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A la caza del sponsor y el cuento de la lechera

Con la cabeza llena de ideas peregrinas quise dar el salto a las carreras de velocidad en circuito, así que tuve que ir a la caza del sponsor, una empresa harto complicada.

Tras haber participado en el campeonato regional de carreras en cuesta en 1983 quería dar el salto a la competición de velocidad, pero en circuito.

Y eso significaba comprar una moto nueva, crear una infraestructura, muchos gastos en desplazamientos y estancia, gasolina, neumáticos y recambios…

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El problema es que aún no tenía un empleo y en unos meses, enero de 1984, me iría a hacer la mili… Todo eran problemas.

No quedaba más remedio que hallar un gran patrocinador que cubriese los gastos o al menos una parte, o buscar varios sponsors para ir “tapando huecos”. Empecé a hacerme el cuento de la lechera soñando despierto, y en aquel momento me pareció un objetivo alcanzable…

Estuve barajando varias ideas entre las que surgió adquirir una Yamaha TZ 250 de segunda mano, una bestia de circuito bastante cara de adquirir y mantener. La segunda opción sería una Yamaha RD 350.

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Pero con los preparativos de la mili dejé el tema aparcado temporalmente y me incorporé a filas. Ya buscaría el tiempo para ir preparando el tema entre permiso y permiso.

Y así, mientras cumplía el servicio militar, continué con mi misión. Busqué en los anuncios de la revista Solo Moto y encontré varias TZ a un precio razonable, pero hubo una que me llamó la atención.

El conocido campeón nacional de velocidad Domingo Gil ¡vendía una de sus TZ 250! Residente en la provincia de Tarragona me iba perfecto para visitarlo, porque yo estaba destinado en la base aérea de Reus, a un tiro de piedra.

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Lo llamé y quedé con él. Me llevó en su furgoneta Citroen C15 a ver su garaje. Fue un trayecto divertido porque en los semáforos hacía carreras de aceleración con el resto de los coches…

“Mingo” Gil me decía “me lo paso bomba acelerando, y es que con su motor diesel y la caja de cambios con la primera y segunda velocidad cortísimas, esta furgoneta parece un dragster”. Doy fe… Aceleraba un montón la maldita furgoneta…

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Con esto llegamos a su garaje. Allí estaba la TZ, con su cajón de recambios, con llantas y carburadores de magnesio, tapada con una lona. ¡Qué ilusión! Tenía solo una temporada a cuestas.

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Tras comprobar que realmente estaba muy bien quedé con él en que lo llamaría, porque primero tenía que solucionar el tema de los patrocinadores. Nunca lo llamé…

Tras comprobar que no llegaba para una TZ, la idea estaba clara: comprar una Yamaha RD 350 con carenado integral para competir en el Nacional de Velocidad en TT-2, una fórmula bastante asequible, aunque no era barata.

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MI PRIMERA MOTO NUEVA FOLLETO Yamaha RD 350F2 1988
Parte posterior del folleto de la Yamaha RD350F2 «brasileña», la moto que utilizaría en el campeonato nacional de velocidad.

Esta rabiosa dos tiempos bicilíndrica era la moto más accesible y con prestaciones, ya que si compraba una moto de 4T debería ser una Ducati Pantah, que era bastante más cara. También existía la opción de una Montesa Crono 350, pero la idea no me sedujo.

Me puse manos a la obra para elaborar un currículum con mis datos personales y experiencia en competición -realmente escasa-, y un anexo con todos los gastos previstos para una temporada.

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En aquel momento no existían los ordenadores personales, así que todo fue elaborado a golpe de máquina de escribir. Preparé un dossier de unas 10 páginas que rematé con unas tapas de cartulina y unos dibujos con la decoración del patrocinador a visitar.

Tras unas cuantas fotocopias y esbozos artísticos a la acuarela de dudosa calidad -no existía aún el retoque fotográfico por ordenador; lo podéis comprobar en la foto de apertura-, ya tenía mi material de ataque preparado. Visitaría cuatro grandes firmas: una cervecera, una firma de snacks, otra de material electrónico y una cuarta que no recuerdo.

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Lo primero fue buscar teléfonos y personas de contacto, para a continuación llamarlos y explicarles mi aventura, para intentar quedar con ellos.

Con la empresa de snacks no lo logré, y a la de electrónica les pareció una locura… Por suerte logré reservar una cita con la cervecera. No era gran cosa, pero había que intentarlo.

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Pertrechado con un par de copias de mi estupendo dossier informativo llegué puntual a la cita que, por suerte, estaba relativamente cerca de casa.

Me recibió un hombre que disfrutó con mi apasionada explicación y se mostró muy abierto. Al final llegaría la decepción… Le parecía un proyecto estupendo, pero era de poca monta.

La cantidad que pedía era muy asequible para una gran firma como ellos, pero hubiese sido perfecto si hubiese sido una gran estructura.

Un equipo con dos motos, un gran camión y, al menos, un piloto con palmarés, me hubiese asegurado no la cantidad que pedía sino hasta diez veces más.

O sea que, a la postre, me quedé sin patrocinador y sin la posibilidad de poder disputar un campeonato “de verdad”. Todo sea dicho, el lado comercial de esta afición tampoco era mi fuerte.

Por suerte llegaría el “II Criterium Solo Moto” que me permitiría disputar un campeonato de velocidad en circuitos “de verdad” con muy poco dinero, pero eso es otra historia…

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