16. Marzo 2017 - 12:59 | Lluis Morales | Rutas

La primera de las dos etapas de navegación por pistas de puro desierto con lenguas, bancos y ríos de tierra nos planteó a todos los participantes algunas dificultades al principio, pero alegrías al final de la jornada. Y es que, antes de enfrentarnos a la arena, nuestros guías nos dieron instrucciones precisas sobre la técnica necesaria para cruzar ese medio con una maxitrail.

Sobre el papel es sencillo: el trasero muy atrás, gas a fondo con el control de tracción desactivado, manillar apenas sujeto -solo acompañado con las manos, sin ejercer la menor fuerza sobre el mismo- y evitar la tentación de cortar gas o rozar siquiera el freno delantero. Si se desplaza algo de peso sobre la rueda delantera al cruzar la arena, casi irremediablemente se acabará hundiendo y cruzando, y terminaremos en el suelo. Así que todo pasa por descargar al máximo de peso la rueda delantera y conseguir que flote sobre la tierra mientras la trasera nos empuja.

Parece fácil, pero en la práctica, dado que es una técnica opuesta a todo lo que hemos hecho en moto anteriormente, el cerebro lucha por intentar salvarte de lo que cree que es una caída segura... haciendo exactamente lo que no se debe hacer.

Así pues, tras los primeros intentos de cruzar ríos de tierra fina descubrimos que sí, que entrando en ellos con velocidad (en segunda a medio régimen o primera a fondo), y manteniendo ese gas abierto mientras el manillar oscila a lado y lado, si no pasa nada raro acabas cruzando a la otra orilla.

Pues bien, como era de esperar, salvo en el grupo de aguerridos veteranos endureros, de los cuales casi todos habían hecho arena en rutas anteriores, el resto del personal estábamos por estrenar en este medio. Así que las caídas o las ruedas traseras hundidas en la arena fueron la tónica general durante los primeros pasos, y los grupos no pararon al principio de parar para levantar motos entre dos o tres (es agotador si no lo haces correctamente...), o para ayudar a desenterrarlas y reanudar la marcha.

Pero todo el mundo le fue cogiendo, más rápida o más lentamente, el aire a la técnica requerida, y cada vez se fue cortando menos el gas al ver aparecer la arena, pasando lenguas o ríos cada vez más largos hasta llegar a suelo algo más compacto. Y la sensación que te provoca el llegar al otro lado tras haber recorrido varios metros al principio, varias decenas después, y algunos cientos de metros al final del tirón, con el motor empujando fuerte y la rueda delantera flotando libremente, es indescriptible. Así, hasta conseguir que los nervios iniciales frente a cada uno de estos arenosos obstáculos se convirtiese en disfrute y diversión.

La llegada a un campamento de jaimas -las tiendas bereberes- situado a los pies mismo de las grandes dunas de Erg Chebbi dio paso a un anochecer en el desierto, un espectáculo de belleza insólita. Al despertar nos esperaba una sesión de dunas, que requerían aplicar la técnica aprendida con la arena, más una buena dosis de lectura del terreno para ver cómo llegar a la cresta, donde la arena es más compacta, y subir y bajar. Además de algunos trucos necesarios para desenterrar y girar la moto cuando nos quedemos clavados, agotados y con un sofocante calor...

El caso es que tras una clase teórica y una demostración práctica por parte de uno de los expertos guías que llevamos, apareció a lo lejos otra AfricaTwin que recorría las dunas como si fuesen su medio natural, que derrapaba sobre ellas como si estuviese en un llano y que iba por donde quería, no sobre donde podía. Se perdió en el horizonte tras escalar sin atascarse ni un instante a la duna más alta que veíamos (unos 150 metros... ¡glups!), y de golpe apareció de nuevo desde el lado opuesto, se paró en la cresta, saludó, y una estela de arena salió despedida de su rueda trasera mientras empezaba el descenso.

Llegó dando toda una exhibición de pilotaje hasta nuestro campamento y allí vimos que se trataba de Paulo Gonçalves,  el piloto oficial HRC en el mundo de los raids, campeón del mundo de Raids en 2013 y segundo clasificado en el Dakar 2015, quien a partir de ese momento convivirá el resto de la ruta con todos los integrantes del AfricaTwin Morocco Epic Tour.

Toda una sorpresa que Honda tenía guardada para los participantes... Ver en vivo a alguien capaz de bailar con una AfricaTwin como él lo hace sobre las enormes dunas de Merzouga es una experiencia que ninguno de los expedicionarios olvidaremos, como tampoco olvidaremos la convivencia con Paulo a lo largo de las jornadas que nos quedan, ya que, además de uno de los mejores pilotos del planeta sobre una moto de campo, es el tipo más próximo y amable que puedas imaginar.

El cómo y cuánto sufrimos en las dunas es otra historia, y os la contaremos en la siguiente entrega, si bien os avanzamos que es una experiencia dura, pero increíblemente gratificante una vez superada.

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