Connect with us
Publicidad

Rutas

De Córdoba a Francia para vivir los Vespa Days 2016

Publicado

el

A demás en todo el mundo hay infinidad de concentraciones dedicadas a reunir gente de lo más variopinto relacionada con este invento del siglo pasado.

Y he tenido la oportunidad de comprobarlo en primera persona, al asistir a concentraciones de todo tipo, pero me faltaba una, la madre de todas las reuniones de frikis vespistas, la crème de la crème: los Vespa World Days, antes Eurovespa.

El Vespa Club de Córdoba tiene ya algunos Eurovespa a sus espaldas, 1999 Girona (España), 2004 Lisboa (Portugal), 2010 Fátima (Portugal) y 2013 Hasselt (Bélgica). Este año la fecha era en junio de 2016, cuatro días de diversión en Saint Tropez, una localidad turística de la Costa Azul francesa.

Los integrantes del grupo teníamos claro que queríamos ir sin ningún tipo de asistencia ni ayuda externa, rodando sobre nuestra Vespa, sin más apoyo que el nuestro propio, el de un equipo bien avenido.

El punto de partida lo fijamos en Córdoba, donde nos citamos Dani Pérez, IRIS 200, Huelva; Francisco M.G., PX 200 Disco, Estepa; Nando Gómez DN 200,Cabra; Juan Carlos Patiño, gran socio y vespista cordobés que con su Vespa GTS 300 solo nos pudo acompañar hasta Manzanares, y yo mismo, Meca, PX 200 Disco, Córdoba.

El lunes día 30 de mayo salimos puntuales a las 07.00 dirección Ibi, Alicante, a recoger a nuestro amigo Juan, T-5. Tenemos todo el día para llegar y decidimos pasar por Las Lagunas de Ruidera, donde nos espera Jesús Pineda, que nos acompaña por esta preciosa zona de Castilla-La Mancha. Los kilómetros pasan rápido, pues estamos frescos y llegamos pronto a nuestro destino.

Nuestro objetivo para la jornada siguiente es Perpignan, así que para ganar tiempo cogemos autovía. Cerca de Valencia la DN 200 da problemas de carburación. Desmontamos y nos damos cuenta de que lleva la cuba suelta. Cinco minutos y listos.

A medida que pasa el día vemos más complicado llegar a Francia, y por seguridad decidimos hacer noche en Segur de Calafell, así estaríamos menos cansados y tendríamos más tiempo para cruzar el Parque Natural de Garraf, donde, tras una foto en grupo, decidimos que cada uno iría a su aire, parando donde cada uno quisiera y nos reuniríamos en el siguiente pueblo.

Todos tenemos ganas de cruzar la frontera ya, pero estando por esos lares y conduciendo una Vespa decimos visitar Cadaqués, bonito pueblo de la costa, donde veraneaba Salvador Dalí.

Salimos de Cadaqués y ponemos rumbo a Portbou, pensando ya en llenar los bidones de gasolina, pues para colmo hay huelga de gasolineras en Francia. Pasamos la frontera de Coll dels Belitres en estado de abandono y nos despedimos de España hasta dentro de unos días.

Por tierras galas
 

Llegamos a Cebère a la hora del almuerzo y nos zampamos un entrecot al estilo galo que nos cargó la batería… Seguimos y el día se va acabando junto con nuestras fuerzas, pero quien sea decide ponernos a prueba enviándonos una tremenda tromba de agua que la llevaríamos encima de nosotros los últimos 50 kilómetros.

Empapados llegamos a Le Soler, una población de Perpignan donde Eric, componente del Team T-5 Perpignan y gran amigo nuestro y mejor persona, nos obliga literalmente a pasar la noche en su casa, donde degustamos una exquisita cena que nos supo a gloría. Gracias, Eric, a ti y a tu familia.

Eric es un gran aficionado a las Vespa y experto en preparar motores para competición. En su casa aprovechamos para reparar algunos desperfectos como ajuste de cables y lámparas, revisión de niveles, relleno de aceite en el depósito…  Asuntos mínimos teniendo en cuenta que habíamos sumado al marcador más de mil kilómetros.

Con el amanecer, somos conscientes de que el gran día ha llegado. Hoy alcanzaremos Saint Tropez. Nos separan algo más de 500 km. Salimos de Perpignan a todo lo que dan las Vespa y hacemos unos 100 km de carretera nacional, muy entretenido, pero muy lento. Por tanto, decidimos metemos en la autopista de peaje. Ahí sí que íbamos bien y sacábamos buena media, pero tenía un precio, y era el aburrimiento y la monotonía que conlleva el viajar por autopistas.

La casualidad quiso que en un área de servicio nos encontráramos con tres vespistas amigos nuestros. Antonio Iglesias, su mujer Herminia y el Sr. Canito. Qué alegría nos dio. Tras los saludos debíamos de reanudar el viaje…

El día avanzaba muy rápido, no íbamos para nada cansados, todo lo contrario. Cada vez más ganas de rodar y de llegar. Cuando solo nos quedan unos 200 km ya se empieza a ver el ambiente vespista. Vespa de Italia, Portugal, Alemania, Bélgica, Holanda y sobre todo Francia. También nos adelanta un remolque con Álex, de Jaén, y su gente. A la salida de un peaje coincidimos con socios del Vespa Club de Almería, que se echan las manos en la cabeza al ver que veníamos rodando desde Andalucía.

Casi sin darnos cuenta, estábamos buscando el punto de entrada en el Vespa Village para formalizar las inscripciones y que nos colocaran la pulserita. Me llamó mucho la atención el sistema de inscripción, te ponen en la Vespa un número codificado, y en la pulsera el mismo número. Para entrar bastaba solo con mostrar la pulsera, pero para salir, además de enseñar la pulsera, siempre comprobaban que coincidiera el número de ambos, para evitar que nadie pudiera salir con tu moto.

Turismo de alto nivel
 

Tras desayunar nos fuimos a visitar los alrededores y ya empezamos a encontrarnos con todos los amigos que se alojaban en el mismo sitio. José Luis Hernández y Tomás Riola llegaron hasta el museo Piaggio en Pontedera. Álex, Pere, Kako y su gente vinieron desde las Islas Canarias, con sus Vespa en un contenedor hasta Lérida y desde allí rodando hasta el Vespa Village.

Por la tarde, paseíto hasta el puerto de Saint Tropez. Qué nivel de vida llevan allí. Yates, automóviles y tiendas de lujo y glamour por todas las esquinas. Nos acercamos a un museo Piaggio que montaron de forma temporal mientras se celebraba el evento y pudimos ver varios modelos de todas las épocas perfectamente conservados.

Al día siguiente nos levantamos con ganas de viajar y desde hacía algún tiempo atrás les había propuesto a mis compañeros que una vez allí, deberíamos aprovechar y bordear toda la Costa Azul. Recomendable totalmente. Siempre rodando pegados al mar y atravesando localidades como Cannes, Niza y Montecarlo. Ya de regreso, entramos en Mónaco, donde Tomás Riola sacó un surtido de productos ibéricos que nos supieron a gloria.

Después pudimos comprobar que todavía estaban desmontando todo el circo del Gran Premio de Fórmula 1. El éxtasis es total y pudimos hacer todo el circuito de Mónaco con nuestras “pequeñas Fórmula 1”, pasando por sitios tan emblemáticos como la curva de la Rasscase o el túnel sin dejarnos atrás la recta de tribunas, donde todos pusimos las Vespa en la pole position sin nada que envidiarle a los coches de carreras de Gran Premio y a todos los superdeportivos que pululaban por allí. Todo el mundo nos miraba estupefactos y con cara de asombro. Desde luego, dimos casi más espectáculo que cualquier deportivo…

Aunque el retorno al Vespa Village fue algo tenso, porque la meteorología decidió ponernos a prueba una vez más, esta vez entre tráfico pesado, por suerte no hubo incidentes y pudimos estar a tiempo para degustar la cena compuesta por salmón y, de segundo, pato. Poca cosa. Incluso ni cerveza. Con razón les gusta tanto a nuestros vecinos europeos cuando vienen de vacaciones a España a por el pescaíto y la paella, “todo mucho bueno”.

Regreso a casa
 

Nos toca emprender el viaje de retorno, que hicimos por una ruta distinta a la de ida. Todo iba rodado, hasta que por desgracia, lo que nadie quería. La primera avería “gorda”. La DN 200 de Nando, sin motivo aparente, bloquea la rueda trasera. Suerte que íbamos por una carretera comarcal de curvas cerradas y pudo controlar la moto.

Tras el susto, desmontamos cófano, retiramos bujía, y nos dimos cuenta de que al intentar hacer girar el motor, estaba gripado. Fin del viaje para la DN que, dicho sea de paso, se ha recorrido media Europa en varios viajes. Como no podemos hacer nada productivo, nos despedimos y seguimos camino.

Vamos sacando una media de 180 km por depósito, siempre repostando gasolina de 98, pues nuestro amigo Eric nos dijo que no pusiéramos de 95 que en Francia llevan un porcentaje de etanol y no les sienta muy bien a nuestras Vespillas, que ya llevan 3.000 km encima sin quejarse en ningún momento.

Al día siguiente, aunque el cansancio ya se iba notando, hicimos una jornada de 700 km (Olot-Albacete) en 11 horas, con las correspondientes paradas para repostar y almorzar.

A la mañana siguiente volvemos a cargar la Vespa un día más, el último de nuestra megaaventura, y después de despedirnos de Juanote, gran vespista y mejor compañero de viaje, ponemos rumbo a Córdoba. Al atravesar un pueblo vemos un comercio de comestibles con un cartel que dice: “El mejor embutido, queso y jamón manchego”. Tuvimos que parar para verificarlo. Y damos fe de que no miente. Hicimos unas compras de dichos manjares, que cargamos casi a presión haciendo sitio en las Vespa, que iban hasta arriba.

Poco nos separa ya de Córdoba, y en unos minutos cruzamos el Guadalquivir. Es hora de comer y aviso a nuestros socios y amigos del Vespa Club. Compartimos mesa con Ángel Díaz, Modesto Berná, Joaquín Garrido y Fede. Tras almorzar, Dani y Francisco hacen el último esfuerzo para llegar a Sevilla y Estepa, respectivamente.

Han sido 4.000 km en nueve días y lo hemos pasado en grande. Personalmente me quedo con la preparación del viaje, la ida y la vuelta. El evento bien. Pero, como digo, me quedo con la rodada…

Os aconsejo que si tenéis oportunidad de realizar un viaje de este estilo sobre vuestro scooter, no lo dudéis, porque como dice mi amigo Jesús M.F., de Lebrija, “hacer esto no es una locura; la locura es no hacerlo”.

¡Nos vemos en la carretera!

Seguir leyendo
Haz clic aquí para comentar

Publica un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Rutas

Himalayan Challenge: La cordillera más extrema

Publicado

el

Himalayan Challenge

Nada más pisar India nos dimos cuenta de que es un país complicado, con una pobreza y suciedad palpable en todos los rincones, y eso que nosotros lo hicimos en Chandigarh, una ciudad de poco más de un millón de habitantes en el Punjab, pero aun así es agobiante, caótica, y con un alto grado de contaminación que se extiende por todo el norte del país.

Queríamos salir de la rutina, conocer la realidad, y lo hicimos a lo bestia, nada más subirnos en las Himalayan. Eran las 6 de la tarde de nuestro segundo día en un país que te advierten que es difícil para conducir y que ni se te ocurra hacerlo de noche, pero decidimos salir hacia Shimla porque eran “solo” 120 km de una carretera, en teoría, buena. Nunca te creas lo que te dicen y el concepto de “buena” es muy relativo.

A los 30 km, la carretera nos la encontramos cortada “a medias”, lo que quiere decir que está hecha un asco por un derrumbamiento, pero la gente pasa sin más porque no hay ningún control que lo impida. Nos hicimos unos 90 km de carretera sin asfalto en más de la mitad y cuando había era roto o en muy mal estado. Encima se puso a llover, se hizo la noche, un barrizal, congestionada, y teníamos que conducir por la izquierda con vehículos de frente con las luces largas. Fruto de dicho caos, Edu se encontró de frente con un camión e instintivamente se fue a la derecha, mientras el atónito conductor demostró la pericia e improvisación de los conductores indios y evitó la tragedia. Pasamos por momentos de mucho estrés, en los que no veíamos nada y, como llegamos a las 22 horas a Shimla, estaba todo cerrado y no encontramos nada para comer, ni para dormir. Por fin dimos con un cuchitril a las afueras habitado por tres tíos que nos colocaron unos camastros en el comedor, por llamarlo así. Primera noche de India en su pureza.

De Shimla a Sarahan

La ruta para ir a Spiti Valley parte de Shimla y el primer día lo normal es dormir en Sharahan, para ello se toma la ruta 5, que como todas la carreteras principales en el noroeste de India están siempre congestionadas por un tráfico que hace difícil disfrutar de un viaje en moto, por ello resulta gratificante desviarse por lugares de los que no hay información, porque ni el turismo ni los habitantes de la zona se adentran en ellos, solo pertenece a las rudas gentes de las montañas. Hay que aventurarse por pistas en las que no hay letreros de ningún tipo, tan solo de vez en cuando un indicador con el nombre de un pueblo. Preguntar a los lugareños es la mejor manera de ir haciendo camino, perderse lo normal, pero siempre encuentras alguna salida.

En Narkand decidimos internarnos en las montañas por unas pistas construidas hace poco para unir aldeas aisladas, que después de varias horas de enduro nos llevaron de nuevo al asfalto en Duttnagard. Unos kilómetros de asfalto y en Rampur de nuevo por pistas hasta Sarahan. Nos llevó todo el día, cuando por carretera son unos 130 km en cuatro horas, pero es una aventura absolutamente recomendable, con la precaución del depósito lleno.

Spity Valley

El antiguo reino tibetano de Spiti conserva la pureza del budismo, ya que India no ha destruido la cultura y sigue intacto el territorio. Es un valle en altitudes por encima de los 3.500 m y está rodeado por impresionantes montañas de más de 6.000 m. Solo tiene dos entradas, una en el este de 4.000 m que pasa por el pueblo de Nako y otra por el oeste que es mucho más larga y peligrosa, ya que hay que franquear los puertos de Kunzum y Rohtang, que significa “montón de muertos” en tibetano, debido a la cantidad de gente que ha perdido la vida tratando de cruzarlo; en moto se tarda unas diez horas en superarlo.

Los accesos a Spiti están cerrados en invierno, ya que desde noviembre hasta junio la nieve lo impide. Si se pretende ir en los meses de verano, hay que tener en cuenta los atascos que se producen, ya que hay larguísimas filas de camiones que llevan suministro después del largo invierno y que hay un nú- mero limitado de entrada de vehículos. Nosotros fuimos en el mes de octubre, algo totalmente recomendable, ya que no hay tránsito y es una pasada poder exprimir la Himalayan por unos parajes de extraordinaria belleza con impresionantes vistas a glaciares y picos, a la vez que precaución por la estrechez de las pistas, los barrancos, las bajas temperaturas y la dificultad del terreno.

En Spiti no hay que limitarse a la carretera principal que une las dos entradas, lo mejor es hacer centro de operaciones en Kaza, el único lugar donde repostar, y de allí fuimos al más desconocido Pin Valley, una ruta de ida y vuelta espectacular hasta el remoto poblado de Mud. Al día siguiente hicimos una ruta circular que pasa por el monasterio de Key y los poblados de Kiber (a 4.300 msnm) y Komic, que con sus 4.587 m de altitud es el asentamiento humano situado más elevado del planeta. Este día nos encontramos con los participantes del Raid del Himalaya, que este año ganó Suresh Rana a bordo de un Suzuki Grand Vitara y no pudimos reprimirnos de seguirlos un rato “a saco”. Fueron cinco días de experiencias inolvidables sobre una moto.

Los peligros de Sach Pass

En la lista de carreteras peligrosas, una candidata al primer puesto es Sach Pass, un puerto de montaña que une el valle de Chamba con el valle de Pangi, que solo está abierto tres meses, ya que abre hacia finales de junio y cierra en la primera semana de octubre. Como llegamos la tercera semana de octubre, nos aconsejaron no ir, porque siempre hay una gran posibilidad de que se cierre en cualquier momento debido a la lluvia, los deslizamientos de tierra o la nieve, que puede caer desde finales de septiembre. Nos comentaron que si emprendíamos la marcha, estaríamos en “modo temerario” , ya que todas las Dhaba-walas (asistencias) se habrán ido. Si tienes una avería o te bloquea la nieve, nadie te va a ayudar y la temperatura por la noche caerá a un frío glacial.

Salimos muy temprano con un cielo despejado, conscientes de que podía empeorar en cualquier momento, pero el placer de circular en soledad por estas inmensas montañas supera con creces el temor a lo desconocido. Tardamos seis horas en cubrir los 160 km hasta Killar, una dura prueba para superar los 4.420 m del Sach Pass por una pista en muy mal estado, con una bajada con mucha pendiente, enormes piedras y un amenazador precipicio. Si tienes la suerte de que esté abierto, la circulación en esta época es nula y la sensación de aventura es inmensa, aunque hay que ser consciente de que se asume un gran riesgo.

El cañón del Chenab

Desde Killar hay una aislada vía que comunica el Himalchal Pradesh con el Kashmir. Hay otras rutas para ir a Jammu y Cachemira y nadie va por la terrorífica pista que sigue el cañón del río Chenab durante 120 km. Es un camino tallado en el lado de un acantilado, angosto, ventoso, sin protección y con vistas al valle en una caída vertical de cientos de metros. Nos encontramos rocas colgando, otras obstruyendo el paso, cascadas de agua y hasta un tajo en el camino que provocó la caída de Carlos Rubio; la rueda delantera quedó a escasos centímetros de un altísimo precipicio. Es un terreno peligroso y difícil, lo que significa que el área está aislada del turismo y tan solo la usan algunos escaladores, que la han apodado Almost Killer Road, para ir al campo base de Kishtwar Kailash, una montaña de 6.451 m. No encontramos ni un solo vehículo en los primeros 80 km y los habitantes de las montañas nos miraban con curiosidad.

El verano de 2016 se intensificó la tensión bélica entre India y Pakistán por el control del agua del río Indo, ya que India quiere construir una presa que disminuiría el caudal de la principal arteria hídrica de Pakistán, y esto llevó a la prohibición a los turistas de visitar el Kashmir. Y nosotros llegamos a un control militar en Kishtwar por el cañón del Chenab, un acceso ¡que no usa nadie! Encañonados nos obligaron a llevar las motos al interior del cuartel. Esta vez sí que teníamos miedo, hasta que nos recibió el coronel con mucha amabilidad y nos explicó que estábamos en una zona en guerra y que en Kishtwar había terroristas, por lo que un turista era presa codiciada y que debíamos abandonar la zona. Era tarde y buscamos un hotel en Kishtwar con bastante recelo, aunque por la noche salimos a cenar y encontramos gente muy amable y buena comida.

A salir de Kisthwar

Lo del terrorismo no era broma y nos lo confirmaron los del hotel, por lo que a las 7 de la mañana estábamos dispuestos a salir. ¡Pero la Himalayan negra no arranca! ¿Qué pasa? Visitamos hasta tres mecánicos arrastrando la moto con una cuerda entre la caótica circulación y durante cinco horas no hubo manera de saber qué pasaba.

Estábamos pasando mucha tensión, cargados de nervios y rodeados de gente cuando eran ya las dos de la tarde. Mientras esperábamos una pick-up para cargar la moto, un mecánico descubrió la avería: ¡había gasoil en el depósito! No podíamos creer que el gasolinero pusiera a dos motos gasolina y a la tercera gasoil. Por fin a las 4 de la tarde salimos de una ciudad de 200.000 habitantes aislada del turismo en una remota zona de Cachemira, pero que nosotros la recordaremos toda la vida.

Punjab y Rajasthan

Dejar las desiertas, limpias y frías montañas de aquella zona del Himalaya y llegar a las calurosas, polucionadas, sucias y congestionadas planicies del Punjab es un impacto emocional que te hace instantáneamente odiar aquel sitio, pero todo se pasa cuando llegas a Amritsar y visitas el famoso Templo Dorado de los Sikh, una magnífica obra por su valor religioso, artístico y cultural, inundado de gente amable vestida con llamativos colores y los famosos turbantes.

Rumbo a las ciudades más visitadas del Rajasthan nos integramos rápidamente en la forma de conducir de los indios. No hay normas, impera la ley de la selva, donde caben dos, caben tres y las vacas tienen preferencia. Para alguien como nosotros que nos gusta la agilidad de la moto y esquivar a los policías, esto es una maravilla, además hay que decir que saben conducir muy bien; eso sí, el mas grande tiene preferencia.

Vale la pena perderse en los salares que hay por la zona. Entras gas a fondo en línea recta, derrapando en círculos, lo que quieras, como esquiar en moto, genial. También visitar Jaisalmer, donde hicimos unos pinitos por la arena en el desierto de Thar. El mayor placer en Rajasthan fue disfrutar de la fascinante arquitectura en las principales ciudades, los palacios ancestrales de riquísimos marajás convertidos en modernos alojamientos, a los que no accedimos por la “pasta” y porque preferimos los hoteles más modestos en el meollo de la ciudad, donde pudimos recorrer esos mercados repletos de gente, tenderetes, comida callejera y monumentales atascos que le dan al viaje una dimensión aventurera.

Delhi, Agra y el Taj Mahal

Delhi es probablemente una de las ciudades más congestionadas y polucionadas del planeta. Conducir aquí es tentar al peligro cada segundo, hay que estar atento al 100 %, ninguna distracción y lo mejor es contratar a un tuc tuc para que te guíe al centro y comprender lo que significa vivir aquí, donde se encuentran lo más lujoso y lo paupérrimo.

Para ir a Agra decidimos ir por la carretera que atraviesa Faridabad, que es una enorme ciudad industrial unida al extremo de Delhi, donde vivimos el mayor atasco que hemos visto jamás, debido a las continuas obras que obligaban a desviarnos y pasar entre los infinitos tenderetes de los abigarrados suburbios.

Después de 100 agotadores kilómetros y ya cerrada noche paramos a descansar en Palwal. Pero de descanso nada, porque acabamos en una animada boda a la que nos autoinvitamos. Agra y su Taj Mahal es una maravilla, pero para salir de lo normal, nos fuimos a la ribera opuesta del río para hacer unas fotos con las motos y la silueta del monumento al fondo. Todo prohibido, pero decidimos “sobornar” a un policía con la ayuda de un chaval al que se unieron dos personajes más al olor del dinero y nos llevaron a una explanada donde hacer unas fotos que con la contaminación no se veía prácticamente nada. Habíamos quedado con el chaval en una cantidad que se multiplicó por diez al llegar allí y el asunto se puso muy feo cuando dijimos que nos íbamos. Salimos gas a fondo y más que asustados. Como extraño colofón a la aventura, cubrimos así los 230 km de vuelta a Delhi… ¡por la autopista!

Texto: Edu Cots / Carles Humet / Carlos Vives

Seguir leyendo

Rutas

Mesa redonda de la Comisión Femenina en Vive la Moto

Publicado

el

Comisión Femenina en Vive la Moto

El pasado domingo por la mañana tuvo lugar una mesa redonda organizada por la Comisión Femenina de Motociclismo en el contexto del salón Vive la Moto, en Madrid. Se trató el tema de la mujer y la moto, sobre todo los obstáculos que se encuentran en todas las modalidades relacionadas con las dos ruedas, ya sea en competición, a la hora de comprar una moto o como motoviajeras, entre otros. Este último caso se trató en profundidad con la presencia de Elsi Rider, una de las ponentes, reportera y motoviajera procedente de Asturias y especializada en largas travesías, además de Gabi Rodríguez, también motoviajera más centrada en la organización de eventos de mototurismo.

Paula Arévalo, representante de la Comisión Femenina, se encargó de la moderación de las ponencias, en las que se habló, entre otras cuestiones, de los comienzos en moto de cada una, algunas a más temprana edad y otras de más mayores. La charla siguió con las principales anécdotas y experiencias con las que han tenido que luchar, como la falta de credibilidad, la falta de confianza hacia ellas por llevar una moto grande, reproches varios, o un caso que llamó la atención. Elsi Rider describió cómo todavía son mal vistas a la hora de comprar una moto y los impedimentos que ponen los concesionarios para dejar probar algunos modelos.

Más tarde dio comienzo otro bloque en el que se abordó la cuestión de los medios y recursos necesarios para seguir adelante y se animó a todas las chicas a tener moto, intentando empezar de menor a mayor tamaño y cilindrada. Y, cómo no, para el mundo de la competición, para lo que pueden contar con el apoyo de la Comisión Femenina. Se abordó, además, el asunto del patrocinio, que es otra de las grandes barreras para las mujeres, aunque tengan las mismas cualidades que un hombre. Y, para terminar, el equipamiento, materia en la que todavía queda mucho por mejorar por las dificultades que encuentran las féminas a la hora de encontrar equipamiento a medida en las tiendas. En definitiva, una interesante charla para intentar concienciar a la sociedad para que tanto hombres como mujeres dispongan de las mismas condiciones en el mundo de la moto.

 

Seguir leyendo

Rutas

Brutal exhibición de Emilio Zamora en Vive La Moto

Publicado

el

Exhibició stunt Emilio Zamora

Dentro del amplio programa de actividades del gran evento del motor Vive La Moto, en Madrid, no faltó una buena exhibición de stunt del gran maestro de la modalidad en España, Emilio Zamora. El conquense instaló su carpa en el exterior del recinto ferial de Ifema, donde expuso las máquinas con las que protagonizó el espectáculo: una minimoto, un quad, una Ducati Monster y la nueva y majestuosa Ducati V4 Panigale.

La demostración estuvo conducida por un speaker que se encargó de animar al público. Como de costumbre, Zamora salió a darlo todo y nos deleitó a base de caballitos e invertidos, incluido el ‘del amor’. Para este en concreto, dos chicas del público se ofrecieron voluntarias para que Emilio se acercara a ellas haciendo un invertido acabado en beso. Tampoco faltó el famoso salto desde la rampa con público debajo, sobre el que voló mientras permanecían en el suelo tumbados.

A continuación, llegó el momento de coger el quad, al que terminó sacando las ruedas delanteras para dar más emoción a los caballitos. Siguió con una serie de acrobacias a mandos de la minimoto y, de postre, llegó el plato fuerte. Nos asombró a todos con la nueva y esplendorosa Ducati V4 Panigale, que nos dejó boquiabiertos con el sonido del motor y con la acción que vino justo después. Dio vueltas con ella alrededor de un círculo de fuego, quemó rueda provocando una humareda espectacular y terminó con una traca pirotécnica final en la que las llantas quedaron iluminadas con fuego.

Se apagaron los motores y llegó el turno de los autógrafos y de las fotos con el numeroso público asistente. Emilio se supo meter al público en el bolsillo con su sencillez, su amabilidad y, por supuesto, con los grandes dotes en moto. No dejéis de visitar su web y redes sociales, y no os perdáis los diferentes eventos moteros en los que participará.

 

Seguir leyendo
Publicidad
Publicidad

Facebook

Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad

Solo Moto Nº: 2.025

Suscripción en papel: https://www.quierounarevista.com/solomoto Descargar la revista o suscripción digital en: zinio · kioscoymas

Los + leídos

Copyright © 2018 Solomoto.es. · Aviso legal · Grupo Alesport