr no podía imaginar que el futuro iba a cambiar tanto. Con mi bulto entre las manos y casi sintiéndome un pedigüeño, me dirigí a un dependiente con la intención de colocar mis libros en depósito.
—Soy Miquel Silvestre—dije algo apocado—, he escrito un libro de viajes…
El tipo me miró y antes de que pudiera terminar mi discurso me preguntó.
—¿Tú eres el autor de Un millón de piedras?
Asentí sorprendido.
—Encantado —respondió con una sonrisa y tendiéndome la mano—, tu libro es ya un clásico.

En mi ausencia, el relato de la aventura de un necio perdido solo por África en una moto vieja había funcionado muy bien comercialmente, aunque yo no hubiera visto un euro de esas ventas por eso tan complejo de los derechos de autor y los porcentajes y los contratos editoriales y la crisis y el vuelva usted mañana.

Hablamos durante un buen rato de mis viajes y también de unos vídeos rústicos que yo mismo editaba según iba viajando. Me propuso realizar un taller de edición de vídeos de viaje en la librería. Me pareció buena idea. Lo curioso es que Javier, que así se llama el ex dependiente de librería y periodista de vocación y formación, escribió un correo electrónico a La Aventura del Saber, un programa cultural de La 2, informándoles de lo que íbamos a hacer. A los productores del programa les interesó el tema, me llamaron para concertar una entrevista. Cuando indagaron en mi historia personal, quedaron muy sorprendidos por eso de que un registrador se convirtiese en aventurero para seguir huellas de exploradores del pasado. En el mismo plató, el director Salvador Valdés, me propuso emitir los vídeos de mi vuelta al mundo y también los de la próxima aventura: la Ruta Embajada a Samarcanda tras los pasos de Rui González de Clavijo.

TV

Los vídeos empezaron a emitirse. Antes de salir de viaje rumbo a Uzbekistán pasé de nuevo por Prado del Rey. En el despacho de los productores de La Aventura conocí a un productor ejecutivo de culturales, quien había visto mi material y me preguntó si podría hacer una serie completa de trece capítulos.

—Por supuesto que sí —respondí sin saber el lío en el que me estaba metiendo.
Le pasé unos cuantos vídeos que consideré más representativos de mi trabajo y me fui. Cuando estaba en Barcelona con mis amigos Víctor Escipión y Quique Cebrián, me llamó para decirme que en dirección habían gustado y que si era capaz de encontrar una productora, viajar con un cámara profesional y encontrar patrocinadores que lo financiasen, se estudiaría la propuesta de serie documental. Y así me fui hacia Samarcanda, con semejante marrón por organizar, sin experiencia alguna y sin saber en quién confiar. Yo no sabía nada de televisión, no conocía a ninguna productora y menos a nadie que estuviera dispuesto a poner un euro para financiar una aventura que imaginaba muy costosa. Pero yo estaba dispuesto a dejar la piel en el empeño de producir la primera serie documental española sobre aventuras en moto, actividad a la que he consagrado los últimos seis años de mi vida porque sinceramente creo que reúne todos los elementos que necesita un gran relato: épica, riesgo, dinamismo, conocimiento, sufrimiento, gozo, velocidad, sacrificio y libertad.

Los complejísimos pormenores de cómo se fue organizando todo el entramado hasta acabar convertido en lo que hoy es Diario de un nómada serán objeto de otro artículo, pues además de interesantes son ilustrativos del modo de funcionar de mundos de los que la mayoría de los mortales estamos excluidos, como es el de la televisión. Pero para terminar este relato, basta con explicar en qué consiste exactamente Diario de un nómada, Ruta Exploradores América.

Ruta Exploradores América

Es una expedición para filmar un viaje en moto por el continente sudamericano que sigue las huellas de los descubridores españoles desde el estrecho de Magallanes hasta el canal de Panamá. Está previsto que el documental se emita en Canal Extremadura, en La 2 de RTVE y en su Canal Internacional a partir de enero de 2015 lo largo de 13 capítulos de 25 minutos de duración.

La novedad respecto a otros formatos de documentales es que el viaje se sigue en directo a través de la web de RTVE.es y semanalmente en La 2. Durante los meses de febrero a junio, período en el que se desarrollará un itinerario de 25.000 kilómetros, voy subiendo posts, fotografías y vídeos al blog abierto en la sección “Somos Documentales de RTVE.es”; algunos de esos vídeos se emiten en el programa cultural La Aventura del Saber hasta junio.

Sobre el terreno, el equipo de Diario de un nómada está compuesto por Antonio Piris Corchado, operador de cámara y realizador; el argentino Heber Orona, alpinista de élite especializado en toda clase en aventuras por Sudamérica, quien hace de conductor del vehículo 4×4 que acompaña a la BMW R 1200 GS LC proporcionada por BMW Motorrad España. Prestando apoyo desde España se encuentran como guionistas Javier Sanz, célebre divulgador de historia y autor de varios libros sobre la materia; y Juan Bazaga, con gran experiencia en televisión delante y detrás de las cámaras. La producción corre a cargo de Silver Rider Prodaktions, que es la productora que yo mismo he creado, y de Malévolo y su responsable, Álvaro Gómez de Luque, mientras que la voz en off la pone el actor de doblaje Francisco Javier Gámir.

Finalizo estas notas en Arica, Chile, a punto de ingresar en Perú. Hasta la fecha hemos recorrido unos 15.000 kilómetros por la Ruta 40, la Carretera Austral, hemos alcanzado el Estrecho de Magallanes, recorrido la Patagonia, ascendido hasta Buenos Aires por la Pampa, cruzado el estuario del Río de la Plata, visitado Colonia Sacramento, remontado el río Uruguay hasta Iguazú, contemplado las misiones jesuitas, hablado con los guaraníes, cruzado el Chaco, subido al altiplano de Bolivia, contemplado el Cerro Rico de Potosí, navegado en el salar de Uyuni, circulado entre volcanes y vencido el desierto de Atacama, y sólo estamos a mitad de aventura.

Para mí, completar Diario de un nómada y verlo emitido supone decir adiós a la vida nómada que he llevado estos últimos seis años, cuando embarqué rumbo a Italia. Creo que es una inmejorable despedida del relato de viajes al hacerlo contando la última gran historia que me quedaba pendiente. En cierto modo, terminar este viaje significa regresar a la normalidad, a la vida tranquila, a la familia, quizá. Sin embargo, ya para siempre sabré que llevo dentro el haber conocido los lugares donde la historia sucedió, y ése es sin duda el gran privilegio que me ha ofrecido una vida que ya no cree en las casualidades. Y como los cuentos que tanto me gustan, comenzó en una librería. Una librería que ya no existe.

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