8. Abril 2017 - 18:25 | Alex Medina | Pruebas
Fotos: Santi Díaz

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Bikerland. Concesionario Triumph Zaragoza.

Hace unas semanas nos fuimos de comparativo con las dos Ducati Monster de gama alta, y en estas mismas páginas hablamos del placer de conducir grandes roadsters cargadas de tecnología. En esta ocasión hemos reunido lo mejor de cada casa para compartir sensaciones con el equipo de pruebas. Algunos echaréis en falta la exclusiva Aprilia Tuono V4 y nos hubiese encantado poder contar con una unidad de pruebas, pero ha sido imposible. En cuanto a modelos como la Honda CB1000R, a la Kawasaki Z1000 o la Suzuki GSX-S 1000, hablamos de motocicletas con más sencilla dotación de suspensiones, frenos o electrónica.

En cualquier caso, la selección de grandes naked que hemos disfrutado por unos días es realmente interesante y todas ellas demuestran el interés de los fabricantes por un sector que en los últimos tiempos ha ganado protagonismo. El fenómeno de estas naked está arrasando en países con gran tradición como Francia o Italia, donde, al igual que en nuestro país, estas superbikes al desnudo están sustituyendo a las superdeportivas.

No son motos baratas, pero una de las conclusiones que hemos sacado tras rodar con todas ellas en diferentes ambientes, es que realmente valen lo que cuestan. Es decir que aquí no hay trampa ni cartón, puesto que todas ellas montan componentes de gama alta, electrónica sofisticada, una parte ciclo de mucho nivel y motores extraordinarios que están preparados para rendir más potencia, pero que con buen criterio en algunos casos se han limitado y adaptado al uso al que va destinado una moto de este estilo.

Polivalentes
 

Otra de las lecturas con las que me quedo después de disfrutar de todas ellas es que, gracias a la electrónica, las grandes naked son ahora motos menos radicales y más polivalentes. Es sorprendente cómo se adaptan al día a día y cómo son capaces de demostrar muy buenas maneras en carretera abierta o incluso circuito.

Lógicamente cada una de ellas tiene su propio carácter, y así por ejemplo la BMW es la más radical y menos urbana del grupo, mientras que la Super Duke se me antoja la más universal. Pero siendo sincero, de entre las motos de este encuentro bajo el sol, creo que me quedo con la Yamaha. Los de Iwata han puesto el listón muy alto en cuanto a técnica y su comportamiento me parece extraordinario, aunque en el plano estético, un factor muy importante, no me acaba de convencer, y sin ninguna duda me gustan más que ella todas y cada sus rivales de este comparativo. Curioso...

La cuestión es si realmente la Yamaha es superior al resto en cuanto a comportamiento, y que a mí me haya gustado especialmente, no significa necesariamente que sea la mejor moto del grupo.

Pero siendo la última en llegar, me parece una moto muy completa que sabe desenvolverse muy bien en cualquier escenario. La posición de conducción es muy razonable al cargar el peso delante pero sin exagerar, el motor es suave y progresivo, con un punto picante, y en la parte ciclo me parece fácil de conducir y que te permite una conducción fácil y a su vez precisa.

A medio régimen vibra demasiado, pero la respuesta del Crossplane de Yamaha es la más emocionante del grupo. Un misil y sin embargo entre apenas las 3.000 vueltas y las 6.000 rpm tiene un carácter muy generoso, pues responde de forma limpia incluso en sexta por debajo de las 3.000 rpm. Más allá de las 6.000 rpm sube de vueltas de forma endiablada, pero no se deja escapar entre las manos.

En el otro extremo, en lo que a suavidad se refiere, posiblemente encontremos la BMW, que gustará a aquellos que os atraigan las emociones fuertes. Es la moto más extrema del grupo, con una posición de conducción radicalmente diferente a la de la Yamaha y transmite la sensación de ser más rígida, más deportiva. Es muy estrecha a la altura de la unión entre el depósito y el asiento, pero el cuerpo queda muy retrasado. Es decir que no han modificado el depósito de combustible para poder cargar más el peso en el tren delantero.

En la Ducati, la posición me parece apropiada, pues la triangulación entre asiento, manillar y estriberas es acertada. Conserva el ADN de las motos italianas con un chasis rígido y, en esta versión, suspensiones pata negra, pero el escape sigue molestando a la hora de colocar el pie en la estribera derecha.

La KTM es la roadster del grupo cuya posición se acerca más a la de una trail con el manillar más elevado y las piernas bien encajadas. Junto con la Ducati, que en esta versión se presenta con más recorrido de las suspensiones para que los que se metan en circuito lo tengan más fácil, queda más levantada delante. Pero en la KTM lo que más destaca es la potencia y las sensaciones, además de la facilidad de conducción.

Por último, la Triumph tiene a su favor un precio más accesible. La posición de conducción queda un poco condicionada por el hecho de montar la salida de los silenciosos por debajo del asiento, pero en líneas generales es confortable. En comportamiento no tiene la agilidad de sus colegas de excursión, pero también es más relajada y menos exigente.

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