Carne de hospital
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Carne de hospital

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Venía ensimismado en mis pensamientos, en ruta hacia la redacción, medio atascado en el tráfico matutino de mi ciudad. Voy casi en piloto automático pero siempre alerta ante cualquier incidencia. Aprovecho para pensar en cosas o para decirme “cuidado, que la policía te vigila y te va a multar por circular entre coches”. Sí, circular entre coches, bien hecho, sin maniobras repentinas, sin zigzagueos relámpago, poniendo siempre el intermitente y evitando rodar entre dos coches al mismo tiempo, es posible. Solo hay que ir enhebrando una ruta en la que evites estar circulando al mismo tiempo entre dos coches en paralelo. También hay que evitar rodar en paralelo con otra moto, sobre todo, evitando compartir el mismo carril al máximo, y mucho menos si estás negociando una curva. Hay que hacer los deberes cada día, ya no solamente pensando en la multa sino en tu propia seguridad y la de los demás. Pero no todo el mundo piensa igual…

Y es que hoy mismo, me he quedado de piedra cuando a la entrada de un túnel urbano, en un tramo que es en bajada y con una pronunciada curva hacia la derecha, me he encontrado a mi derecha con un tipo en ciclomotor, pegado a mí, casi tocándome con su retrovisor… ¡no daba crédito a mis ojos! Pero ¿dónde va este tío? Se me ha puesto en paralelo en plena curva, por mi interior, o sea, por la derecha, pero en un sitio donde no había espacio. Yo circulaba por el centro del carril, como debe ser, iniciando la trazada de la curva. Tras un laaaargo segundo, segundo y medio en paralelo, ya en un tramo recto, le he echado una mirada al Lorenzo de turno. Y ¿qué me he encontrado? Pues a un tipo sin guantes, sin chaqueta de motero, con un casco de pura emergencia y ¡con traje! Un convalidado que ha dejado el coche y ha descubierto el ciclomotor y que se cree Marc Márquez. Carne de hospital… Ni es motero, ni tiene educación, ni zorra idea de ir en moto, y no sabe lo que son las medidas de seguridad básicas para circular en un medio tan hostil como el entorno urbano de una ciudad de tres millones de habitantes, en hora punta, para acabar de rematar. A éstos sí hay que pillarlos y meterles un paquete, porque son peligros potenciales para todos. Pero, claro, los radares para detectar idiotas aún no se han inventado…

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