De Córdoba a Francia para vivir los Vespa Days 2016
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De Córdoba a Francia para vivir los Vespa Days 2016

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A demás en todo el mundo hay infinidad de concentraciones dedicadas a reunir gente de lo más variopinto relacionada con este invento del siglo pasado.

Y he tenido la oportunidad de comprobarlo en primera persona, al asistir a concentraciones de todo tipo, pero me faltaba una, la madre de todas las reuniones de frikis vespistas, la crème de la crème: los Vespa World Days, antes Eurovespa.

El Vespa Club de Córdoba tiene ya algunos Eurovespa a sus espaldas, 1999 Girona (España), 2004 Lisboa (Portugal), 2010 Fátima (Portugal) y 2013 Hasselt (Bélgica). Este año la fecha era en junio de 2016, cuatro días de diversión en Saint Tropez, una localidad turística de la Costa Azul francesa.

Los integrantes del grupo teníamos claro que queríamos ir sin ningún tipo de asistencia ni ayuda externa, rodando sobre nuestra Vespa, sin más apoyo que el nuestro propio, el de un equipo bien avenido.

El punto de partida lo fijamos en Córdoba, donde nos citamos Dani Pérez, IRIS 200, Huelva; Francisco M.G., PX 200 Disco, Estepa; Nando Gómez DN 200,Cabra; Juan Carlos Patiño, gran socio y vespista cordobés que con su Vespa GTS 300 solo nos pudo acompañar hasta Manzanares, y yo mismo, Meca, PX 200 Disco, Córdoba.

El lunes día 30 de mayo salimos puntuales a las 07.00 dirección Ibi, Alicante, a recoger a nuestro amigo Juan, T-5. Tenemos todo el día para llegar y decidimos pasar por Las Lagunas de Ruidera, donde nos espera Jesús Pineda, que nos acompaña por esta preciosa zona de Castilla-La Mancha. Los kilómetros pasan rápido, pues estamos frescos y llegamos pronto a nuestro destino.

Nuestro objetivo para la jornada siguiente es Perpignan, así que para ganar tiempo cogemos autovía. Cerca de Valencia la DN 200 da problemas de carburación. Desmontamos y nos damos cuenta de que lleva la cuba suelta. Cinco minutos y listos.

A medida que pasa el día vemos más complicado llegar a Francia, y por seguridad decidimos hacer noche en Segur de Calafell, así estaríamos menos cansados y tendríamos más tiempo para cruzar el Parque Natural de Garraf, donde, tras una foto en grupo, decidimos que cada uno iría a su aire, parando donde cada uno quisiera y nos reuniríamos en el siguiente pueblo.

Todos tenemos ganas de cruzar la frontera ya, pero estando por esos lares y conduciendo una Vespa decimos visitar Cadaqués, bonito pueblo de la costa, donde veraneaba Salvador Dalí.

Salimos de Cadaqués y ponemos rumbo a Portbou, pensando ya en llenar los bidones de gasolina, pues para colmo hay huelga de gasolineras en Francia. Pasamos la frontera de Coll dels Belitres en estado de abandono y nos despedimos de España hasta dentro de unos días.

Por tierras galas
 

Llegamos a Cebère a la hora del almuerzo y nos zampamos un entrecot al estilo galo que nos cargó la batería… Seguimos y el día se va acabando junto con nuestras fuerzas, pero quien sea decide ponernos a prueba enviándonos una tremenda tromba de agua que la llevaríamos encima de nosotros los últimos 50 kilómetros.

Empapados llegamos a Le Soler, una población de Perpignan donde Eric, componente del Team T-5 Perpignan y gran amigo nuestro y mejor persona, nos obliga literalmente a pasar la noche en su casa, donde degustamos una exquisita cena que nos supo a gloría. Gracias, Eric, a ti y a tu familia.

Eric es un gran aficionado a las Vespa y experto en preparar motores para competición. En su casa aprovechamos para reparar algunos desperfectos como ajuste de cables y lámparas, revisión de niveles, relleno de aceite en el depósito…  Asuntos mínimos teniendo en cuenta que habíamos sumado al marcador más de mil kilómetros.

Con el amanecer, somos conscientes de que el gran día ha llegado. Hoy alcanzaremos Saint Tropez. Nos separan algo más de 500 km. Salimos de Perpignan a todo lo que dan las Vespa y hacemos unos 100 km de carretera nacional, muy entretenido, pero muy lento. Por tanto, decidimos metemos en la autopista de peaje. Ahí sí que íbamos bien y sacábamos buena media, pero tenía un precio, y era el aburrimiento y la monotonía que conlleva el viajar por autopistas.

La casualidad quiso que en un área de servicio nos encontráramos con tres vespistas amigos nuestros. Antonio Iglesias, su mujer Herminia y el Sr. Canito. Qué alegría nos dio. Tras los saludos debíamos de reanudar el viaje…

El día avanzaba muy rápido, no íbamos para nada cansados, todo lo contrario. Cada vez más ganas de rodar y de llegar. Cuando solo nos quedan unos 200 km ya se empieza a ver el ambiente vespista. Vespa de Italia, Portugal, Alemania, Bélgica, Holanda y sobre todo Francia. También nos adelanta un remolque con Álex, de Jaén, y su gente. A la salida de un peaje coincidimos con socios del Vespa Club de Almería, que se echan las manos en la cabeza al ver que veníamos rodando desde Andalucía.

Casi sin darnos cuenta, estábamos buscando el punto de entrada en el Vespa Village para formalizar las inscripciones y que nos colocaran la pulserita. Me llamó mucho la atención el sistema de inscripción, te ponen en la Vespa un número codificado, y en la pulsera el mismo número. Para entrar bastaba solo con mostrar la pulsera, pero para salir, además de enseñar la pulsera, siempre comprobaban que coincidiera el número de ambos, para evitar que nadie pudiera salir con tu moto.

Turismo de alto nivel
 

Tras desayunar nos fuimos a visitar los alrededores y ya empezamos a encontrarnos con todos los amigos que se alojaban en el mismo sitio. José Luis Hernández y Tomás Riola llegaron hasta el museo Piaggio en Pontedera. Álex, Pere, Kako y su gente vinieron desde las Islas Canarias, con sus Vespa en un contenedor hasta Lérida y desde allí rodando hasta el Vespa Village.

Por la tarde, paseíto hasta el puerto de Saint Tropez. Qué nivel de vida llevan allí. Yates, automóviles y tiendas de lujo y glamour por todas las esquinas. Nos acercamos a un museo Piaggio que montaron de forma temporal mientras se celebraba el evento y pudimos ver varios modelos de todas las épocas perfectamente conservados.

Al día siguiente nos levantamos con ganas de viajar y desde hacía algún tiempo atrás les había propuesto a mis compañeros que una vez allí, deberíamos aprovechar y bordear toda la Costa Azul. Recomendable totalmente. Siempre rodando pegados al mar y atravesando localidades como Cannes, Niza y Montecarlo. Ya de regreso, entramos en Mónaco, donde Tomás Riola sacó un surtido de productos ibéricos que nos supieron a gloria.

Después pudimos comprobar que todavía estaban desmontando todo el circo del Gran Premio de Fórmula 1. El éxtasis es total y pudimos hacer todo el circuito de Mónaco con nuestras “pequeñas Fórmula 1”, pasando por sitios tan emblemáticos como la curva de la Rasscase o el túnel sin dejarnos atrás la recta de tribunas, donde todos pusimos las Vespa en la pole position sin nada que envidiarle a los coches de carreras de Gran Premio y a todos los superdeportivos que pululaban por allí. Todo el mundo nos miraba estupefactos y con cara de asombro. Desde luego, dimos casi más espectáculo que cualquier deportivo…

Aunque el retorno al Vespa Village fue algo tenso, porque la meteorología decidió ponernos a prueba una vez más, esta vez entre tráfico pesado, por suerte no hubo incidentes y pudimos estar a tiempo para degustar la cena compuesta por salmón y, de segundo, pato. Poca cosa. Incluso ni cerveza. Con razón les gusta tanto a nuestros vecinos europeos cuando vienen de vacaciones a España a por el pescaíto y la paella, “todo mucho bueno”.

Regreso a casa
 

Nos toca emprender el viaje de retorno, que hicimos por una ruta distinta a la de ida. Todo iba rodado, hasta que por desgracia, lo que nadie quería. La primera avería “gorda”. La DN 200 de Nando, sin motivo aparente, bloquea la rueda trasera. Suerte que íbamos por una carretera comarcal de curvas cerradas y pudo controlar la moto.

Tras el susto, desmontamos cófano, retiramos bujía, y nos dimos cuenta de que al intentar hacer girar el motor, estaba gripado. Fin del viaje para la DN que, dicho sea de paso, se ha recorrido media Europa en varios viajes. Como no podemos hacer nada productivo, nos despedimos y seguimos camino.

Vamos sacando una media de 180 km por depósito, siempre repostando gasolina de 98, pues nuestro amigo Eric nos dijo que no pusiéramos de 95 que en Francia llevan un porcentaje de etanol y no les sienta muy bien a nuestras Vespillas, que ya llevan 3.000 km encima sin quejarse en ningún momento.

Al día siguiente, aunque el cansancio ya se iba notando, hicimos una jornada de 700 km (Olot-Albacete) en 11 horas, con las correspondientes paradas para repostar y almorzar.

A la mañana siguiente volvemos a cargar la Vespa un día más, el último de nuestra megaaventura, y después de despedirnos de Juanote, gran vespista y mejor compañero de viaje, ponemos rumbo a Córdoba. Al atravesar un pueblo vemos un comercio de comestibles con un cartel que dice: “El mejor embutido, queso y jamón manchego”. Tuvimos que parar para verificarlo. Y damos fe de que no miente. Hicimos unas compras de dichos manjares, que cargamos casi a presión haciendo sitio en las Vespa, que iban hasta arriba.

Poco nos separa ya de Córdoba, y en unos minutos cruzamos el Guadalquivir. Es hora de comer y aviso a nuestros socios y amigos del Vespa Club. Compartimos mesa con Ángel Díaz, Modesto Berná, Joaquín Garrido y Fede. Tras almorzar, Dani y Francisco hacen el último esfuerzo para llegar a Sevilla y Estepa, respectivamente.

Han sido 4.000 km en nueve días y lo hemos pasado en grande. Personalmente me quedo con la preparación del viaje, la ida y la vuelta. El evento bien. Pero, como digo, me quedo con la rodada…

Os aconsejo que si tenéis oportunidad de realizar un viaje de este estilo sobre vuestro scooter, no lo dudéis, porque como dice mi amigo Jesús M.F., de Lebrija, “hacer esto no es una locura; la locura es no hacerlo”.

¡Nos vemos en la carretera!

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