7. Febrero 2015 - 16:36 | Sergi Mejías | Off-road
Santi Díaz

-Sergi, ¿cómo lo tienes para pro­bar la KTM Freeride E-XC?

-¿Yo, enduro? Ya sabes que me gusta y siempre que puedo me esca­po, pero no soy un especialista.

-Pues precisamente por eso.

Así es como empezó una de las pruebas más interesantes que hemos podido reali­zar. Sí, en su día nos subimos a la Honda NSR 500 de Alberto Puig o a la Honda RC211V de Nicky Hayden de 2006, por poneros los dientes largos, pero hay vida más allá del asfalto y motos que descu­brir. Y éste es el caso de la KTM Freeride E. No os engañaremos a estas alturas de la película de si teníamos nuestras dudas aun sabiendo que KTM no hace las cosas a medias, es decir que si saca algo a la calle, es que funciona. Pero aun así ya nos costó pasar en el enduro de 2T al 4T en su momento, como para que ahora nos llegue una enchufada. Y como más de una vez, con la Freeride E-XC casi caí­mos en la trampa de realizar un juicio de valor sin saber realmente lo que teníamos delante.

Busca las diferencias

Te la miras y hay algo que se te escapa, pero no sabes bien qué. ¿El motor eléc­trico? Evidente. ¿La falta de palancas en los pies? Caliente, caliente. Y finalmente caes en la cuenta de que no lleva ni tubo de escape, ni silencioso, un elemento tan significativo en cualquier moto. Ya te ade­lantamos que al principio echarás en falta el sonido del motor, pero después ni te acordarás. Como podéis ver en las fotos, la Freeride E-XC está hecha a imagen y semejanza de sus hermanas de gasolina.

La altura del asiento no es exagerada, de ma­nera que se muestra accesible para usuarios de talla media (1,75 m). Y una vez encima, la sientes estrecha y compacta, como esperas de una moto de enduro. Sin embargo, cuando subes a su grupa, todo cambia. Sobre la pipa de dirección encontramos el panel de control para seleccionar los modos de conducción y controlar el nivel de carga de la batería. Po­demos elegir entre tres modos: Economy (1), Standard (2) y Advanced (3), mientras que el nivel de carga es luminoso, con las franjas verdes que indican una carga total; en naran­ja, entre un 40 y 20 %, y roja, entre el 20% y cero.

Para ponerla en marcha bastará con girar la llave de contacto y darle al botón de arran­que, pero en lugar de oír el rumor de un motor térmico, sencillamente apenas oiremos nada, sólo que el cuadro de instrumentos y el panel de control cobran vida. La elección del modo es bien sencilla a través de un botón. Y con el modo 2 empezamos a rodar. Hemos probado todos los scooters y motos eléctricas, pero nunca nos deja de sorprender la ausencia de ruido al empezar a circular. Un leve zumbido del motor eléctrico y el propio ruido del ro­zamiento de las ruedas serán nuestra única compañía. Al principio resulta extraño salir con una moto sin accionar el embrague, y más todavía sin hacer ruido. Pero sólo son matices, una persona con problemas auditivos no no­taría la diferencia.

Tenemos ante nosotros entre hora y hora y media, que es lo que dura la batería, de di­versión asegurada. Y es que cuando llevas cinco minutos con ella te olvidas de que es eléctrica y de la ausencia de ruido; su exce­lente comportamiento dinámico y lo bien que lo llegas a pasar compensan todo lo demás. De salida piensa que tienes los frenos en las manos, de manera que ahora podemos con­trolar el freno trasero con mucha más preci­sión que con una moto de enduro normal, ya que las botas nos limitan bastante el tacto, más todavía para los que no somos tan pros.

Bajos y medios únicos

Como os habíamos dicho, KTM no se tira a la piscina sin saber si está llena. Y tras cinco minutos de warm up para ir conociéndonos, os podemos asegurar que la Freeride E-XC funciona. ¿Funciona como qué? Pues como una moto de enduro de 125, para que os ha­gáis una idea. El motor ofrece unos bajos y medios, sin tirones de ningún tipo, como nin­guna moto, de manera que no cuesta imaginar lo bien que nos irá y lo fácil que nos lo hará en cualquier situación. De hecho, tenemos que reconocer que en algún tramo pasamos con más facilidad, y disfrutamos más, con la eléctrica que con sus hermanas de gasolina, porque con la E-XC tu nivel de enduro sube. Controlar los frenos con las manos y tener los pies libres es un valor añadido que no lo apre­cias hasta que no lo pruebas. Además te olvi­das del embrague, del cambio, de subir o bajar marchas; sólo tienes que dar gas o cortar. Más fácil, imposible. La Freeride E-XC se muestra muy ágil y manejable. Por cierto, que no os lo habíamos dicho, esta E-XC ya montaba ruedas de taco en lugar de las de trial.

Si los bajos y medios ayudan en tramos chun­gos, y no tanto, os podéis imaginar en pistas rápidas las recuperaciones y lo que puedes lle­gar a enchufar porque la entrega de potencia es lineal. Ya con confianza pusimos el modo 3. Y cambia bastante, ya que la respuesta es más enérgica, si cabe, aunque también el consumo de batería es mayor, evidentemente. El modo más equilibrado, no obstante, es el 2; la moto va fenomenal (alcanza 90 km/h de velocidad máxima) y la batería te dura más.

Empuja un montón

Para poderla exprimir sin problemas, un día nos acercamos al Off Road Circuit de Cata­lunya, conocido antaño como el KRTR (Kenny Roberts Training Ranch), gestionado por Lucas Oliver y que cuenta con circuito de motocross, flat track y minicross. Al no ser especialista, nos bastó rodar en el circuito de minicross para constatar las inmensas posibilidades en un circuito cerrado. El motor empuja una bar­baridad en modo 3, aunque poder controlar, y bloquear, el freno trasero con la leva izquierda es un plus. Para un usuario con poca expe­riencia como yo, la Freeride E te lo hace todo fácil, aunque acabas rodando bastante rápido porque todo te ayuda, desde la respuesta del motor hasta el peso que mueves y el tacto de los frenos. Con el indicador luminoso pa­sando ya del naranja al rojo después de una intensa prueba, acabamos poniendo el modo 1, que, para hacernos una idea, es más suave que cualquier modo Rain que hayáis probado en otra moto, pero que te permite optimizar la autonomía.

En suma, os podemos asegurar que la KTM Freeride E-XC no os defraudará en términos de comportamiento dinámico, al contrario. A partir de aquí tienes que valorar otros as­pectos, como su rango de utilización con una autonomía de entre una hora y 90 minutos y el precio de adquisición. Pero recuerda que no te gastarás un euro en gasolina y cargar la batería cuesta 80 céntimos. Además, el mante­nimiento es irrisorio, sin aceite, filtros, bujías… ¡Ah! Y para cargar la batería a tope tardarás 80 minutos y sólo 50 para disponer del 80 %; not bad, ¿eh? Esta KTM es toda una enchufada.

 

Para más información échale un vistazo a la ficha técnica de la KTM Freeride E-XC.

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