7. Marzo 2017 - 11:00 | Jordi Mondelo | Pruebas
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Solo un día después de la presentación de la sexta generación del T-Max en Ciudad del Cabo, Yamaha nos daba la oportunidad de subirnos a la más exclusiva de las MT-10, la versión SP.

Se trata de la misma MT-10 que conocemos pero equipada con suspensiones semi-activas Öhlins –las mismas que las de la R1M pero con otro setting interno), cruise control, un nuevo mapa de la inyección (Euro4), quick shifter y el mismo tablier TFT a color de la R1 y R1M. Vaya, una MT-10 supervitaminada.

Al poco de estar sobre ella se percibe que el resultado de estas suspensiones está presente en cada momento. En buen asfalto la moto es un tiralíneas, mientras que en carreteras con irregularidades éstas se adaptan constantemente a ellas (la centralita de Öhlins hacen un cálculo cada 10 ms) para favorecer el confort sin perder un buen rendimiento sport. También se puede seleccionar entre dos diferentes modos activos (inteligentes), uno más duro y otro más blando, o preseleccionar nuestro setting preferido y guardarlo en memoria (puede guardar tres.

Me sorprendió la respuesta de Akinori Hirano, el Project Leader de la SP, cuando le pregunté si se había mejorado el sistema de frenada respecto a la versión base; se lo pregunté porque me pareció que frenaba mejor, así que cuando paramos me fijé y vi que los pistones de la pinza delantera parecían los de la R1. Akinori me dijo que no, “son iguales que en la MT-10, sólo cambian las tapas de los pistones, que efectivamente son los mismos que monta la R1, pero por dentro el sistema es exactamente igual. El hecho de que notes que frena mejor que la versión base se debe únicamente al sistema de suspensiones  endurece la horquilla en el momento que nota una sobrecarga, y eso hace que el peso que recae en ambos trenes se equilibre”. A mí me parece increíble que sea el mismo sistema, la SP frena mucho mejor. Bravo por Öhlins.

Dinámicamente la SP es verdad que está bastante por encima que la versión base. En cambio el motor, al que se le ha cambiado el mapa de la inyección para superar la Euro 4, ahora es más progresivo. Mantiene los 160 CV y se notan, pero no hay patada a las 7.000-8.000 vueltas como en la MT-10, al menos en la que conocíamos hasta ahora, porque adquiere para esta temporada ese mismo mapa de inyección, lo mismo que la Touring Edition, presente también en Ciudad del Cabo. Encadenar marchas a altas revoluciones con el nuevo quick shifter es toda una sensación; si escuchas el sonido desde lejos da la sensación de estar en un circuito y que una SBK vaya a pasar por delante de ti.

En definitiva, que la nueva MT-10 SP, el modelo que adquiere ahora el papel de top de la gama MT, me ha gustado mucho, incluso estéticamente me parece que le sienta fenomenal los colores de la R1M. Sólo el precio me parece un poco excesivo, y es que la entrada de la Euro 4 ha significado un aumento de precios en muchos modelos de nuestro mercado, algo que en la mayoría de países europeos no ha sucedido. En total, serán 18.299 euros los que tendremos que pagar por esta exclusiva naked de Yamaha; la exclusividad cuesta dinero.

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