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Comparativo GT urbanos 125: Honda PCX vs Yamaha Majesty S

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Los éxitos conseguidos por el PCX 125 en el ámbito europeo son innegables; de hecho, el pequeño Honda se ha coronado el scooter más vendido el pasado año en el Viejo Conti­nente, lo que ha provocado el desconcierto de algunos rivales que han visto en su atípica filosofía un filón que también ellos podrían explotar. La baza de Honda con este modelo ha sido la de crear un scooter urbano tecnológicamente avanzado de estilo relativamente económico, tamaño muy compacto, manejable y con un diseño diferente, al que en su lanzamiento muchos tacharon de muy atrevido y poco acorde con los gustos de los usuarios europeos. Obviamente, se equivoca­ban…

Quizás uno de los aspectos más interesantes del PCX es que equipa, a partes iguales, una tecnología muy avanzada como por ejemplo con su conocidísimo sistema Idle-Stop de paro al ralentí, con detalles tan poco habituales y realmente desfasados hoy en día como el freno de trasero de tambor. Esto, junto a que es fabricado en Taiwán, ha permitido al PCX llegar a los mercados europeos con un precio muy competiti­vo, nada que ver con los productos que nos llegan de Europa o Japón del mismo fabricante.

Uno de los primeros en darse cuenta del tirón del PCX ha sido Yamaha, necesitada, por otra parte, de refor­zar o completar su gama de scooters 125 con alguna novedad relevante.

Para hacer frente al PCX 125, qué mejor que echar mano de su principal rival en su país de origen, el allí llamado Yamaha SMAX 155, que llega a nuestro mer­cado con los retoques estéticos de rigor; una estética acorde con los gustos europeos, la necesaria dismi­nución de cilindrada hasta los 125 c.c. y renombrado Majesty S 125, que recupera de este modo un nombre con mucho más tirón y reconocimiento en Europa.

RIVALIDAD MÁXIMA

A la hora de enfrentarse al exitoso PCX, Yamaha ha tomado muy buena nota de cuáles son los puntos fuertes y débiles de su oponente; de hecho, si obser­vamos a ambos con mucha atención, apreciaremos que el Majesty S ha intentando equipar lo que para muchos usuarios falta en el scooter de Honda. Una de sus principales bazas es la existencia de la plataforma plana; seguramente, uno de los detalles más buscados en un scooter de este tipo por los usuarios de toda Europa, ya que no sólo aporta un confort de marcha superior, sino que también potencia la faceta funcional del modelo aportándole una mayor capacidad de carga para objetos que, por su tamaño, normalmente no podremos guardar en sus cofres.

Otro de los aspectos que ataca directamente a la línea de flotación del PCX es que el Majesty S llega con dos frenos de disco. Delante monta uno de 267 mm con pinza de dos pistones (unos milímetros más grande que el de su rival), pero es que en el eje posterior equi­pa un segundo de 240 mm con pinza de un pistón que deslumbra a los futuros compradores frente al espar­tano tambor monoleva de 130 mm del Honda, aunque se complemente con un sistema de frenada combi­nada mecánica. Gracias a ello, el Yamaha se muestra como un mejor frenador, que supera a su oponente no sólo por una mayor potencia y mordiente, sino tam­bién por un tacto de una calidad un poco mejor para dosificar la frenada a nuestro antojo.

A pesar de ello, no penséis que el PCX 125 ha dicho su última palabra, pues no debemos olvidar que se ha renovado recientemente para consolidar aún más su liderato, goza de unos argumentos excelentes en el día a día y, aunque pueda parecer que el Yamaha ha aterrizado pegando muy fuerte, va a necesitar mucho más para conseguir que el scooter de ala dorada dé su brazo a torcer. Obviamente en Yamaha lo saben y no han dudado en crear un modelo a la altura de las cir­cunstancias, aunque para ello hayan tenido que seguir una filosofía prácticamente igual a la de su contrario. Y es que no hace falta ser muy observador para, salvan­do las diferencias, darse cuenta de que las similitudes entre ambos modelos son realmente muchas.

EL TAMAÑO, LA CLAVE

Ambos tienen una arquitectura muy parecida, con una distancia entre ejes muy similar, carrocerías relativa­mente compactas, manillares de tubo completamente descubiertos y unos parabrisas de serie (el PCX en este comparativo vino equipado con una pantalla opcional), más destacables en lo estético que en lo efectivo.

Su pequeño tamaño es la clave de su excelente movi­lidad urbana; en los dos, moverse por ciudad será pan comido, tiene la cualidades necesarias para colarse entre coches sin problemas, sortear atascos sin des­peinarse, y todo ello con una facilidad de conducción nivel parvulario. Las llantas de 14 pulgadas combina­das con unos estrechos neumáticos de 90/90 y 100/90 del Honda le confieren una mayor agilidad que su rival, en los cambios de sentido y a la hora de balancear el scooter para zigzaguear, el PCX ofrece mucha menor resistencia, lo que nos ayudará a deslizarnos suave­mente entre el tráfico y, al mismo tiempo, disfrutar de una capacidad de reacciones felinas.

Por su parte, el Majesty S se siente un poco más rígi­do, puede que su dirección no sea tan rápida debido, entre otras cosas, a la mayor sección de sus neumáti­cos, pero esto también le hace gozar de un paso por curva algo más estable. Y es que, sorprendentemente, disponer de una plataforma plana no se ha convertido en un inconveniente, pues a pesar de ello, su chasis es lo suficientemente robusto para evitar los balan­ceos y movimientos extraños frecuentes en este tipo de bastidores.

En cuanto a las suspensiones, nos encontramos ante dos comportamientos muy diferentes; mientras el PCX opta por una solución más suave y con mayor recorrido, el Yamaha, debido al inferior recorrido de su horquilla y el amortiguador con sistema Monocross, se ve obligado a optar por un sistema hidráulico de tacto un poco más consistente para compensar los milíme­tros de recorrido que le faltan. Por el contrario, esta rigidez lo hace más noble en sus trazadas, ya que, en el caso del Honda, sobre todo en lo que se refiere a los cuartos traseros, en ocasiones se detecta una escasa capacidad de retención.

CONFORT CONSIDERABLE

Sea como sea, los apartados de suspensión de ambos nos ayudan a sentirnos cómodos, puede que en ninguno de los dos casos estén formados por los mejores amortiguadores que hemos visto (ni siquiera acepta reglaje en la precarga de muelle), pero cumplen dignamente su función para que, al menos, el confort de marcha sea bueno. La verdad es que en este aspec­to los dos fabricantes se las han ideado para que los conductores vayan, por lo general, bastante cómodos. Aunque el espacio no es precisamente abundante en ninguno de los dos para un usuario de talla europea, con una estatura que ronde el 1,70 m habrá más que suficiente para que ni brazos ni piernas vayan demasia­do flexionados. De hecho, estas últimas, podrán ir bas­tante relajadas, pues como si de unos GT se tratara, en los dos invitados podremos estirar considerablemente las piernas hasta la parte baja de los escudos.

Los asientos, por otro lado, son completamente dis­tintos tanto en forma como en ergonomía. Mientras el Majesty S sigue con la tendencia GT, incluyendo un dis­creto apoyo lumbar para el conductor, el PCX opta por una asiento de diseño más convencional. Esto, debido al poco espacio general disponible, le hace ser un poco más cómodo, ya que su banqueta es sensiblemente mayor que la del Yamaha, en la que, dependiendo de nuestra estatura, en ocasiones, tendremos la sensa­ción de ir un poco encajonados.

Respecto a los pasajeros, no hay muchas diferencias en cuanto a nivel de confort. El asiento del Yamaha tiene un mullido un poco más generoso, pero en lo que se refiere a tamaño del asiento, asas donde sujetarse y colocación de las estriberas, la verdad, no hay muchas diferencias.

Gracias a todo ello nuestros invitados no se ven limita­dos únicamente a un uso urbano, ciertamente no son dos de los 125 c.c. más aptos para circular por carre­tera, pero esporádicamente pueden hacer un buen papel la hora de movernos por el extrarradio con cierta comodidad y, por qué no, soltura.

MOTORES LÓGICOS

Y es que mecánicamente en ambos casos nos en­contramos ante dos modelos que, si bien es cierto que tienen unas prestaciones muy decentes, han sido pensados desde un inicio en la economía. Ambos ha sido diseñados con tecnologías de baja fricción para optimizar al máximo su rendimiento y con unas poten­cias que, ni de lejos, se encuentran en el máximo de 15 CV permitidos en los scooters de 125 c.c. Los dos motores se diferencian en muy pocas cosas, tienen en común que están inyectados o que poseen radiadores laterales para centrar masas, disminuir peso y simplificar su mecánica, por ejemplo. Pero estructuralmente hay una diferencia que marca notablemente su funciona­miento; mientras que en el Honda la culata es una SOHC 2V, en el Yamaha es una SOHC 4V. Aunque no lo parezca, esto hace que el PCX tenga un respuesta un poco más eficiente en bajo-medio régimen, su aceleración inicial es un poco más rápida que la del Majesty S, que se sien­te mucho mejor cuando el motor funciona por la zona media-alta del cuentarrevoluciones y tiene una estirada final un poco mejor. Por su parte, el Honda esgrime una excelente suavidad de funcionamiento a cualquier régi­men, tiene un tacto más sedoso y silencioso, algo típico por otra parte en los motores Honda.

Sea como sea, con unas potencias que rondan en los dos casos los 12 CV, no se les puede exigir mucho más; con velocidades punta que pueden superar en condicio­nes muy óptimas los 115 km/h, hay más que suficiente en scooters urbanos. Lo que de verdad importa en este tipo de modelos es su gasto de combustible, algo en lo que nuestros invitados son dos verdaderos especialistas.

El rival a batir en este sentido es el Honda, que está globalmente fabricado para que el consumo de gasolina sea, prácticamente, algo anecdótico. Todo en él ha sido pensado para gastar lo mínimo, no sólo la arquitectura de su motor, sino también utilizando sofisticaciones como el sistema Idle-Stop de paro al ralentí o incluso los nuevos neumáticos IRC de bajo rozamiento. Con todo, el PCX, realizando una conducción normal, puede alcanzar unas medias de unos 2,3 litros a los 100 km, algo asombroso, pues si lo comparamos con su rival de hoy, que se sitúa sobre unos nada malos 3 litros en la misma distancia, supone una diferencia muy importante. Pero si además, a todo ello le sumamos que el Honda posee ahora un depó­sito más capaz de 8 litros, comprenderemos claramente por qué hay una diferencia entre ellos de poco más de 100 km en su autonomía teórica. Un claro punto a favor del PCX, sin que el Yamaha deje por ello de ser excelente.

EN CONCLUSIÓN

La decisión no es fácil, la igualdad entre ellos es máxima, ni siquiera fijarnos en su equipamiento de serie nos ayu­dará a tomar una decisión clara. Podemos dejarnos llevar por la sofisticación del PCX, ya que esta temporada se ha convertido en el primer scooter full led del mercado, al montar unas ópticas led de clarísima iluminación y bajo consumo, mientras que su rival mantiene su confianza en el faro Multiconvex/halógeno de siempre. Por lo demás, poco más puede hacer decantar la balanza hacia un lado u otro. Por ejemplo, la capacidad de los cofres es muy similar, los cuadros de instrumentos poseen un nivel de información semejante y ambos poseen guanteras que, en el caso del Yamaha, puede que sea la más capaz, pero es de tipo abierta. De hecho, parecen haberse puesto de acuerdo para complicarnos la vida, pues lo que le falta a uno, lo tiene el otro. Al final, como de costumbre, sólo de­pende de vosotros. Pagaréis 2.749 euros por el PCX 125 o 2.999 euros por el Majesty S. Tenéis la última palabra.

En las páginas posteriores podéis encontrar la información detallada de cada uno de los scooters, así como sus pros y contras, tanto del Honda como del Yamaha. ¡Echad un vistazo!

Honda PCX 125

El precio de este scooter es de 2.749 euros. En cuanto a consumos, el PCX no tiene rival; con sólo 2,3 l a los 100 km es uno de los scooters que menos gasta del mercado.

Desde la llegada de la primera versión del PCX, hace apenas un lustro, se situó de inmediato en el podio de los scooters A1 más vendidos gracias a su extraordinaria agilidad, a su refinamiento mecánico, a su contenido precio y, sobre todo, a sus exiguos consumos.

El motor eSP se remodeló ligeramente hace tres temporadas, y ahora se estrena una nueva carrocería que mantiene en vanguardia.

El tablier es nuevo y ahora nos informa del consumo medio. La óptica anterior se compone íntegramente de leds, algo inédito en el mercado del scooter. Para gastar aún menos, los nuevos neumáticos de IRC son de bajo rozamiento. El único disco del PCX es de 220 mm , y cuenta con una pinza de tres pistones específica para el CBS mecánico.

Solo Moto +

– Sistema de paro al ralentí

– Consumos bajísimos

– Frenada combinada

– Full led

Solo Moto –

– Freno trasero de tambor

– Suspensión posterior

Yamaha Majesty S 125

La denominación Majesty ha sido mítica entre los scooters de la marca, ya que los majesty 125 y 250 fueron unos auténticos superventas entre la segunda mitad de los 90 y la pasada década. Ahora se recupera con este bello y compacto A1 capaz de moverse entre coches con total soltura y con una gran suavidad de marcha, pese a lo ajustado de su precio (2.999 euros).

La plataforma plana es un magnífico argumento, aumenta su capacidad de carga y la habitabilidad del puesto de mando.

El cuadro de mandos es muy moderno y bastante completo, aunque con un diseño algo confuso. La plataforma plana no sólo resulta muy espaciosa, sino también muy funcional. La guantera es abierta; no muy segura, pero sí muy capaz. El asiento del pasajero es muy confortable, y los intermitentes se sitúan por debajo del resto del grupo óptico.

Solo Moto +

– Parabrisas tamaño medio

– Dos frenos de disco

– Plataforma plana

Solo Moto –

– Amortiguador sin reglaje

– Tablier confuso

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