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¿Tu seguro cubre “animaladas”?

Probablemente no tengas ni idea si tu seguro cubre o no un choque contra un animal. ¿Hay diferencia entre un encontronazo con un jabalí o un tropiezo con un labrador retriever? ¿Qué hay que hacer en caso de colisionar con una codorniz? Todos son accidentes con animales, pero…

Aunque te parezca algo muy poco probable, según datos proporcionados por la compañía de seguros AMV y la DGT, sólo en 2018 se produjeron 599 accidentes de esta naturaleza y es una tendencia que por desgracia está en alza y que ha aumentado en casi un 50 % en los últimos años.

¿Quién no ha visto alguna vez, mientras circulaba, un animal cruzando la carretera? Jabalíes, ciervos, perros, conejos o liebres son los causantes del 90 % de los accidentes que se producen por animales que cruzan una carretera en España.

Son recurrentes las imágenes que se han popularizado en los últimos años de animales salvajes, en su mayor parte jabalíes, pero también otras especies, paseando por las calles de ciudades y pueblos en busca de comida o simplemente curioseando.

accidentes animales

Eso nos da una idea del alcance de la tremenda expansión de poblaciones de especies no domésticas, debido en parte a la falta de depredadores naturales. Eso, unido al descenso del tráfico – sobre todo durante lo más crudo de la pandemia – con la consiguiente reducción de ruido en nuestras carreteras, ha provocado que muchos animales pierdan el miedo y se atrevan a cruzar por lugares que antes no lo hacían.

En consecuencia, el 80 % de los accidentes con animales se producen en carreteras convencionales.

Casuística estacional

Precisamente ahora, según las estadísticas ,entramos en el peor trimestre del año ya que octubre, noviembre y diciembre concentran la mayoría de los accidentes con estos animales.

Y parece que la palma en este tipo de incidentes se la lleva Galicia, donde se producen más choques, seguida de Cataluña, Castilla y León, Aragón, Asturias, Navarra, Comunidad Valenciana, Castilla-La Mancha, Extremadura y Andalucía.

El período más crítico es cuando la luz decae y por supuesto por la noche. En concreto de 19 a 7 h, se producen seis de cada diez accidentes.

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¿Y qué ocurre en el peor de los casos? Pues que, si tenemos la desgracia de encontrarnos semejante coyuntura, la ley nos dice que en accidentes de tráfico ocasionados por atropello de especies cinegéticas en las vías públicas, el responsable de los daños a personas o bienes será el propio conductor de la moto.

Además, en estos casos no podrá reclamarse por el valor de los animales que irrumpan en aquéllas, es decir, que la responsabilidad en caso de colisión con un animal salvaje recaerá en el conductor.

Salvedades

Sólo existen dos excepciones a esa responsabilidad:

– Que el atropello del animal sea consecuencia directa de una acción de caza colectiva de una especie de caza mayor, llevada a cabo el mismo día del siniestro o que haya concluido 12 horas antes. En este supuesto, la responsabilidad sería del propietario del terreno.

– Que el accidente se haya producido por no haberse reparado la valla de cerramiento en plazo o por no disponer de la señalización específica de animales sueltos. En estos casos, la responsabilidad recaería en el titular de la vía.

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Si por mala suerte nos encontramos en esa tesitura será bueno saber que los desperfectos de nuestra moto no estarán cubiertos si no contamos con un seguro con cobertura específica de daños cinegéticos.

Por cierto, las especies consideradas cinegéticas más habituales son aquellas susceptibles de ser cazadas o pescadas y para las que se han establecido normas de protección. Estamos hablando de jabalíes, ciervos, conejos, liebres e incluso aves, como la codorniz, la perdiz o la paloma, que también pueden darnos un buen susto en carretera.

El caso de las mascotas y «derivados»

Muy diferente es si nos topamos con un perro o un gato, animales domésticos que no entran en esa clasificación y que según el Código Civil entran en otro supuesto.

El poseedor de un animal, o quien se sirva de él, es responsable de los perjuicios que pudiera causar aunque se le escape o extravíe. Sólo cesará dicha responsabilidad en el supuesto de que el daño proviniera de fuerza mayor o de culpa del que lo hubiese sufrido.” Esto es lo que la ley dice y por lo tanto, es el dueño del animal el que tendría que cubrir los daños sufridos por la moto y el conductor, incluso llegando a tener responsabilidad penal si existen heridos o fallecidos.

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Volvamos al supuesto fatal. Si ya hemos topado con el infeliz bichejo nuestro proceder tiene sus lógicos pasos. Si no hemos sufrido una caída, lo mejor es detenernos en un lugar seguro, preferiblemente fuera de la calzada, señalizando el lugar del accidente con las luces de emergencia de la moto. Si disponemos de prendas reflectantes también nosotros debemos hacernos visibles.

Lo siguiente sería, si el animal está muerto, retirarlo de la calzada para no poner en peligro a otros conductores. Pero teniendo en cuenta que si el animal está herido, puede reaccionar de forma vilolenta y lo mejor es no acercarse a él.

Además, hay que tener en cuenta que existe riesgo de infección; nunca toques animales muertos a menos que uses guantes y por supuesto, nunca sigas a un animal. Cuando lleguen las autoridades, indica su dirección de huida para facilitar la búsqueda del animal herido.

Emergencias y atestado

Acto seguido avisaremos a los servicios de emergencias, policía o la Guardia Civil para que sean conscientes del suceso y lo reflejen en un atestado. Este último será el que podremos presentar a la entidad aseguradora, ya que la moto accidentada deberá ser peritada antes de su reparación.

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Y para poder hacerse, el accidente tendrá que constar en un atestado policial que, a su vez, refleje la existencia de restos del animal salvaje en el vehículo o la calzada.

En cualquier caso y en la medida de lo posible, lo mejor es no tener este tipo de encuentros y sobre todo en estas fechas, circular ojo avizor en las zonas susceptibles de tránsito animal, prestar atención a la señalización de advertencia y reducir la velocidad por si las moscas.

Así evitaremos “animaladas”.

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