4. Febrero 2018 - 18:25 | Jordi Mondelo | Pruebas
Yamaha
Imagen de Jordi Mondelo

Yamaha se ha sabido diferenciar de la competencia con productos que se salen un poquito de lo habitual. Es el caso del X-Max, que a su llegada al mercado en 2006 se convertía en el primer GT compacto de 125 cc al que le cabían dos cascos integrales bajo el asiento, aventajando en agilidad urbana a los Yamaha Majesty, Suzuki Burgman y demás.

Sin embargo, con el paso del tiempo, el X-Max ha visto nacer a nuevos rivales y reforzarse a los que ya existían. Por eso Yamaha ha decidido darle otros argumentos con los que defenderse ante la competencia, como un impecable aspecto deportivo a la par que elegante –con una estética muy cercana a la de sus hermanos de mayor cilindrada– o dotarlo con un equipamiento y unos acabados de altísima calidad.

De hecho, en esto último es donde se ha puesto el acento a la hora de renovarlo de cara a la próxima temporada, al tiempo que se ha adaptado a la nueva Euro 4, evidentemente.

Lujo talla XXL

Pocos scooters del mercado ofrecen un equipamiento al nivel del X-Max. En esta nueva versión 2018 se ha mejorado la estética al replicar la misma que lucen las versiones de 300 y 400 cc; una imagen muy al estilo T-Max 530. Con ello se ha mejorado en presencia, mientras que con la incorporación de algunos elementos de aluminio (en contraescudo y asiento), la óptica full led y faros minimalistas de aspecto muy rasgado, la nueva electrónica –que incluye control de tracción y llave remota– y con un cuadro de mandos con pantalla LCD de mayor y con más información, se ha optimizado el equipamiento hasta situarlo en la élite de los scooters de su misma categoría

El motor, aunque se ha adaptado a la Euro 4, no ha perdido prestaciones, mantiene los 14,3 CV, en ese sentido cabe destacar que el X-Max 125 ha sido siempre un scooter con una relación automática muy abierta, que nos permite estirar la velocidad hasta superar con solvencia los 100 km/h a cambio de sacrificar algo de aceleración en las arrancadas; esta versión 2018 no es una excepción.

En cuanto a la ergonomía, se agradecerá que Yamaha haya pensado en todas las tallas y permita el reglaje del manillar en dos diferentes posiciones –la pantalla también se regula en dos alturas–. Por último, decir que en la parte ciclo, aunque tenía poco margen de mejora, se nota más estable en curvas a cualquier velocidad, y eso se debe a que el tren delantero disfruta ahora de una horquilla con doble pletina (como en las motos).

Así pues, para 2018, el benjamín de los X-Max recibe una serie de mejoras en ergonomía, estética, equipamiento y parte ciclo que bien merece un incremento en el precio en propor - ción. Sin embargo, el precio de esta versión 2018 apenas ha crecido con respecto a la versión anterior y se queda en unos aceptables 4.799 euros.

YamahaYamaha X-Max 125

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