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Dejar las motos por sexismo, algo que no debería suceder nunca

Sucede en todos los ámbitos, muchas veces de manera velada; otras, de forma escandalosa y brutal, pero el sexismo sigue aún muy arraigado en nuestra sociedad, y el deporte es uno de ellos.

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Sharni Pinfold, como otros jóvenes en su momento, dejó su lejana Australia natal para ir a Europa y realizar su sueño: ser piloto de motos. Su padre, un amante de motociclismo le inculcó el amor por este deporte, aunque desgraciadamente falleció antes de que Sharni pudiera emprender su viaje, sin ningún tipo de ayuda, más que la de su voluntad.

La joven australiana eligió el Reino Unido para empezar a correr profesionalmente, compitiendo en el British de Moto 3 en las temporadas de 2018 y 2019. El año pasado lo intentó en el Mundial de SSP300, de la mano del Kawasaki SMRZ Racing. Pero este año, Sharni arrojó la toalla:

He sacrificado muchas cosas: mi felicidad, mi estilo de vida, mi familia, mi salud mental y mi salud física. Sentí que las carreras eran el único significado que podía darle a mi vida, así que lo viví como un pequeño precio a pagar en ese momento”, contó la piloto.

Falta de respeto

Los motivos de Pinfold no son únicamente los que se encuentra cualquier joven piloto que quiere abrirse camino. En su caso, su condición de mujer ha sido un agravante insalvable:

La mayoría de los problemas a los que me he enfrentado se han basado en la falta de respeto y trato despectivo hacia las mujeres, cosas que sé que nunca habría tenido que experimentar o a las que estar expuesta si hubiera sido un hombre. Ya no quiero seguir soportando este comportamiento, o que me traten de esta manera”, agregó.

“Me entristece profundamente ver los obstáculos de mi propio camino y reconocer que las mujeres dedican sus vidas a perseguir sus sueños, pero están siendo expuestas a esto y son tratadas de esta manera. Este ha sido el factor principal para decidir alejarme de esto”, explica con tristeza.

Sharni Pinfold termina agradeciendo la ayuda que le ha prestado mucha gente en su aventura y con un deseo:

“Mi deseo es que seamos conscientes de que nadie tiene derecho a indignarte o a hacerte sentir mal, y que debes rechazar todo aquello que no te parezca bien”.

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Aún nos queda camino por recorrer.

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