12. Marzo 2017 - 17:15 | Jordi Hernández | Pruebas
Fotos: Santi Díaz

Apelar a la nostalgia es una táctica comercial que le suele funcionar muy bien a los fabricantes del motor. La mejor prueba de ello son los muchí­simos vehículos de esta tipología que han ido apareciendo en estos últimos años, ya sea en el mundo de la moto o en el que nos atañe hoy, el del scooter.

Centrándonos en él, observaremos que a firmas consagradas y especializadas en modelos de corte clásico como Vespa se les han ido uniendo paulatinamente algunas nuevas. Entre todas ellas, hoy centraremos el foco de atención en dos muy concretas: la india LML y la británica Scomadi.

La primera es una antigua fábrica que ensamblaba para Piaggio las entrañables Vespa PX y, la segunda, un especialista en modificaciones que obtuvo un gran éxito en la complicada labor de montar motores automáticos de Piaggio en viejas Lambretta y que, con el tiempo, incluso ha llegado a crear su propia firma.

Sea como sea, hasta nuestros tiempos han llegado dos mitos –algo modificados, eso sí–, que son historia viviente del mun­do de la dos ruedas y que, por si eso no fuera ya suficiente, se pueden conseguir a precios competitivos.

Atemporales
 

Puede que realmente no nos encontremos ante una Lam­bretta y una Vespa como las de antes, pero la verdad es que se parecen bastante. Salvo los relativamente pequeños cambios estéticos realizados, la base de ambos es práctica­mente la misma que las de los scooters de leyenda de los que provienen. Posiblemente, el LML sea el más auténtico, ya que la marca india fabricaba las famosas PK hasta hace relativamente poco tiempo y, como podréis ver, tampoco se diferencian mucho de su Star 125.

El Scomadi puede que presente una evolución un poco ma­yor, ya que, además del motor como en su compañero, tam­bién se han cambiado elementos importantes en el apartado de suspensiones; se ha variado la altura de las llantas, grosor de los neumáticos, etc.

Los cófanos laterales, las plataformas divididas por túneles centrales rematados por toscas tiras antideslizantes –en el caso del LML ofrece un buen apoyo para bolsas–, los delgados escudos frontales coronados en la parte superior por unos faros con las características formas redondeada y rectangular, típicas de Vespa y Lambretta, son solo algunas de sus inconfundibles señas de identidad.

Obviamente, no esta­mos ante dos scooters exquisitamente acabados, la calidad en este aspecto es aceptable y entra dentro de los márgenes que se espera de dos scooters que, al fin y al cabo, son de gama baja-media.

Los manillares están situados muy bajos y, en especial en el caso de la TL 125, es muy, muy estrecho. Estos, junto con la forma y disposición de los asientos y las amplísimas platafor­mas, dan lugar a unas posiciones de conducción inconfun­dibles, no encontraremos nada igual en el mercado.

Eso se debe a que los asientos se han colocado bastante altos, los manillares solo un poco por encima de ellos y las plataformas están ligeramente elevadas, lo que da lugar a una postura en la que el conductor tiende a inclinarse levemente hacia la rueda delantera, con el manillar relativamente cerca de él y las rodillas un poco elevadas.

Esta posición de conducción está más enfocada a favorecer la conducción que el confort, aunque, todo sea dicho, el Star 125 nos propone un pack más cómodo y con un asiento más acogedor, debido a unas formas más trabajadas y a un relleno bastante más generoso y blando que el de su rival.

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