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Rutas

23ª Reunión Riveras del Voltoya

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La concentración de Juarros de Voltoya (Re­unión Riveras del Voltoya oficialmente, la del Foro para los amigos) es una concentración que mantiene el estereotipo de lo que eran las concentraciones de hace más de dos déca­das, en la que solo montaban en moto los más atrevidos, especialmente en las fechas en que se celebra, algo que provocaba que el número de inscritos difícilmente sobrepasase los 200, que en aquellas motos y carreteras (la cosa ha cambiado mucho las últimas dos décadas) era lo mismo que contar 200 historias de la aven­tura que había significado el viaje de cada uno.

El calor de la hoguera y la charla con los co­legas eran lo más para calentar unos cuerpos equipados con barbour y/o monos de cuero negro (el Gore-Tex prácticamente no había lle­gado a la moto), a nadie se le pasaba por la cabeza dar un acelerón más alto que otro y los espantaviejas y paseaterrazas tenías que ir a buscarlos las noches de viernes y sábado durante el GP de Jerez.

Aquellas concentraciones no necesitaban más que el calor de una hoguera, la animada charla de los que se reunían alrededor de ella, algo de música, competiciones de juegos en los que todo el mundo se reía y la alegría de volver a encontrarte con el resto de los amigos venidos de toda España a los que movía una pasión igual que la tuya.

La pequeña localidad de Juarros de Voltoya, en Segovia, tiene muchas cualidades que la hacen perfecta para acoger una concentración de este tipo. Ubicada a 852 metros de altura, dividida por el río Voltoya y con una población que ronda los 300 habitantes, Juarros de Voltoya, situada a 40 km de la capital, se convierte en una fies­ta durante la celebración de la concentración; de hecho, en algunas guías, es posible encon­trar esta, como una de las fiestas del pueblo, a la que acuden vecinos de otras localidades colindantes.

El césped junto al río es, en esta concentra­ción, el principal hotel para los asistentes, ya que el pueblo carece de infraestructura hote­lera y hay que desplazarse a los pueblos de alrededor si se quiere dormir en cama. Lo que no le falta al pueblo son unos pocos bares en los que se puede comer de vicio (estamos en Segovia) y pasar largos y agradables ratos de charla con los colegas.

En la zona de acampada, el sábado por la tarde, la hoguera es la reina de una reunión, cuyo mayor tesoro es la calidad de los moto­ristas que acuden a ella y donde el ambiente de camaradería llega a tus pulmones a través del puro aire que allí se respira. Cuando las sombras de la noche se empiezan a adueñar del ambiente, la imponente hoguera alcanza su mayor protagonismo aportando calor, luz y un lugar perfecto para mantener largas charlas con los colegas mientras se comparten unas cervezas.

Tras la cena en la carpa, poco a poco los asistentes forman una lenta procesión que, tras cruzar el puente de piedra (desde donde se tiene una espectacular perspectiva de la zona de acampada, especialmente las noches de cielo estrellado), les lleva a alguno de los pocos bares del pueblo donde vecinos y mo­teros se mezclan en una armonía pocas veces vista en ninguna concentración. Más charla y algunas copas (la ventaja de no tener que to­car la moto para nada) calientan los huesos del natural frío de la zona y van animando el ambiente, hasta que los fuegos artificiales en memoria de los que ya no están con nosotros avisan a moteros y lugareños de que la disco-móvil va a entrar en acción.

Poco a poco la carpa se llena de moteros, Micky Mouse, Astérix, Obélix, obispos de todo pelo y condición, marujas, gatas, wallys y po­llos… no, no se me ha ido la olla, es solo que en breve comenzará el más alocado y divertido concurso de disfraces que jamás hayas visto, once años ya de imaginación y risas… el sor­teo de regalos, el chocolate con bizcochos y la charla, mucha, terminarán dando por concluida una jornada de sábado para recordar.

Tras la noche del sábado, y sin saber muy bien cómo, esta se ha convertido en la ma­ñana del domingo, y un numeroso grupo for­ma un larga caravana de motos para asistir a la ruta turística, que en esta ocasión llevó a los participantes hasta Carbonero, donde se pudo tomar un aperitivo, antes de regresar a la zona de acampada para, a la vez que se ofrecía el aperitivo-comida, celebrar la entre­ga de trofeos, en esta ocasión con la entrega de diplomas del Trofeo Madrileño de Turismo, trofeo para el que la concentración de Juarros es puntuable.

Finalmente, un año más y tras las inevitables despedidas, te llevas la misma sensación que te has llevado en anteriores ediciones, esto no cambia, y es que cuando los mejores moteros se juntan, no hacen falta rutas barítimas, ho­teles impresionantes, fantásticos comedores o decenas de disco pub. Cuando los mejores moteros se juntan, es suficiente con su espíri­tu. Nada más. Y nada menos.

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