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Derrapando que es gerundio

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Noyes Camp

El Noyes Camp celebra el primer #DirtTrackWeekend de la temporada en el Circuit de la Ribera. Un planazo en la mejor compañía.

Si a alguno de vosotros se le pasa por la cabeza aprender a hacer DirtTrack, que tenga en cuenta que hay que tomárselo con calma y que, para ir bien, lo más sensato y aconsejable es hacer algún cursillo para aprender de los profesionales. Es una modalidad con unas características muy específicas, no se parece a ninguna otra, por lo que necesitarás ayuda para conocer la técnica y empezar a desenvolverte con dignidad. Parece mucho más sencillo de lo que es en realidad, seguramente por el dominio que tienen los masters del DirtTrack, por la naturalidad con la que derrapan y por lo mucho que inclinan. Hay que aparcar todas las inercias y vicios de otras disciplinas e intentar hacer un reset mental y de conducción para cumplir a rajatabla los consejos de los que dominan.  No es fácil eso de usar ruedas de asfalto para ir por la tierra…

Una opción buenísima es la que vivimos en el ‘DirtTrackWeekend’ organizado por el Noyes Camp y celebrado en las instalaciones del Circuit de la Ribera, en Algemesí (Valencia). Dos jornadas apasionantes y repletas de acción, técnica, derrapes y buena compañía en los que aprendimos los trucos y secretos de esta modalidad tan apasionante. Fue un lujo tener a Kenny Noyes, a Gerard Bailo y a Ferran Sastre como profesores. Se hincharon a hacer demostraciones, a darnos rueda, a enseñarnos a trazar, a insistir en la postura, a ponernos en apuros, a todo, tanto en el circuito TT como en el óvalo. Santa paciencia…

La actividad fue intensa desde primera hora del sábado, con tandas libres para coger sensaciones e indicaciones para trabajar diferentes aspectos. Empezamos rodando sin poder sacar la pierna. Seguimos dando vueltas yendo de pie y terminamos circulando con la mano izquierda en el depósito. Todos estos ejercicios tan específicos nos ayudaron a aumentar el feeling sobre la moto, a jugar con el cuerpo, a forzar la postura, a controlar la KLX con las piernas y a tener tacto y finura con el gas. Lo bueno de hacer el cursillo con las pequeñas KLX 140 es que son compactas, ligeras y mucho más dóciles que las 450 cc. Sientes que estás cerca del suelo, que la tienes por mano y que no vas a tener reacciones bruscas si no eres el más delicado del mundo abriendo gas. Todo ello te da confianza para seguir progresando, para apurar algo más a medida que pasan las vueltas y para intentar poner en práctica las indicaciones de los monitores.

Para acabar de asentar los conocimientos de la mañana, visualizamos los vídeos de las vueltas que los monitores grabaron rodando detrás de nosotros. Kenny, Gerard y Ferran analizaron los fallos que cometimos y nos dieron las claves para corregirlos. Enseguida volvimos al ruedo para empezar una divertida sesión de superpoles, otra manga en la que rodamos buscando adelantamientos constantemente con neumáticos de por medio, y una carrera final. Ya nos empezábamos a sentir como auténticos profesionales…

La cosa se pone seria en el Noyes Camp

Las agujetas nos despertaron el domingo por la mañana. Algunos lo hicieron más doloridos que otros y es que, en todo grupo que se precie, siempre tiene que haber un ‘bayeta’ que se lleve la pole en arrastrones… y esta vez no fue una excepción. Empezamos con un ritual de estiramientos para entrar en calor… y ¡al lío de nuevo! La pista estaba casi perfecta. Se notó que la trabajaron con mimo y esmero para tenerla en perfectas condiciones.  Diez minutillos rodando fueron suficientes para quitar la película más deslizante y… ¡canela fina!

Un par de sesiones libres para entrar en situación y más acción para el cuerpo en forma de superpoles y de uno de los momentos divertidos del fin de semana: el óvalo. Una cosa es ver a Gerard y a Ferran deslizar con total naturalidad y otra cosa es hacerlo uno mismo. Tienes que estar en sintonía con la moto, comprenderla, conocer sus reacciones, dejarle cierto margen de movimiento y tener mucho tacto. Y ese es el punto en que llegas a un entendimiento con ella y todo empieza a fluir. Hicimos el óvalo con más o menos fortuna, con más o menos control, con más o menos caídas. Pero todos coincidimos en que molaba muchísimo.

Mientras descansábamos entre prueba y prueba, los monitores nos deleitaron con derrapes y exhibiciones de pilotaje, incluso con la 450 cc con la que compiten. Y sin despeinarse. Se nota que ellos sí están en forma…
Tras los parones y las veinte mil vueltas en el óvalo, seguimos el procedimiento característico de esta modalidad. Disputamos las mangas eliminatorias hasta llegar a la final, donde lo dimos todo y algunos nos vinimos más arriba de la cuenta.Cogimos aire después de cruzar la bandera de cuadros imaginaria y terminamos haciendo giros cerradísimos alrededor de un cono. Pusimos primera, inclinamos la Kawa (más de lo que nos pedía el cuerpo) y empezamos a derrapar de detrás clavando la suela de hierro en el suelo como punto de apoyo.

Una vez terminada toda la actividad, pudimos rodar un rato más para acabar de aprovechar los últimos instantes del domingo recreándonos y aplicando lo aprendido. No queríamos parar. El fin de semana había sido demasiado guay como para quitarnos el traje de MX. Brutal el trabajo de la organización y de todos los que hacen posible el Noyes Camp. Gracias a Cristian, King Kenny, Iana, Heidi, Ferran y Gerard. Fue un verdadero lujo – y creo que puedo hablar en nombre de todos los que asistimos al cursillo. No se me ocurre mejor forma de pasar un fin de semana que derrapando con gente maravillosa. No se puede pedir más…

 

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