Destination Yamaha Iceland: Un faro en el fin del mundo
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Destination Yamaha Iceland: Un faro en el fin del mundo

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Nuevo día y nueva aventura para los 18 aventureros que viajan en moto recorriendo toda Islandia. Esta vez el objetivo es alcanzar el faro Fontur, situado en Langanesviti.

Se trata de una de las puntas más al norte de Islandia, y del mundo… Además, no se salvan de alguna caída por las condiciones del asfalto y se topan con una impresionante manada de caballos salvajes, a la vez que siguen disfrutando de las increíbles vistas que les acompañan día a día.

“Hoy las circunstancias han querido que nuestra salida del camping haya sido tardía. Tras recoger las tiendas bajo una leve lluvia y volver a colocar todo el equipaje en las motos, partimos hacia nuestro destino de hoy, el faro Fontur más al norte de toda Islandia, Langanesviti.

En fila de a uno vamos devorando kilómetros sobre asfalto roto. Nos flanquean a ambos lados pequeñas montañas con dientes de sierra, que parece hubieran soltado tierra y piedras pequeñas a lo largo de sus laderas. La lluvia va dejando de caer y las nubes y el sol se van abriendo paso.

Giramos a la derecha y entramos en terreno asfaltado. Las montañas ganan volumen y altura y sus cumbres moteadas de blanco. El terreno alrededor es arenoso y de rocas, todo pelado. Dicen que Islandia es el país del hielo y el fuego, y creo que también debiera conocersela por la lluvia y el viento, pues un día más, Eolo ha querido obsequiarnos con su gélido aliento.

Poco a poco, el deshielo va causando su efecto y en nuestra ruta apreciamos continuas balsas de agua y algún riachuelo. El color verde poco a poco al negro y marrón va ganando terreno y aparece hierba por doquier, pero árboles ni verlos.

Como vamos escasos de combustible, al alcanzar el pueblo de Vopnafjöeredur, paramos a repostar, comer algo y abrigarnos más en serio, pues aunque es verano, hace mucho frío, más bien parece invierno. Continúamos camino siguiendo por asfalto que pronto se convierte en pista con mucha piedra y agujeros, aminoramos la marcha y vamos con tiento para no caernos.

El mar hace presencia ante nosotros adentrándose en la tierra con afiladas lenguas que que junto con valles y montañas a lo lejos, hacen de este paisaje una visión casi perfecta. Poco a poco nuestra expedición va ganando terreno a la ruta de hoy y con ilusión seguimos adelante sin desaliento. 

Mientras, sin darnos cuenta, expectadores de excepción va apareciendo tumbados en las cunetas, agazapados como guardianes en su fortaleza. Son cabras y carneros que se asoman a nuestro paso, guardando su tesoro más querido, ovejas, corderos y pasto. Y después, de nuevo la nada, llanura en el valle y a lo lejos… una colosal montaña que emerge del mar con su piel Nevada. No podemos ver su cima pues está tapada por nubes cual aureola blanca, y el otrora azul claro del agua se torna azul oscuro como si de magia se tratará.

Acercándonos hacia tal mole y una vez rebasada, en la distancia aparece ante nosotros un pequeño pueblo con su silueta blanca Pórshöfn. Lo cruzamos en línea recta y al pasarlo, la carretera se vuelve camino y el camino pista extraña. Tiene tramos con dificultad varia, piedras sueltas como de grava, tierra compacta y apelmazada, y en uno con mucha arena hinco el morro de mi yamaha, intento controlarla y tras varios zigzgueos, no puedo controlarla y acabamos mi montura y yo en el suelo.

Hemos continuado por la carretera 869, que no es sino una pista que nos lleva al faro de Fontur, curveando por un terreno con múltiples subidas y bajadas. Cuando nos damos cuenta estamos a pocos metros de un precioso acantilado al mar del Norte, divisando la silueta del faro al final de éste. 

Y entonces, ¡llega lo mejor! Tras una pequeña subida nos encontramos literalmente en medio de una manada de caballos salvajes que galopan precediendo nuestra marcha. ¡Una escena de auténtica película! 

Ya en el faro, paramos para admirar las vistas y hacer unas fotografías. Increíbles vistas al mar del Norte y los acantilados sobre éste.

Reemprendemos la marcha de vuelta a Pórshöfn, de ahí enganchamos la 85 dirección Kópasker, donde pasaremos la noche.

Como curiosidad, viene a recibirnos al camping un español; del Puerto de Santa María, con el que conversamos alegremente un buen rato. 

Vamos a cenar algo y a dormir. ¡Mañana aún más y seguro que mejor!”

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