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Comparativo Royal Enfield: Interceptor 650 vs Continental GT 650

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Comparativo Royal Enfield

Si creíais que las Enfield eran motos de otra era, con motores monocilíndricos obsoletos y estética clásica lograda a base de seguir produciendo modelos antiguos con las actualizaciones mínimas indispensables, quizá hayáis empezado a cambiar un poco la manera de ver sus productos con la Himalayan.

Pero si no es así, si seguís creyendo que Enfield no es capaz de producir una moto moderna “de verdad”, de gama media, aunque hablemos de un obligado aspecto retro, deberéis cambiar de opinión por completo al probar una de sus nuevas bicilíndricas de 650 c.c.

Porque, hasta Santa Cruz, en plena costa californiana, nos desplazamos para la puesta de largo de dos modelos que van a dar mucho que hablar, y de los que nos atrevemos a decir que acabarán siendo dos auténticos superventas.

La Continental GT 650 es una bellísima café racer de carácter deportivo y amable al tiempo, mientras que la Interceptor es una roadster al más clásico y puro estilo. Ambas comparten chasis, suspensiones, y motor.

Comenzaremos por la primera de ellas, la GT. Para empezar, el motor de 648 c.c. es estructuralmente sencillo, pero muy efectivo y refinado. Es un bicilíndrico transversal con cigüeñal calado a 270º, con eje de equilibrado y doble árbol de levas en cabeza (cuatro válvulas por cilindro).

Se refrigera mediante aire y un radiador de aceite, e incluye un cambio de seis relaciones que finaliza en un embrague antirrebote. Se alimenta mediante una inyección Bosch finísima, que nos ha gustado mucho por la respuesta directa, pero nada agresiva.

No existen las vibraciones, y no se queja lo utilices como lo utilices: es algo sorprendente. Desde poco más allá de las 2.500 rpm, hasta el régimen máximo (el corte entra a las 7.500), la curva de par es casi horizontal y las marchas están bien escalonadas, de modo que el motor se acaba adaptando a cualquier tipo de utilización y a cualquier tipo de usuario.

Lo pudimos comprobar en las calles de Santa Cruz, donde el tacto del embrague, el cambio o el acelerador nos sorprendieron por su suavidad. También en las tortuosas carreteras del parque estatal denominado Big Basin Redwoods (Boulder Creek), una especie de montaña rusa donde las curvas de segunda y tercera se suceden en subidas y bajadas constantes, en medio de un espectacular paisaje sombrío debido a la altura de enormes secuoyas.

Nos enamoró igualmente en los tramos más abiertos ubicados en las inmediaciones de un bello pueblo llamado Pescadero, ubicado a pie de costa, pero del que parten carreteras que se sumergen en la cadena de montañas del litoral. Y, por último, en la “highway” A1, la carretera nacional que recorre toda la línea de costa paralela a las playas y los acantilados que van encontrándose desde San Francisco hasta San Diego, una ruta espectacular.

En todos los ámbitos nos encantó la finura y polivalencia del twin recién creado por Royal Enfield, que declara 47 CV a 7.250 rpm y un par máximo de 52 Nm a 5.250, pero con un 80% de par desde las 2.500 rpm. Un carácter trotón e incansable, aunque lo tengas horas y horas a fondo, como hicimos durante buena parte de la ruta.

Por cierto, apenas emana calor, algo muy importante: está preparado para que su día a día sean las extremas condiciones con las que va a lidiar en la India, así que un verano como el nuestro es una nimiedad para él, de modo que no resultará nunca incómodo al parar en los semáforos por el calor emanado de las aletas de refrigeración. Y ese es un mal muy común entre sus potenciales rivales…

Ciclo eficaz

En cuanto a la parte ciclo, grata sorpresa. El chasis sigue unas líneas más o menos parecidas a las de la Continental GT 535, pero nos comentaron que es un 20% más rígido.

El caso es que, junto con unas suspensiones firmes, unas ruedas de radios de 18” pero estrechas para darle agilidad y clasicismo y unas geometrías que nos gustaron mucho por aportar un buen compromiso entre agilidad y estabilidad, la GT entra en curvas rápidas rápido pero sin caer hacia el interior, y se mantiene aplomada hagas lo que hagas. Es lo suficientemente ágil como para que los cambios de dirección entre curvas lentas sean inmediatos y con el mínimo esfuerzo, y los semimanillares que lleva anclados a las barras te permiten no cargar tanto las muñecas como te pueda parecer antes de subirte a ella.

La altura libre al suelo es impresionante, los avisadores no rozan por mucho que inclines, y los Pirelli Phantom que se han creado exprofeso para ella (en estas medidas no estaban disponibles en el catálogo de la firma italiana hasta ahora) te dan confianza en asfaltos buenos, malos, rugosos o gastados, limpios o sucios. Solo nos faltó probarlos en mojado, aunque no es esa su especialidad.

Lo único malo de la ergonomía de la Conti es que el asiento es muy duro –estética obliga–, lo que, combinado con un nivel de precarga elevado en los amortiguadores laterales (sorprendentemente efectivos), hacen que si pasas muchas horas sobre ella, te pase como a quienes empieza a hacer bicicleta: los primeros días renegarás en hebreo. Después ya te acostumbras…

La frenada es otro componente que merece elogios. Dispone de un ABS Bosch que no entra en acción salvo que te pases mucho, pero mucho, así que el conjunto de frenos ByBre, pese a que te pueda parecer escaso por tener un único disco delantero (como me sucedió a mí hasta que me subí a ella), se pueda exprimir sin contemplaciones. Si combinas maneta y pedal, frena lo necesario, pero sin excesos.

El caso es que es una moto que, en conducción sport, se lleva a la antigua usanza: sentado muy atrás y buscando un elevado paso por curva, sin retenerla de más antes de entrar. Cuando alcanzas una cierta simbiosis con ella y la llevas de ese modo, es extremadamente eficaz y divertida.

Olvídate de frenadas salvajes, girar en un palmo y acelerar fuerte: este conjunto rinde mucho si la conduces como si fuese una moto pequeña, pero aprovechando el par motor que te saca de las curvas con solvencia. Y con total finura…

En cualquier caso, estamos hablando mucho de su comportamiento deportivo porque quienes acudimos a las presentaciones tenemos nuestro corazoncito más o menos guerrero, y esta café racer nos recuerda a motos muy deportivas de otra era.

Pero que no tema nadie que acceda al mundo de la moto por vez primera: es apta para el A2, y no solo apta por aspectos legales, sino que es adecuada para el carnet intermedio. Será una excelente moto escuela al dejarte aprender poniéndote las cosas muy fáciles, con un peso y unas dimensiones reducidas y con una nobleza de respuesta que te hace pensar en cuántas motos de este tipo, bicilíndricos de media cilindrada montados en conjuntos sencillos, pero muy eficaces, lleva producidas Royal Enfield para haber logrado un conjunto tan redondo. Y la respuesta es ninguna…

Se ha decidido a poner todos los medios posibles y a fichar a algunos de los técnicos más cualificados del mundo de las dos ruedas para alcanzar este nivel de equilibrio de su nueva criatura, y sacando pecho mientras nos la muestran por el elevadísimo nivel de control de calidad con el que nos comentan que han empezado a fabricarlas.

Os podemos asegurar que es una pequeña gran joya de comportamiento y acabados a la altura de su precioso aspecto, y eso es mucho decir…

Interceptor

Con la misma base que encontramos en la nueva Continental GT 650, la Interceptor es una roadster de aspecto vintage, fiel al pasado de la compañía, pero de concepción moderna y refinada. Un modelo confortable y agradable, que sirve igual para ser una primera moto A2 como la sustituta del scooter en un uso “commuter” diario, o como tu moto de fines de semana con la que no renunciar a nada. Es toda una delicia…

En efecto, el bicilíndrico de 650 c.c. de la GT, así como la parte ciclo que lo envuelve, sirven exactamente igual de bien a la hora de crear esta Interceptor, modelo que supone mucho más que un homenaje a las Royal Enfield Interceptor 700/750 de los sesenta. Se trata de una moto que se muestra dócil, confortable y refinada, además de muy bella.

La gracia está en que dispone, en lugar de semimanillares anclados a las barras de la horquilla, de un manillar de tubo con refuerzo superior. El depósito, con formas redondeadas y clásicas, dispone de algo más de capacidad que el de la GT (13,7 litros, por 12,5 en la Continental).

Por su parte, las estriberas están algo más adelantadas, el asiento es plano y con mayor mullido, y cuenta con caballete central. La instrumentación, los frenos o las suspensiones son conjuntos idénticos en ambos casos, si bien la precarga de los muelles de los amortiguadores es aquí notablemente más blanda que en la más deportiva GT.

La Interceptor nos pareció divertida y amable a partes iguales a lo largo de las varias horas de ruta, un recorrido de casi 130 millas –algo más de 200 km– en las que hubo absolutamente de todo, incluyendo un buen tramo de la famosa Highway A1 cubierto a un ritmo que nos hizo creer que el guía acabaría por lograr que una “Highway Patrol” asomara en cualquier momento tras encender sus luces azules y rojas, nos detuviese y nos llevase a todos a la “county jail”. Afortunadamente no fue así, pero por el camino llegamos a ver en el marcador las 110 mph sin que el motor se hubiese acabado, ni mucho menos. Vamos, que por muy optimistas que puedan llegar a ser sus relojes, los 47 CV del nuevo bicilíndrico cunden una verdadera barbaridad…

Muy ágil

En las zonas más viradas de los bosques cercanos a la costa de Santa Cruz vimos que los cambios de inclinación son inmediatos, más rápidos que en los de la más precisa GT, una moto que debido a la mayor firmeza de suspensiones y a la posición de conducción te exige ser algo más preciso a la hora de dar órdenes a la moto.

Ambas son igualmente cortas entre ejes (1.398/1.400 mm) y disponen de semejantes geometrías de dirección (24º y 105/106 mm de avance), pero el contar con el cuerpo erguido retrasa más peso, lo que, sumado al mayor brazo de palanca, hace que la muevas con poco más esfuerzo que el de pensar qué quieres que haga.

Toda ella se menea algo más, en la Interceptor parece que vayas más sobre una roadster que sobre una café racer, exactamente lo que esperas. A cambio de esa sensación de ir un poco menos firme, las órdenes se dan con una facilidad pasmosa y el manillar te deja pronunciar siempre la última palabra. Es extraordinariamente divertida, y sumamente fácil, siempre hará lo que le pidas sin rechistar.

Más allá de su comportamiento, tan bueno como el de su hermana presenta unos acabados muy dignos, con una pintura de calidad en el depósito y las tapas laterales. Los cromados son buenos y el acabado del motor parece corresponder a una categoría superior, genial. De igual modo que sucede con la Continental GT, quien quiera tener una Interceptor única puede empezar por el generoso catálogo de componentes para personalizarla. Asimismo, se ofrecen varias versiones cromáticas, además de una espectacular variante en la que el depósito se presenta cromado.

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