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Barcelona, prisión vial

Llevo un cuarto de siglo desplazándome en moto por la Ciudad Condal cada día, desde mi domicilio a la redacción de Solo Moto, y conducir por Barcelona significa no haber tenido un solo año de paz...

Pido disculpas porque hoy voy a hablar de mi ciudad, voy a mirarme al ombligo, voy a ser endogámico, porque lo que está ocurriendo aquí me afecta y mucho, mucho más de lo que ocurre en Madrid o Valencia.

Esta no es una afirmación baladí… Me explico. Como periodista de Solo Moto he sido afortunado de poder desplazarme habitualmente a las principales ciudades europeas.

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Entre presentaciones y actos de marcas y la asistencia a los salones internacionales, he podido visitar con regularidad muchas ciudades del viejo continente.

Así, he visitado varias veces Milán, Roma, París, Colonia, Munich, Londres o Amsterdam, entre otras, por citar las más importantes.

La cantidad de cambios del urbanismo táctico está generando un estrés añadido a los conductores

Pues bien, en todas estas ciudades cada vez que he regresado las he encontrado igual, sin cambios. He podido desplazarme por ellas sin problema, y usando mi experiencia de años anteriores.

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Son ciudades que prácticamente no han experimentado cambios en las últimas décadas, solo leves retoques. Sí, mantienen sus mismos defectos, pero siguen siendo tuyas, las conoces: sus calles no cambian de sentido, ni se cortan al tráfico, ni se reducen carriles…

Todo al contrario de lo que sucede en Barcelona ciudad… En 25 años de desplazamientos, prácticamente en cada año mi trayecto diario se ha visto afectado por obras. Y no exagero.

Cuando no ha sido una eliminación de un carril ha sido una ampliación de aceras, la creación de un carril bus… O la construcción de nuevas paradas de metro -que llevan 20 años paradas algunas- y ahora, últimamente el añadido de la creación de carriles bici.

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En 25 años he sufrido el estrechamiento de las calles y carriles de circulación, hasta el punto de que en un semáforo, ya parados, es imposible filtrarse entre los coches parados para poder acceder a las parrillas para motos en los semáforos, un gran invento que siempre está vacío…

Conducir por Barcelona no es agradable, es un auténtico calvario

También he sufrido la eliminación de tramos elevados y de pasos soterrados o el incremento de señalización semafórica. Y la total descoordinación de su frecuencia, vamos, que en la gran mayoría de calles no pillas dos semáforos seguidos en verde ni de coña.

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El aumento de los autobuses escolares y de línea, no es un problema en sí, pero se añade a que los carriles de circulación de las calles ahora son tan estrechos que un autobús y un autocar no pueden circular en paralelo porque no caben…

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Y el resto del tráfico se atasca tras ellos, hecho que se agrava cuando el bus hace un cambio de dirección a otra calle o ésta tiene una curva. Entonces el autocar/bus debe invadir dos carriles para poder girar, en una calle que tiene uno o dos carriles, sorteando además las sevillanas de los carriles bici de los cruces…

También he vivido la desagradable sorpresa de muchas calles que han cambiado de sentido o se han cortado al tráfico en los últimos 2 años.

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Y ahora tenemos el añadido de los nuevos radares de tramo urbanos, y de los próximos radares en las zonas escolares, con limitación a 30 km/h, incluso en una calle principal de la ciudad con seis carriles.

No es de recibo pensar que todo el mundo debe ir en autobús, bicicleta o patinete

Lo entendemos, hay que proteger a los niños. Ahora solo falta que los mismos padres que piden que no haya coches en los entornos escolares que no vayan a recoger o a llevar a sus hijos al colegio en coche…

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Lo último son las “super illas”, las super islas que cerrarán al tráfico varios cruces de calles de Barcelona ciudad para convertirlos en un parque forestal. Con ello se traslada tráfico a las calles circundantes, empeorando la congestión y la polución de estas calles adyacentes.

Es como barrer la porquería de una habitación y dejarla en la habitación de al lado… Y ahora, más, porque comienza la transformación y cierre al tráfico ascendente de la Vía Layetana, que aislará el frente marítimo del centro de la ciudad.

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Cuando finalicen las obras de aquí a tres años, el que se encuentre en la Barceloneta y desee llegar a plaza Catalunya, deberá realizar un trayecto en el que empleará un 33% más de tiempo que utilizando la mencionada Vía Layetana. Y con un 33% más de emisiones contaminantes y aumentando el atasco de las vías alternativas, que también son de un único carril.

El 80% del tráfico de Barcelona proviene el área metropolitana; no pueden venir en patinete…

Y esta es la alternativa más rápida, porque la segunda y única alternativa significa emplear un 300% más tiempo, triplicando el tiempo, la contaminación y el recorrido a realizar. Ya ven, conducir por Barcelona obligado no es ecológico…

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Ya no hablo de la eliminación de plazas de aparcamiento en superficie para motos y coches, de la gigantesca zona de bajas emisiones -toda la ciudad-. Por no hablar de la próxima prohibición de los vehículos con etiqueta medioambiental B -¿de dónde sacamos el dinero en una postpandemia?-.

El ciudadano barcelonés está concienciado de toda esta problemática y ya intenta desplazarse ecológicamente, el que puede, pero es que según el RACC el 80% del tráfico de la ciudad proviene del área metropolitana. No tienen más remedio con lo mal que está la red metropolitana de transporte…

Yo solo sé que circulando legalmente en moto hace 25 años llegaba a la redacción en unos 18 minutos. Hoy esta cifra se ha incrementado en un 60%. Habrá más vehículos circulando, pero también se han reducido el número de carriles de circulación.

Que me queje del urbanismo táctico y de la circulación no significa que no comprenda la problemática actual

Y soy ecológico e intento ahorrar en la factura medioambiental todo lo que puedo, esto va por delante, comprendo el problema de la contaminación y del objetivo de cero víctimas de circulación, pero los cambios deben ser progresivos y acordados entre ciudadanía y consistorio.

Barcelona es una ciudad que se ha estrechado en todos los sentidos, está estrangulando el tráfico y a sus ciudadanos conductores. Nos transmite que si no vas en transporte público, bicicleta o patinete no eres un ciudadano cool y ecológico. Ni siquiera conducir por Barcelona en una moto eléctrica te convierte en ecológico; sigues siendo un delincuente.

El conductor de moto y coche circulando en calles con menos carriles y más estrechos, entre tanto carril bici, tanta pintura de colores en el asfalto, sorteando sevillanas, vigilando los radares, y teniendo el aparcamiento en superficie y la circulación más restringidos que nunca, se siente como un delincuente en una auténtica prisión vial.

En mi conducir por Barcelona cada día siempre tengo sorpresas, calles cortadas, cambiadas de sentido, manifestaciones, nuevos carriles bici que dejan una calle de dos carriles de circulación solo con uno, nuevas obras…

Casi que cada día, antes de volver a casa, tengo que mirar Google Maps no vaya ser que me hayan cambiado alguna calle…

Vivo en una auténtica prisión vial que no deseo a nadie…

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4 comentarios en «Barcelona, prisión vial»

  1. Es una lástima. Seguramente los barceloneses están contentos con las medidas orientadas a tener menos tráfico, pero los comerciantes no creo que piensen igual. Yo vivo en el área metropolitana y ya no voy a Barcelona. Teletrabajo y las compras que hacía en tiendas de la ciudad ahora las hago online (en esas o en otras, porque una vez miras online…)
    Un ejemplo es el tunel de Glorias. Sólo lo han abierto de salida, para impedir facilitar la entrada de vehiculos, y eso que está totalmente acabado.

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    • Totalmente de acuerdo. Yo resido en el área metropolitana y circulo cada día por Barcelona -en moto- para ir y volver del trabajo. Eso pone a prueba la paciencia de cualquiera.

      Es una ciudad que claramente va de mal en peor, por eso yo también evito todo lo posible entrar en ella por motivos no laborales.

      Responder

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