De Camboya a Australia: Nuestra vida es la aventura
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De Camboya a Australia: Nuestra vida es la aventura

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Nuestro siguiente episodio para Solo Moto recorre una etapa que va desde Camboya hasta el corazón de Australia, donde esa roca gigante que se llama Uluru tiene un valor especial para nosotros. Podría significar el país más lejano que visitaremos en esta vuelta al mundo o que ya llegamos al ecuador de esta y que ahora hay que volver a casa por el otro lado del planeta. Dos años de preparación y uno y medio de viaje para llegar aquí, así que lo primero que hacemos es recoger un puñado de esa arena naranja que identifica estos desiertos para llevarnos con nosotros y que nos recuerde en otro momento de la vida que una vez tuvimos un sueño que pudimos hacer realidad.

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Pero antes de apuntar a Oceanía como un nuevo continente en nuestra lista, había que embarcar nuestra moto por innumerables ferrys que empezarían por Malasia, un país que mezcla Oriente con Occidente y que fue muy cómodo cruzar, algo parecido a estar de vacaciones, quizás un pequeño bálsamo para lo que se venía, Indonesia, donde un cóctel de islas que pudiera parecer pequeño en los mapas tiene una geografía que te hará eterno atravesarlo. Atravesar las selvas y montañas de Sumatra, sufrir el tráfico y los volcanes de Java, el desconcierto de Bali o las rutas intransitables de Flores, que a punto estuvieron de dejarnos sin moto, son toda una aventura. Y para la guinda final, todo un desconocido, Timor del Este, un nuevo país que hasta hace poco no sabíamos que existía. Desde aquí pegamos un último salto hasta Darwin, nuestra puerta de entrada a Australia.

No es fácil

Ahora saltábamos de un continente con una serie de pequeños países superpoblados con infinidad de rutas para elegir a un continente con un gigantesco país con solo tres opciones para atravesarlo.

Cuando llegamos a Australia, sabíamos que muchas cosas iban a cambiar. La locura del último año y medio por Asia se quedó en el barco carguero que atracó en el puerto de Darwin. De allí solo salió una impecable y reluciente moto. Pero el amor por las reglas de este país (que desde mucho antes de pisarlo ya nos obligó a obedecerlas con el largo proceso para la visa de Ivana y la minuciosa limpieza de la moto), no era lo único que contrastaba con el caos que rige en los países que dejábamos atrás.

Y es que entrar no fue tan fácil, primero por el largo y costoso proceso de visa para Ivana, mi compañera, que estuvo a punto de ser denegada porque nuestro estilo de vida durante los últimos diez años no encaja con los gustos de unos cónsules de mente cuadrada… Y segundo porque la naturaleza extraña de este país propia de otro planeta, con paisajes donde los árboles son de goma y una fauna que parece ser el fruto de experimentos de laboratorio, es protegida al extremo y nos obligó a limpiar durante tres días nuestra moto desarmada bajo el fuerte calor de Dili, cepillo de dientes y tarrito con gasolina en mano para no traerles ni una bacteria del exterior y poder ser admitida por su Departamento de Cuarentena.

Pero finalmente llegamos y entonces, boom, de repente somos un gringo más en tierra de gringos. Después de todo este tiempo cruzando Asia, llegamos a unas tierras que se manejan con un sistema totalmente diferente al que nos habíamos acostumbrado, quizás ese fue uno más de los motivos por el que elegimos llegar al sur del continente a través de sus pocos poblados desiertos.

Nos atraía mucho conocer la historia de los aborígenes de esta tierra ancestral, de disfrutar de una de las noches más estrelladas que se pueden observar en este mundo y, por supuesto, de sentir Uluru.

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En el desierto australiano, cuando acampas, a mitad de la noche verás el cielo más estrellado que puedas imaginarte. Los astros abarcan hasta la misma línea del horizonte y la Vía Láctea, que desde el hemisferio sur se puede observar mejor porque estamos más orientados a su centro, te hará sentir tan pequeño que ningún problema lo será más a partir de ese momento entre tú y las estrellas…

Cuando llegas a Darwin y quieres viajar al sur, la ruta te ofrece tres opciones, la costa oeste, la costa este o la solitaria Stuart Highway, que atraviesa el país por el centro; son dos motivos los que nos llevaron a elegir esta última. Por un lado, para pasar del caos de Asia a las reglas de Australia necesitábamos un período de transición, y la soledad que nos ofrecían los desiertos del interior parecían una buena terapia. Y en segundo lugar, estábamos interesados por conocer la verdadera historia de este país, y esta ruta la tiene tatuada casi en un orden cronológico conforme avanzas de norte a sur. La historia de los aborígenes.

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Era mayo y eso venía a significar una noticia mala y una buena, la mala es que es principio de invierno, y por unos 4.000 desérticos kilómetros no hay otra forma de dormir que no sea acampando al lado de la ruta, donde las temperaturas llegan a congelarnos a partir de las 3 de la madrugada. La buena era que el riesgo de encontrarnos algunos de los famosos animales venenosos de este país es menor, pues comienzan su hibernación. Por supuesto, mejor pasar frío que ser mordido por una serpiente a 1.000 kilómetros del primer hospital… Esto pudo ser el tercer argumento para elegir esta ruta, aunque seguramente en verano también lo hubiéramos hecho.

Esta ruta tiene algunas particularidades; por un lado, su anarquía, tan remota que la autoridad no llega allí, por eso en una gran parte de ella no existen límites de velocidad. Pero lo que puede ser una gran noticia para los amantes de la velocidad puede convertirse en tu mayor peligro.

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Y ese peligro se materializaba a través de los conocidos Road Train (o trenes de carretera), enormes camiones con tres remolques que llegan a medir hasta 50 metros. Sus conductores en muchas ocasiones recurren a ciertas sustancias para mantenerse despiertos, pero estas y la soledad del desierto en una ruta sin reglas les provoca una excitación que les lleva a poner al límite el motor de estas ponentes máquinas. Las turbulencias que crean al cruzarlas te harán parecer que tu moto es absorbida por la turbina de un avión. Así que la recomendación es acelerar para cruzarlos, y si hay una situación de peligro, echarse a un lado de la carretera; esas máquinas necesitan la distancia de varios campos de fútbol para frenarlas.

Otra curiosidad es que a menudo te encontrarás algún coche abandonado; realmente cualquier pequeña avería te llevará a decidir dejarlo allí para formar parte del paisaje, siempre será más barato comprar uno de segunda mano que pagar una grúa.

Más allá

Lo siguiente será meter nuestra moto en una caja de madera para embarcarla en un viaje de dos meses a Sudamérica. Nuestra mente se centra a partir de ahora en dos lugares, Ushuaia y Alaska, los dos extremos de este supercontinente que conectaremos con una ruta que sin duda estará llena de experiencias y aventuras, algunas ya conocidas pero muchas nuevas, que nos seguirán poniendo al límite y con las que seguiremos aprendiendo. Y quizás en Alaska encontremos una arena suficientemente fina como para mezclar con la que estos días tomamos en Australia, una arena común y sin valor para muchos pero que a nosotros nos cuesta caro, deshidratación, enfermedades tropicales con altas fiebres, pelear con policías corruptos, viajar bajo las lluvias monzónicas o dejar que las montañas más heladas que nunca conocimos nos roben la sensibilidad de la punta de los dedos por unos meses, pero unas arenas con las que haremos un reloj y quizás cuando estemos viviendo nuestros últimos días en esta vida giremos la cabeza para ver sus granos caer y con cada uno recordaremos una cara, un sufrimiento, el esfuerzo para sacar la moto atascada en un río, una puesta de sol desde una isla perdida en Indonesia, un abrazo o una sonrisa en India, una cena de insectos con la familia que nos hospedó en Laos o el peso de un bebé aborigen australiano… Entonces sonreiremos porque vivimos la vida que quisimos.

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Podéis seguirnos visitando nuestra página web (www.aroundgaia. com) o Facebook buscándonos por Around Gaia.

Lugares escondidos que no puedes perderte

Katherine: Arroyos de aguas manantiales, cocodrilos, pueblos aborígenes. Daly Waters Pub: Mítico pub creado donde acudían los militares que lucharon en la 2° Guerra Mundial. Devil Marbles: Increíble formación rocosa, el lugar perfecto para una de las acampadas. Uluru: El corazón de Australia. Tienes que llegar allí por tierra para entender qué significa esta gigante piedra. Coober Pedy: Pueblo minero característico por sus casas subterráneas, era la mejor arma para luchar contra el calor del desierto. Woomera: Pequeño pueblo considerado zona roja por todas las pruebas con bomba atómica que allí se realizaron. Lago Hart: Seguramente el mejor lugar para hacer tu última acampada, este lago salado te regalará una puesta de sol increíble como despedida del desierto.

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