Aurora Borealis (2)... De Helsinki a Nordkapp
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Aurora Borealis (2)… De Helsinki a Nordkapp

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En la capital finlandesa tenemos nieve hasta las orejas, y nosotros aún montamos las Metzeler Tourance. Con cuidado y tranquilidad, sin hacer brusquedades ni burradas, nos acercamos a dejar nuestras Triumph en un concesionario oficial para cambiar las gomas por las Metzeler Karoo de invierno, a las que ya habíamos instalado los clavos BestGrip. Ahora ya solamente queda enfilar rumbo norte.

Las nevadas copas de los abetos brillan con los últimos rayos de sol al salir de Helsinki. Hemos tardado más tiempo del deseado cambiando neumáticos, y aún nos queda un buen trecho hasta el hotel.

En estas latitudes y por estas fechas se hace de noche muy temprano, a eso de las tres o las cuatro de la tarde, así que tenemos que seguir avanzando en la oscuridad. La carretera presenta un carril limpio de nieve, pero con hielo a veces. Aún no nos hemos acostumbrado a los clavos, por lo que no circulamos a más de 40-50 kilómetros por hora, con lo que la ruta diaria se hace larga. El termómetro llega a marcar -22ºC, pero entre la equipación Halvarssons y el traje calefactado Klan, no noto excesivo frío. Las manos se mantienen calientes gracias al calor que proporcionan las baterías de los guantes V-Quattro. En general, todo un lujo asiático que nos permite avanzar sin sufrir en exceso.

Conducción delicada
Las carreteras secundarias por las que a veces tenemos que avanzar se encuentran en bastante peor estado que las principales. Ahí todo es puro hielo, como esperamos encontrarlas más al norte. Hemos bajado las presiones de los neumáticos, pero aún no nos dan la confianza suficiente. Pero lo cierto es que se mantienen estables y en su trayectoria, siempre que no te pases ni un milímetro con el acelerador. Estoy seguro de que es una cuestión de mentalización. Tampoco tenemos prisa. A pesar de ir bastante pendientes de la conducción, fijando la vista en la carretera, no podemos dejar de admirar los inmensos lagos helados que nos vamos encontrando a cada lado de nuestra ruta. Perfectas superficies blancas que casi se llegan a perder en el horizonte, solamente cruzadas por algunas huellas de intrépidas motos de nieve. 

En nuestro afán por llegar a Nordkapp, nunca habíamos ido tan rápido sobre el hielo. Llenos de adrenalina, hicimos volar las Triumph tras los autocares y el quitanieves

Cada vez más frecuentemente la carretera adquiere un aspecto marmóreo, con un grisáceo hielo surcado por líneas de blanca nieve en polvo que se mueven caprichosas a nuestro paso. Hemos aprendido a leer el asfalto en función del tipo de superficie que nos encontramos. A veces lo que parece asfalto seco está cubierto por una milimétrica y resbaladiza capa de hielo. Otras, el hielo está bien patente y cubierto por un par de dedos de nieve en polvo. Aquí, los tacos de nuestros Metzeler Karoo se agarran de maravilla, mientras que los clavos nos fijan fuertemente sobre el hielo. Es una situación engañosa, ya que cualquier exceso con el puño del gas de las Triumph tiene como resultado una bonita derrapada. 
Avanzamos hacia el norte a buena velocidad, y atravesamos el Círculo Polar Ártico subiendo por la E8, muy cerca de la frontera por Suecia. No es mi primer círculo polar, pero sí el primero en invierno. No deja de ser una línea imaginaria que separa el territorio de las noches perpetuas y de los días interminables, pero ciertamente nos produjo una de las primeras satisfacciones del viaje. Cuando soñábamos con él, hace unos meses, nuestro primer objetivo fue cruzarlo. Y lo habíamos logrado.

Auroras, al fin
Entramos a Noruega y comenzó la tundra cerca de Kautokeino. Grandes extensiones yermas, cubiertas completamente de nieve y solamente rotas por algunos escuálidos árboles esperando la primavera. Poco después llegaríamos al primero de los puntos problemáticos y dificultosos de la ruta. Unos diez kilómetros atravesando una preciosa garganta y con desniveles de bajada del 8 % llegando a Alta. A priori parece poca cosa, pero cuando estamos hablando de carreteras completamente heladas, cualquier curva y cualquier desnivel se convierten en una pesadilla. Sobre todo cuando ya se ha hecho de noche. Con sumo cuidado y precaución, pudimos llegar a Alta, donde establecimos nuestro campamento base, esperando cuatro días a que amainara el fuerte viento que arrecia en Nordkapp, a escasos 250 kilómetros.

El espectáculo de las auroras boreales es algo que jamás olvidarás. Nuestro objetivo era fotografiarlas, y lo logramos. Inolvidable y bello.

Intentamos por dos veces salir de Alta en dirección a Skaidi, pero ambas nos encontramos la barrera cerrada, debido a fortísimos vientos y hielo muy resbaladizo en la carretera. Los empleados de las quitanieves no nos dejaron pasar el primer día, pero sí el segundo. En algunos tramos tuvimos que sufrir de lo lindo, ya que los clavos se negaron a traccionar en las empinadas cuestas heladas. Con más pena que gloria pudimos superar este segundo gran escollo de la ruta y llegar a Honningsvag, a tan sólo 35 kilómetros de Nordkapp.

Lo que sucedió esa noche, lo recordaré toda la vida. Acabábamos de llegar al albergue y un pescador polaco que se hospedaba allí nos llama para que saliéramos corriendo a ver auroras boreales. Así que cargados de nuestras cámaras salimos casi con lo puesto. Después de unos minutos de acomodación a la oscuridad, pude ver mi primera aurora boreal. Una sinuosa y cambiante trenza verde asoma desde detrás de la montaña nevada, sobre el fiordo. Luego otra y hasta una tercera, que fueron apareciendo y desapareciendo. Avanzando y retrocediendo en el cielo, formando espirales y volutas de verde fluorescente. El gran objetivo de esta maravillosa locura de expedición estaba cumplido. 

Nordkapp

Al día siguiente intentamos realizar la corta ruta hasta Nordkapp. A 13 kilómetros del cabo, una barrera cierra el paso. Únicamente es accesible a las 12 del mediodía, cuando se forma un convoy tras un quitanieves, que suele estar formado por unos cuantos autocares llenos de turistas ávidos de la aventura de llegar a Cabo Norte en invierno en su cómodo ferry. Al llegar, el encargado del convoy nos dice que hace mucho viento, y que no cree que podamos mantener los 60 km/h necesarios para formar parte de ese convoy. Le rogamos que nos deje probar bajo nuestra responsabilidad, y finalmente accede.

Hemos bajado las presiones de los neumáticos con clavos, pero aún no dan la confianza suficiente. Se mantienen estables y en su trayectoria, siempre que no te pases ni un milímetro con el acelerador

Nunca he ido tan rápido sobre el hielo. Llenos de adrenalina, hicimos volar las Triumph tras los autocares y el quitanieves. La nieve atravesaba de lado a lado, siendo a veces indistinguible el límite de la helada carretera. Al final de una larga recta, vimos la entrada al complejo de Nordkapp. Los autocares estaban aparcando y aprovechamos el hueco para llegar con nuestras motos hasta la mismísima bola. Allí nos abrazamos, siendo conscientes de que habíamos conseguido muchas cosas. Poca gente ha llegado hasta aquí en moto durante el invierno, sí. Pero nuestro mayor logro es haber alcanzado nuestro sueño. No hay mayor recompensa que realizar aquello que una vez sueñas. Porque los sueños están para cumplirlos.

Para leer la primera parte del viaje, clica sobre este enlace: Expedición AXA-CLUB14 Aurora Borealis: La preparación de la aventura

Por Sergio Morchón

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