9. Diciembre 2017 - 13:07 | Lluis Morales | Rutas

Como ya es toda una tradición, tras el parón veraniego llegó el Rodibook para volver a llenar Vielha de motos. Nada menos que 700 plazas que se pusieron a disposición de los participantes en junio y que se agotaron en apenas unas cuantas horas, más 50 extras que la organización, con Jordi Esteve a su cargo, logró ofrecer a finales de agosto. 750 motos que fueron coordinadas de modo sublime, con una plaza de aparcamiento numerada para cada de ellas, un briefing en una carpa capaz de acogerlos a todos sin problemas, o una salida perfectamente organizada, escalonada y sin colas.

Muchos son los motivos por los que la impecable coordinación de todos los organizadores, con un buen puñado de voluntarios tanto en el Valle de Aran como en los diferentes puntos de paso, merece un más que sonoro aplauso.

Pero como ya sabemos, el leitmotiv del Rodibook es la navegación, el empleo de un rutómetro a fin de descubrir rincones pirenaicos capaces de sorprender incluso a quienes llevamos muchísimas jornadas recorriendo sus puertos. No hay año en el que la ruta, confeccionada por el incombustible Fernando “Búfalo” Gil, no incorpore algún rincón que te deje con la boca abierta por su belleza o por lo divertido de su trazado.

En esta ocasión, a puntos conocidos por la mayoría de quienes recorremos con frecuencia kilómetros por los Pirineos como el Portillón, el Tourmalet, el Aubisque, MarieBlanque, Col du Soulor, Anzánigo, Jaca o Aínsa, debimos sumar alguno que otro muy especial, como el puerto de Labays, al que accedimos tras superar el Col d’Ichère, o el de Pierre-Saint-Martin, justo después. 

Dos puntos que ya merecían, por sí solos, un montón de kilómetros para llegar a Vielha ese fin de semana. Si en la próxima primavera o verano te mueves por el Pirineo francés, oblígate a buscar Labays y disfruta de su denso bosque con gigantescos árboles plagados de enormes bloques de musgo, un paisaje de cuento...

Jornada épica

Cuando se comenzó, a las seis y cuarto de la mañana del sábado a dar salidas de cuatro en cuatro, la temperatura del termómetro era muy baja, y con lluvia en el suelo caída a lo largo de la tarde-noche anterior. A medida que avanzó la jornada fue aumentando hasta superar los 28 grados, mientras que al entrar en territorio navarro por Larrau, ya bien avanzado el día, regresaron el frío intenso y la llovizna.

Todos estos ingredientes, más una enorme disparidad en las carreteras que recorrer, hacen que el Rodibook haya recuperado la dureza de ediciones anteriores y que quizá había bajado un poco en 2016, cuando el trazado incluido en su rutómetro fue bastante más sencillo, con carreteras más facilonas y menos navegación. Ahora se ha vuelto a unos puertos buenos, malos, de asfalto impecable o roto, de todo tipo, pero siempre impecablemente recogidos en un rutómetro fiel que hacía prácticamente imposible perderse de no ser por despiste propio.

La fidelidad y el esmero con el que se confecciona es muy superior al del resto de los rutómetros que hemos encontrado en otros eventos: espectacular. Es lo que tiene que quienes se encarguen de ello sean veteranos del París-Dakar, entre otras aventuras de las de entidad...

Rodibook de este año ha vuelto a contar con un servicio de asistencia técnica, con montaje de neumáticos o pastillas de freno a todo aquel que lo necesitara; de un excepcional catering en la cena de la carpa, incluida en la inscripción, o de la colaboración de KTM y Husqvarna, quienes pusieron a disposición de los que quisieran probarlas a lo largo del viernes buena parte de sus respectivos modelos de carretera.

Un punto de aventura

No podemos olvidarnos de destacar el comportamiento de la 1090 Adventure que KTM puso a nuestra disposición para completar el recorrido con las mayores garantías. una moto que se mostró tan ágil, cómoda, potente y polivalente como para ser la mejor de las opciones disponibles a la hora de afrontar los 670 kilómetros, en los que había desde asfaltos como para limpiar los cantos de los neumáticos hasta tramos plagados de hoyos y gravilla.

Fue la misma elección de todo un pluricampeón del mundo de enduro, Iván Cervantes, quien fue invitado a participar el pasado año y que este dijo venir “motu proprio”, porque el gusanillo de la Rodibook le había picado. También hizo lo propio Xavi Galindo, en su caso a lomos de una Husqvarna 701 Enduro.

La misma esencia

El caso es que, tras haber completado varias ediciones, vemos que se trata de un fenómeno que engancha, que ha ido creciendo en dimensiones, pero sin perder el mismo espíritu de aquellos briefings iniciales que se podían hacer en una pequeña sala de un hotel. Seguimos viendo a los mismos freaks que hacen (o hacemos) la prueba casi del tirón, a quienes se lo toman con mucha más calma, en plan safari fotográfico, o a quienes deciden aumentar la proporción de reto personal al tomar parte con una incombustible Impala, o con una banda de deportivas 2T de 75 c.c.

Todos regresamos de cada Rodibook pensando en ese amigo que no lo ha probado aún, y en la siguiente edición. Por algo será...

Más información

Récord de participación para la ruta Rodibook 2017

29.08.2017 | Rutas
El Rodibook de este año contará con 750 motos, un nuevo récord para el evento que ha tenido que ampliar las plazas debido a la alta demanda.
 

Ruta por los Himalayas Indios (Parte I): El Valle de Sangla

19.11.2017 | Rutas
Alcanzar las tierras altas de los Himalayas parecía una utopía desde la caótica ciudad de Delhi. La humedad y los más de 38 grados no permitían que la cabeza discurriese bien. Dos noches más tarde estábamos rozando la montaña, paisajes increíbles y unas carreteras únicas nos esperaban a más de 2.000 metros.
 

Comentarios de Facebook