Antonio Trueba: “No debo ni un duro a nadie”
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Antonio Trueba: “No debo ni un duro a nadie”

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A sus 71 años, Antoni Trueba dirige una empresa familiar de motoci­cletas, auténtico deporte de riesgo, desde la más absoluta proximi­dad. Sus empleados están acostumbrados a que el fundador abra cada día la nave, la cierre, suelde una pieza, o negocie con los proveedores. Esta es la historia de un emprendedor, dedicado por entero a la moto, y que sin ayudas mantiene en pie su fábrica. Un emprendedor al que la crisis no ha sabido doblegar.

Beta Trueba nace cuando se acaba la época dorada de nuestras grandes marcas. Eran tiempos en los que las motos españolas se habían dejado de fabricar y las importadas pagaban un 37 % de aranceles. En aquella época, Antonio Trueba compró motores a Beta y pidió que le hicieran 50 chasis, en el mismo lugar que hacían los de Bultaco y Montesa. “Fabricamos 50 motos. Las pagué y las 50 vendí e hice 75 más. El Sr. Montfort, el de los chasis, me dijo: ‘Ya te cansarás’, y yo seguí con 150 más”. Y así hasta nuestros días, alma motor Beta y el resto de los componentes creados y ensamblados por Trueba.

Los inicios de la relación con Beta. Esto es un matrimonio, muy difícil que se vuelva a producir, llevamos 30 y pico de años, sin contrato, no tene­mos ningún papel firmado. Me han ofrecido dinero, acciones, lo que quieras, y no he querido nunca asociarme. Quizás esta manera de pensar viene de mis orígenes. Yo nací en Santander, y eso lo llevamos en los genes, allí todo son minifundios. Tienen una vaca y un ternero, pero es suyo. Un trozo de terreno, dos patatas y judías, pero es de ellos. Pues yo he debido heredar esa manera de pensar de mis padres. Lo poco que hago quiero controlarlo.

Lecciones de economía aplicada
 

Antonio Trueba tiene muy clara la causa de la crisis económica, y en particular de la moto. La causa es la competencia asiática que hay en Europa. He tenido empresas desde hace 50 años, y no veáis cosas extra­ñas, el 90 % de la crisis viene de Asia. Cuando se pensó en abrir fronteras hace 20 años, el momento actual se veía muy lejos, y creíamos que nos beneficiaríamos de un mercado potencial de 1.000 millones. La historia ha sido al revés, son los asiáticos a los que se les ha abierto el mercado eu­ropeo. Allí trabajan por un euro y medio al día. La gente acude, como antes pasaba en España, a la plaza del pueblo a buscar trabajo cada mañana. Si no hay faena, vuelven a sus casas. Así nosotros no podemos competir.

Nuestro entrevistado nos explicaba un ejemplo que puede resultar hasta gracioso: Hace un tiempo pedimos precio de un amortiguador y nos pasaron una cotización de 4 dólares. Cuando me lo dijeron, les insistí que lo confirmaran, pensaba que se habían olvidado un cero y querían decir 40 dólares. Al volver a pedir la oferta, nos contestaron que si el pedido era más grande, ¡eran capaces de bajar de 4 dólares! Yo pensaba que era un error, y ellos aún podían bajar más. Esa es la diferencia de precios con la competencia asiática.

Aquí por 4 dólares no somos capaces de fabricar ni un caballete. La situación en Asia es tan diferente que cuando pido 500 piezas, me pre­guntan si son para cada día, para la semana. Cuando les digo que es un pe­dido anual, por vergüenza, explico que es para una preserie, para una prueba.

¿La solución sería volver a los aranceles, en pleno siglo XXI, con una economía global?

Para nada, la gran industria está cogida por los huevos porque necesitan un montón de componentes, que ya no se hacen aquí, que vienen de Asia. Si ahora penalizaran las importaciones, perjudicaríamos a los fabricantes de aquí porque son dependientes. Si se aplican aranceles, utilizamos tantos componentes asiáticos que la industria no sería capaz de sobrevivir sin ellos.

Ahora aquí, como mucho, montamos sus componentes. Esto ha empobre­cido a toda la industria auxiliar, nosotros como mucho ahora solo fabricamos plásticos. El resto de los componentes vienen de fuera.

Cómo se arregla. Mi política, la de Beta Trueba, es hacer siempre algo dife­rente que no hagan los chinos. Pequeñas series que me permitan marcar la di­ferencia. Con ese modelo puedo seguir trabajando con proveedores nuestros.

Globalmente, la situación es distinta. En Europa cobramos 13 veces más que en Asia. La única solución a escala mundial pasa por que allí suban su ni­vel de vida. Eso significa que sus salarios crezcan, y es la única oportunidad para volver a ser competitivos en Europa. Pensemos que las Derbi de hoy se fabrican en Vietnam, y allí cobran 50 al mes, así no es posible competir.

Tampoco la solución es bajar los sueldos aquí. No podremos llegar nunca a sus niveles; además si seguimos bajando los sueldos, nuestra economía no se reactivará nunca, la gente aquí no podrá comprar nada.

Una pequeña luz, que nace del sentido común. Tengo una pequeña esperanza, pues si los asiáticos arruinan Europa, se quedarían sin mercado. Eso es lo que menos les conviene, por eso pienso que acabaremos encon­trando un punto de equilibrio.

Así nos contaba su modelo de finanzas
 

Antonio Trueba nos contaba la siguiente experiencia:

Uno de los fundadores de Gas Gas me dijo hace algún tiempo: “Yo entiendo de motos, del capital entienden otros”. Yo le respondí que se asociaba con el diablo.

Yo empecé de cero, cero, por eso conozco perfectamente los bancos, porque no tenía nada. Los bancos, cuando te dejan dinero, te crean nece­sidades, para irte cobrando, para irte pellizcando. Te invitan a que crezcas, a que vayas invirtiendo, poco a poco, y al final se acaban comiendo la empresa. Se hacen con la mayoría y dejas de ser el propietario. Por eso Rieju todavía es Rieju, y Gas Gas ya no es de sus dueños.

¿Cómo lo hice? Cuando nació Beta Trueba en Esparraguera, tenía un terreno que vendí, aunque sabía que valdría mucho más en el futuro. No pedí dinero prestado, trabajé siempre con ese dinero, con el de la venta del terreno. No le pediré nunca dinero al banco.

También nos revelaba el secreto del pago a sus proveedores, ab­solutamente a contracorriente de lo que hacen la mayoría de los empresarios. Pagar al contado lo máximo que puedo. Nos daba deta­lles de su método particular en los inicios de relación con Beta. Los italianos me facturaban a 60 días, yo les pedí hablar del pago. El Sr. Bianchi, fundador de Beta, pensó: “Otro que viene a llorar”… Su sorpre­sa fue mayúscula cuando le dije que yo quería pagar al contado, todo lo contrario. El Sr. Bianchi le dijo a su hijo presente: “Lui va bene, sono gli altri” (‘Él lo hace bien, no los otros’). Con esta fórmula conseguí que me hicieran un 0,5 % de descuento. El género que está en casa está pagado, es mío, no vendrá la letra detrás. Es un sistema arcaico, pero a mí no me falla. Dicen los economistas que es una ruina, pero la ruina es lo que montan ellos.

Las empresas nacionales que salen adelante son las que han vendido más fuera, y estas son las que se autofinancian. Tienen dinero para com­prar materias primas y pueden trabajar.

La relación con Beta
 

La relación con Beta es muy personal. Comenzó con Bianchi padre. Una pareja o un matrimonio, para mí es la misma cosa, aunque no se casen, viven juntos. Si rompen, qué más da si se divorcian o se separan, no cambia nada. Si alguien no sale beneficiado, la relación se romperá. Una relación tan buena incluso me ha perjudicado, pues no he hecho mi  moto, algo que si no hubiera estado con ellos, seguro que habría hecho.

El secreto del matrimonio. Volvería a hacerlo, yo he cuidado mucho la relación, soy el más pequeño de los dos, te debes saber poner en la piel del otro. Si eres muy egoísta, como cualquier relación, no funcionará.

En muchos momentos hemos sido los que más le comprábamos y los que más le vendíamos. Siempre me he preocupado de ser competitivo. Hemos buscado que no se sintieran obligados. Les vendemos muchas piezas y eso nos ayuda a sustentarnos.

Mientras ellos vean que es rentable y viceversa no hay motivo para cambiar el acuerdo, todo continuará funcionando. La pregunta es in­evitable, ¿qué pasará cuando él no esté al frente de Beta Trueba? Responde sereno: No pasará nada, mis hijos ven cómo trabajo. No ten­go miedo, no me siento ligado, siempre he creído en mis posibilidades, en el esfuerzo y en el sacrificio. Ellos han visto que llego todos los días a las 7 de la mañana y me voy a las 8 de la noche. Apago las luces, los compresores, intento no trabajar para la compañía eléctrica. Ese es el método que he enseñado a mis hijos.

Esta gestión austera y próxima dice que es muy parecida a la de su socio transalpino.

Los de Beta son italianos, pero con carácter alemán. El Sr. Bianchi, dueño y fundador, en vez de llevar un Ferrari, va con un Renault Espace. Tiene 80 años y va cada día a la fábrica. En verano todavía va en moto…

Las palabras de Antonio Trueba son infinitas, pero el espacio de Solo Moto es limitado, hemos intentando seleccionar lo mejor de una entrañable charla de más de cuatro horas.

Después de escucharle, uno tiene la agradable sensación de no haber perdido el tiempo. Hablamos de motos en catalán, un cántabro y un arago­nés, pero habría sido igual en cualquier lengua y lugar del mundo.

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