5. Marzo 2017 - 10:50 | solomoto.es | Rutas
Texto: Alicia Sornosa

Pese a que hay dos puertos más desde donde llegar a Baja California Sur, he elegido el de La Paz, prime­ro por ser la capital de esta península y segundo porque sale desde una ciudad mágica en la costa mexicana: Mazatlán (Sinaloa). En el malecón de esta ciudad, uno de los más largos del mundo con 21 km, se encuentra esta estatua de un famoso actor y cantante del Siglo de Oro mejicano, Pedro Infante, representado sobre su moto, mirando hacia la ciudad.

Me subo al ferry y paso la noche, unas doce horas, hasta arribar a la costa de La Paz. La llegada es temprana, aún no ha amanecido del todo, pero entre que salimos y hecho gasolina, ya es la hora de rodar.

La primera impresión al situarme sobre el asfalto es la de estar en un lugar conocido; quizás por los cactus o el color difumina­do de la bruma al final de una larga recta, me recuerda a estar en Almería, al sur de la Península española. El desierto me da la bienvenida.

Decido recorrer el sur, llegando primero a un lugar especial, una raya imaginaria que cruza el globo: el trópico de Capricornio. Allí hago la primera parada y confirmo que los mejicanos siguen siendo unos acérrimos adoradores de su Virgen de Guadalupe, a la que regalan y dedican desde pequeñas capillas a otras bien hermosas como la que encuentro en este artificial lugar.

La recta se hace interminable y deseo llegar pronto a la primera población: Los Barriles. Allí puedo repostar y desayunar algo. La carretera se retuerce y hace más estrecha en esta pequeña sierra que poco a poco voy pasando. Los pueblecitos encas­trados en la roca, de vivos colores, dan la bienvenida con sus enormes topes (badenes muy altos para reducir la velocidad de entrada y salida de los pueblos) a todo tipo de vehículos.

Pese a tener miedo por el tema del repostaje, me voy dando cuenta de que no es tal, me relajo y estrujo el puño de mi Scrambler, haciendo rugir su motor y divirtiéndome como una niña entre las curvas de esta carretera.

En Los Barriles vislumbro los primeros colores que regala el mar de Cortés, azul intenso, con preciosa arena blanca en la orilla. Me parece un paraíso. Los enormes cactus flanquean la carretera. Cómo no, la comida preferida en esta parte son los camarones. Grandes, pequeños, blancos o rosas, gordos o rizados, en ceviche, en taco o fritos, los hay de todas maneras y es genial poder comerlos a pie de carretera.

Con el estómago lleno, vuelvo a tomar la carretera para des­viarme hacia un lugar de increíble belleza: Cabo Pulmo. La pista de unos veinte kilómetros es bastante ancha, casi desierta, con mucho polvo, unas incomodísimas ondulaciones en el piso que hacen que tenga que mantener una velocidad más alta de lo que me gusta para que no se pulverice la moto. Decido bajar la presión de la trasera para no rebotar tanto y pongo atención a las bancadas de arena, que hacen muy lento mi avance.

Llega un momento en que el paisaje me absorbe. El desier­to, una línea blanca y un mar desde el azul más claro hasta el más intenso. Cabo Pulmo es un lugar especial donde ir a bucear, a pescar o simplemente a descansar mirando al horizonte. Pero me queda mucho camino y debo retornar por la misma pista, no me atrevo a seguir más allá cuando viajo sola, dos o o tres caídas en la arena pueden hacer que me agote, deshidratarme y no veo que haya tráfico en esta parte del camino. Regreso sobre mis huellas y retomo la carretera para llegar a Los Cabos.

De nuevo la carretera rectilínea que se acerca directa a la cos­ta. El paisaje de nuevo es impresionante, en Los Cabos unas rocas se asoman al lugar donde se junta el mar del Cortés y el Pacífico, pero la cantidad de urbanizaciones y casas casi en la orilla me impide disparar la deseada foto con la roca con forma de arco que tanto deseaba. Salgo de allí horrorizada, un lugar mágico absorbido por el turismo americano, lleno de autobuses, con aeropuerto y mil lugares donde pernoctar.

Retomo el camino por una autopista que me deja ir mirando el mar a mi izquierda. Este es el lado del Pacífico y mi destino, Todos Santos.

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