17. Enero 2018 - 18:10 | Judit Florensa | Pruebas

Noticia patrocinada por:

Aprimoto.es.

Yamaha nos citó en Faro, en el sur de Portugal, y nos preparó una preciosa ruta en la que recorrimos pueblos, carreteras más o menos rápidas y un largo y divertido tramo de curvas en las que pudimos comprobar todas sus facetas.

La base sigue siendo la misma y conserva todos los componentes que la han consolidado en su segmento de mercado. Empezamos por los elementos más brillantes. De entrada, el motor tricilíndrico en línea de 847 cc, con la configuración bautizada por Yamaha como crossplane, y de 115 CV. Gustoso como él solo, quienes lo hayáis probado ya sabréis de lo que hablo. Fino, libre de vibraciones y con un par motor que te hace disfrutar todo lo que quieras y más. Además, en función de tu experiencia o de lo canalla que te hayas despertado, puedes configurarla a tu antojo regulando el control de tracción (o incluso desconectándolo) y seleccionando modos más o menos intrusivos. Os prometo que con el A tendrás una deportiva de lo más cañera, con algo de mala baba, pero que podrás dulcificar seleccionando el Standard o incluso el B. Con este último se vuelve más dócil y mucho menos arisca, aunque no por ello dejas de ir rápido. 

El motor forma un gran tándem con el chasis. Tengo que reconocer que donde más me he divertido ha sido en los tramos de enlazar curvas. En el momento de cambiar de pesos rápidamente parece adelgazarse y que de los 193 kg pase a prácticamente la mitad. La única pega que se le podía poner al modelo estándar eran las suspensiones por lo que, para solventarlo, tienes la opción de poner un kit  – con el consecuente desembolso de dinero – o bien decantarte por este modelo SP. Son 1.200 euros más, pero es una inversión que realmente vale la pena. Así, la estabilidad en curva está garantizada, del mismo modo que el aplomo y la sensación de confianza curveando o a la hora de frenar. Todo ello te permitirá disfrutar de lo lindo de tus escapadas. 

La SP ahora equipa una horquilla invertida Kayaba totalmente ajustable – en la estándar es solo regulable en compresión- y detrás un monoamortiguador Öhlins también regulable - Kayaba en la normal -. Esta es la gran novedad que remata un conjunto realmente bueno, en el que cuestiones como el embrague antirrebote o el quickshifter – solo para subir marcha - contribuyen a hacer la conducción más eficiente, precisa y placentera.

Y, como habéis podido ver en las fotografías, estéticamente también ha sufrido modificaciones. El nuevo aspecto de esta naked está inspirado en el esquema de color de su hermana mayor, la MT-10 SP, e incluye detalles en azul, como las bandas en el depósito, las costuras del asiento –con un tapizado de mayor calidad– o las llantas. Además, el manillar y las manetas son completamente negras en esta versión, en el que también se ha invertido el color de la instrumentación, con dígitos blancos sobre fondo negro. Este look oscuro le proporciona una imagen de superior calidad, que remata un aspecto general más deportivo y cañero que en la versión estándar.

Pronto tendréis en el quiosco el Solo Moto Sport and Young de febrero y, un poco más adelante, el nuevo número del Solo Moto 30, en el que entraremos más en detalle en los pormenores de esta novedad de la firma de los diapasones. 

Comentarios de Facebook