5. Marzo 2017 - 17:05 | Lluis Morales | Pruebas
Fotos: Santi Díaz

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Aprimoto.es.

Las dos invitadas de hoy, pese a ser modelos de reciente aparición en el mercado, han tenido ya su protagonismo en Solo Moto 30. La R1 fue probada hace menos de dos años en su presentación por parte de Jordi Mondelo, quien tuvo el privilegio de desplazarse hasta Eastern Creek, Australia, para descubrir cómo iban las nuevas versiones normal y M. Más tarde, Antoni Guinovart pudo compararla en Paul Ricard con las mejores superdeportivas del momento

De nuevo se repite la historia: Jordi Mondelo acude a la presentación de la MT-10, que tuvo lugar en Almería, y Guinovart procede a compararla con el resto de los streetfighters hace muy pocos meses. En ambos comparativos, las representantes de Yamaha en sus correspondientes categorías fueron de las mejor valoradas por la totalidad de los probadores implicados. Algo que dice mucho de ambas... Se adaptan con facilidad a todo tipo de pilotos y de trazados.

En cualquier caso, teníamos una constante en todos esos artículos: que las R1 se probaban en circuito y las MT en carretera. Dado que comparten la base en cuanto a motor y chasis, se nos ocurrió que resultaría interesante ver qué tal se enfrentarían ambas en las calles y en nuestras carreteras favoritas.

En parado
 

En estático hablamos de dos pruebas distintas, la de la terraza y la de “me subo y a ver qué me cuenta antes de arrancar”. En la primera parte no hay color: la R1 es una de las deportivas más bellas y espectaculares, probablemente la que más junto con las Panigale y RSV4. Su estética, pese a ser una RR japonesa (habitualmente menos arriesgadas que las europeas en este apartado), es absolutamente personal y cuenta con detalles de los que acaban marcando tendencia pese a parecer algo extraños la primera vez que los contem­plas.

Es pequeña, tremendamente compacta y... preciosa. Por el contrario, la MT-10 tiene un frontal que parece demasiado extraño para muchos, con unas líneas que recuerdan la cara de un transformer. Tiene su encanto, está claro, pero a quien no se enamore a primera vista de ella, le cuesta un cierto período de adaptación.

Si te subes a la R1 antes que a la MT, la primera te parecerá una deportiva compacta, pero con todo en su sitio, y muy espa­ciosa en el sentido de que el asiento te permite echarte hacia atrás o adelante con suma facilidad. Pero al subir a la MT-10 te das cuenta de que esos semimanillares que un instante atrás no parecían ser demasiado bajos no tienen nada qué ver con la posición que te brinda el manillar de la naked.

En ella las manos están elevadas y separadas del cuerpo lo justo para que sientas que estás a los mandos del mejor timón, y que veas que enseguida estarás pasando muy fácilmente entre los retrovisores de los coches atascados camino de alejarte de la urbe y empezar a disfrutar de curvas de todo tipo.

Mientras tanto aprecias que el motor de la MT gira mucho más fino y redondo a muy bajo régimen, deja arrastrar el embrague con mayor soltura en ciudad. El primer tercio del recorrido de las suspensiones es confortable, tanto como para sentir que esta bestia de 160 CV y mucha mala leche, como veremos más adelante, es tan civilizada como la mejor de las naked urbanas.

En cambio, la R1 es un poco demasiado seca de suspensiones. Es una moto que te deja con la sonrisa en la boca mientras la llevas entre coches, que no se calienta en exceso pese a tener una central nuclear de 200 CV entre las vigas de su chasis Deltabox y que quiere salir de las calles, porque ahí se siente como un leopardo en una jaula. Pero no por ello es tosca de mandos, se trata de que su rigidez general y sus firmes hidráulicos y muelles están esperando una guerra muy distinta al de los baches, las alcantarillas y los semáforos.  Pero el embrague no refunfuña, los frenos son dosificables y es sumamente estrecha, con lo que pasas por donde quieras.

Hora de respirar hondo
 

Empezamos a dejar un medio que, al fin y al cabo, no es el ideal para ninguna de las dos. Y lo hacemos por otro, las vías rápidas, que tampoco lo es. Luces y sombras: por un lado son modelos con motores tan poderosos que en tercera o cuarta vas siempre vigilando de no exceder demasiado los límites legales, que están a años luz de los ritmos a los que estas máquinas pueden desplazarse de modo seguro. Es curioso en ese momento el comprobar que la baja pantalla de la R1 desvía el aire del casco mucho más de lo que puedas imaginar antes de probarlo.

Especialmente si lo comparamos con la pequeña cúpula de la MT, que está lejos de la cabeza al obligarnos el manillar a circular bastante erguidos. No vamos a ser fariseos y negar la evidencia y decir que no lo hemos comprobado: al movernos claramente por encima de la velocidad máxima legal en autopista, la MT-10 es incómoda, bastante más que la R1 si te enroscas sobre el depósito de esta.

Otra cosa es que, yendo realmente ligero, es muy difícil bajar de los 8,5 litros a los 100 km recorridos en este medio, así que los 17 litros de depósito de ambas nos obligarán a parar cada 160-180 km a lo sumo para tener algo de margen. Y eso pueden ser muy pocos minutos de moverse a buen ritmo...

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