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BMW R 1200 RT: La alfombra mágica

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Mi último viaje largo fue hace ya más de tres años, y de los muchos recuerdos que me vienen a la memoria, destaca el de la fatiga. Realicé más de 1.000 km en un solo día sobre una superdeportiva, pero uno de mis compañeros conducía una R 1200 RT. Sin entrar a comparar consumos, desgaste, y ruido, la única comparación válida e importante fue que él parecía no haberse despeinado. Para la vuelta decidí cambiar la montura, y os aseguro que un mundo nuevo se abrió ante mí. Esa comodidad de marcha en el viaje que descubrí vuelve a aparecer en mi camino, y de nuevo una evolucionada versión de la RT cae en mis manos.

En esta ocasión, el viaje no será largo, pero esta experiencia sobre un modelo evolucionado la doy por sobradamente contrastada; por tanto, me centraré en la posición de conducción, protección, accionamiento de los mandos, visión de las informaciones, aerodinámica, ruido, el carácter y respuesta del motor, y su manejo en distintos tipos de recorrido.

Apariencia

No acostumbro a sorprenderme ante motos turísticas de grandes volúmenes, pero el diseño y la fusión de todas las formas de esta nueva R 1200 RT aumentaron mi interés. El diseño compacto, las líneas aerodinámicas de la espectacular cúpula y semicarenado y su aspecto distinguido provocaron una relación especial.

Mover la moto en el garaje con todos los extras no fue una maniobra muy costosa. Me subí con facilidad sobre el asiento, pasando la pierna entre éste, las maletas y el cofre trasero sin contraerla demasiado; una maniobra importantísima, especialmente al descender, ya que en motos como éstas se acostumbra a perder el equilibrio al chocar el pie con ellas.

Envuelto por todo el conjunto, mi alfombra mágica adoptó la forma de nave turística espacial. Entre el navegador situado en la parte superior central –opcional–, las dos esferas analógicas, la línea digital de frecuencias de radio, las informaciones del ordenador de a bordo central y los mandos de accionamiento del manillar, asumí la función de comandante de una nave de grandes vuelos.
Tocaba con los pies casi planos en el suelo, recogí el caballete lateral con comodidad y encendí el nuevo boxer refrigerado por aire/líquido igual que el que monta la nueva R 1200 GS.

El sonido característico BMW entonó frecuencias graves que subían por los pies hacia el abdomen. Los puños, mandos y manetas regulables se adaptaron fácilmente a mis pequeñas manos. Decenas de lucecitas se reflejaban en mi rostro tras la visera. Navegando por los menús de la pantalla central, acordé usar el modo Road, ya que el día era claro y sin amenazas de que la lluvia truncara mi gran ilusión. La opción Rain queda reservada para una combinación de menos potencia y entrega de par.

También usé la opción de regulación de suspensión electrónica ESA, escogiendo el modo Hard, que es el más deportivo (podemos escoger entre las opciones Soft y Normal). En la pantallita de la derecha se puede comprobar fácilmente si las presiones de los neumáticos son las correctas, en la central puedo calentar el asiento y los puños y entrar en el menú de usuario, trips, etc. Después de un chequeo general de opciones llega el momento de arrancar. Doy algunos golpecitos de gas para animar el motor y el boxer todavía zarandea lateralmente, aunque muy levemente. Veo reflejado las luces led del frontal sobre las planchas brillantes de los otros vehículos que siguen aparcados. Me doy cuenta de que puedo usar diferentes combinaciones de iluminación, es decir, led con luces, sólo luces o sólo led. Acciono el botón para cambiar la altura de la pantalla derivabrisas. Desde su posición inicial más aerodinámica, se eleva hasta una posición casi vertical. Esta posición queda guardada en la memoria, ya que al parar el motor, la pantalla se contrae automáticamente. Cuando volvemos a arrancar el motor, la pantalla recupera la posición escogida.

Qué gozada ir sentado sobre este transbordador espacial. Voy cambiando marchas a medio régimen y el gran volumen avanza con suma facilidad y templanza. Estoy totalmente resguardado del viento, y es el momento de ambientar el momento. Pulso uno de los botones negros que están situados en el lateral izquierdo del carenado para enchufar la radio, y sintonizo algo de rock & roll. Un día radiante, música y una moto; ¿qué más se puede desear? Sé lo que estáis pensando, pero nadie es perfecto. Continúo por la autopista y el ritmo de las guitarras incrementa mi motivación y voy acelerando sin darme cuenta de que voy a una velocidad elevadísima sin que lo parezca. Aminoro sorprendido. El día soleado escondía algunas rachas de viento fuertes, pero sobre esta moto fueron insignificantes.

Su aplomo a toda marcha y a cualquier velocidad es excelente, con lo que la confianza es ciega. Miro por los retrovisores, que se pueden replegar y graduar la posición del cristal, pero su nueva posición, más inferior que en versiones anteriores, no me convence. La visión es correcta, pero quedan demasiado bajos, por lo que la acción de mirada obliga a apartar demasiado los ojos de la carretera, además de verse reflejados las puntas de las manetas, la punta del puño y parte de la mano sobre el espejo. Empiezan las primeras curvas y me doy cuenta de inmediato de que para ir ligero no es necesario apurar el motor, a bajo y medio régimen de revoluciones no pierdo ni ritmo ni empuje; incluso en las paellas más cerradas donde el moto cae casi por completo me concede una salida suave. La segunda velocidad es suficiente para afrontar estas curvas tan cerradas, y el resto se puede hacer en cuarta y quinta con toda confianza.

Pruebo pasar una curva en sexta a 50 km/h para ver dónde está el límite de recuperación, y sólo traquetea un poquito; es decir, casi tenemos una moto con cambio automático, ya que, con tres marchas largas, una vez hemos arrancado, se pueden afrontar todo tipo de maniobras sin perder aceleración y homogeneidad de marcha. Toda la confianza que he ganado hasta el momento, la desato para conducir deportivamente. Ha llegado el momento de apurar frenadas, inclinar y acelerar. Dicho y hecho, compruebo que las suspensiones están duras, la potencia al máximo y bajo la pantalla hasta su posición más aerodinámica.

Pues a pesar de ser una moto pesada, se desenvuelve magníficamente al extremo. En tramos de media velocidad y ritmo, se puede llegar a rodar a un paso muy elevado. Intuye con rapidez todas las trazadas, el aplomo y estabilidad es extremo, e incluso puedo sentir cómo deslizan ambas ruedas, increíble. Eso sí, tenemos que rodar y trazar con finura y exactitud, un fallo en ese sentido podría ser fatal, ya que devolver la moto a su trazada resulta lento. La única maniobra que de veras necesita más atención es la frenada. No porque la moto no frene, que frena notablemente, sino por la inercia acumulada. Yo estaba viajando solo, sin nada en las maletas, y con un peso corporal de 60 kg, y apurar las frenadas era tarea de mucha concentración.

Admirable

En una de las paradas del día, concretamente para comer, dejé aparcada la moto ante las ventanas del restaurante. No hubo nadie de todas las personas que pasaron junto a ella que no se parara un rato largo para admirarla, por un motivo u otro esta motocicleta sorprende a todo el mundo y su diseño de formas, frontal, luces, detalles de calidad y color son sus atractivos.
Aproveché la parada para aparcar la moto sobre el caballete central, y la maniobra fue muy fácil, casi sin esfuerzo. Abrí las maletas y el cofre para observar qué cosas y qué cantidad de utensilios y equipaje podría poner en caso de viaje de larga distancia.
Además de uno o dos cascos, cabe un ajuar entero. Es increíble la cantidad de espacio aprovechable. Además son de fácil extracción y colocación.

El viaje interminable

Conducir una moto de estas características es una gozada y por muchos motivos. Los que empezamos nuestra historia motociclista deportivamente, vamos entendiendo el placer de devorar kilómetros y cruzar territorio, ya que con motos tan avanzadas, comprobadas, y con tanta tradición a sus espaldas, la aventura sobre dos ruedas amplía los horizontes.

Llegó la hora de volver a casa y de veras que me pasó por la cabeza no hacerlo. Habría continuado rumbo al sur o al norte, qué más da. El caso es que todavía estaría rodando por algún que otro lugar sólo pensando en conducir por conducir, y eso os aseguro que es algo extraño. En realidad no sé cómo debe ser viajar sobre una alfombra voladora con todos sus cojines y sin mandos, pero puedo imaginarlo. Sólo hay que pensar en el destino y volar aislado explorando el camino a seguir, o quizás ni siquiera eso. Bravo a BMW por esta motocicleta tan avanzada para el viaje.
 

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