14. Marzo 2017 - 12:53 | Lluis Morales | Rutas

Tras las lógicas reagrupaciones en función de niveles de conducción, el repaso a todas las motos y un preciso briefing por parte de los organizadores, llegaba el día en que nos adentraríamos en el duro y puro desierto del Sáhara. Partimos de Midelt por la mañana habiendo hecho caso a la insistencia de los organizadores de que era imperativo llevar en el Camelbak tres litros de agua por la dureza de lo que nos esperaba, y con un fuerte y desagradable viento que traía frío del paisaje nevado que dejábamos a la espalda (partimos con ropa de enduro en espera de más de 30 grados en pleno Sáhara por la tarde, lo que es poco agradable mientras te mueves a 8 y por carretera a primera hora, cuando el cuerpo aún está poco activo).

Nos empezamos a mover por un puerto de asfalto de bello trazado y más bello paisaje, pero totalmente árido, en contraste con lo visto los días previos. Pero tras unos pocos kilómetros tomamos una pista pedregosa que duraría casi 200 km, con trazado muy duro, plagado de piedras y con la compañía de algún que otro asno, rebaño de cabras con su perro y su pastor, y los niños que salen de cualquier punto a tu paso a saludar. Si has estado en África ya debes conocer ese sorprendente fenómeno: niñas y niños que aparecen a pie de camino sonrientes, saludando efusivamente transmitiendo alegría. Una preciosa sensación.

La pista se fue adentrando por gargantas y montañas donde la única vegetación que encuentras es alguna que otra acacia que sobrevive a la falta de agua y al azote de los aires cargados de arena. Ves el paisaje marcado por la erosión y no llegas a entender cómo es que la tierra y las piedras acaban llenas de grandes cortes mientras que ese árbol viejo y retorcido sigue en pie, luchando solo por sobrevivir.

Indicación clara de Alejandro, nuestro veterano guía: al parar no hay que acercar la moto a la sombra de esos árboles, la única que ves. Y es que el suelo de su alrededor está plagado de espinas que hacen pinchar las ruedas a muchos de los que instintivamente que buscan cobijo...

Las horas se suceden, y el frío de la mañana ya es historia. En un punto de la dura pista fuimos haciendo un alto para esquivar un cortado que se había hecho con la lluvia de las semanas precedentes. Ya se sabe: donde llueve poco suele hacerlo de modo que lo que cae es duro, a veces devastador. Un pequeño rodeo asesorados por los expertos guías, y listo. Pero las horas pasan y el cansancio se acumula especialmente entre quienes tienen poca experiencia en campo, puesto que son quienes van más tensos al pasar por curvas de tierra que acaban en precipicio, o al superar los escalones de las bajadas. Es por ello que el ritmo va bajando en algunos grupos para evitar equivocaciones.

Repostamos en un pequeño pueblo a los 150 km, como se nos indicó que era imperativo por ser la única gasolinera en la ruta en centenares de km a la redonda, y seguimos rumbo al punto donde los organizadores montaron el punto de avituallamiento (que en medio de la nada te aparezcan unas carpas de Honda donde están preparando viandas a la parrilla, bebidas y café es un lujo indescriptible...). Y tras ello, el punto de no retorno...

Aquí se daba la oportunidad de seguir la ruta prevista, con una dureza considerable, o efectuar un enlace por carretera hasta el hotel Xaluca, en Maadid. Mi grupo fue el primero en llegar y decidimos comer rápido y partir rápido por las pistas, puesto que así encontraríamos menos polvo y menos gente atascada si la hubiere en la arena. Y es que comenzábamos un track de unos 120-130 km en los que estás en el desierto que imaginas, ese en el que giras la vista 360 grados y no ves nada a tu alrededor.

La experiencia resultó extasiante, donde descubrimos en los bancos de arena el porqué del la palabra épica asociada al nombre de esta aventura. En la siguiente entrega os contaremos qué pasó en esas arenas y en las de Merzouga, territorio por el que nos moveremos a lo largo de dos jornadas con estas sorprendentes AfricaTwin que no están planteando el menor percance más allá de cambiar algún paramanos roto. Espectacular...

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