24. Diciembre 2016 - 17:15 | Jordi Hernández | Pruebas
Fotos: Nicki Martínez / Santi Díaz (estudio)

De nuevo, BMW y Triumph se vuelven a ver las caras en un enfrentamiento mano a mano, cómo no, en la categoría de neoclásicas, que es el marco en el que hoy tiene lugar este compa­rativo. Es este un terreno que se le da muy bien a ambas marcas y al que apoyan con todas su fuerzas; la fir­ma británica es toda una especialista en estos menesteres, su remozada gama Modern Classic es todo un éxito a escala mundial y, con modelos como la recientemente aparecida Bonneville T 120, refuerza su posición en un segmento en el que se siente prácticamente como en casa.

BMW es también una firma con mucha historia y tradición, pero no ha sido hasta la aparición de la familia R nineT cuan­do los directivos bávaros se percataron realmente del buen negocio que supone estar bien situado en este segmento en la actualidad. De hecho, la R nineT primigenia estaba llamada a ser una versión exclusiva y limitada a un número muy redu­cido de unidades, pero la demanda y acogida fue tal, que en BMW se vieron casi obligados a aumentar su oferta.

Los resultados han sido tan buenos desde su aparición que incluso se han atrevido con flamantes novedades para expandir la oferta y afrontar nuevos desafíos comerciales. La primera en aparecer es esta R nineT Scrambler, una preciosa versión en tono minimalista que pretende seducir a un buen número de usuarios con su estética y filosofía dual, muy dedicada al asfalto, con una faceta campera más fruto de una estrategia de marketing que de un posible uso real.

Un par de bellezas
 

Está claro que en una categoría como esta, la imagen es fundamental; posiblemente, el más importante de todos los apartados que componen a nuestras dos invitadas. Es obvio que el trabajo realizado en este aspecto ha sido magnífico en las dos, sus creadores lo han dado todo a la hora de definir sus estéticas y cuidar hasta el último de sus detalles.

Esto da lugar a unas motocicletas de calidad altísima, con un diseño en el que la desnudez de sus formas, dejando completamente a la vista la originalidad de sus mecánicas, capta enseguida la atención del público gracias a la sabia elección y combinación de todo tipo de materiales y formas.

Todo ello con el mérito de concentrar todo ese diseño y buen gusto en las escuetas y restringidas formas de una naked, pues, aparte del depósito de gasolina, el asiento y los guardabarros, quedan pocas piezas más para otorgarles algo más de personalidad. Pero en ambas casas lo han sabido hacer muy bien. Si fuera solo por su apariencia, sería complicadísimo quedarse con una sola de ellas; por suerte, son motos muy originales y con carácter que, a su vez, gozan de dos comportamientos marcadamente distintos.

Esto lo apreciaremos clara y rápidamente al subirnos a cada una de ellas, ya que su posición de conducción las define a la perfección. Por un lado tenemos a la Bonnie, con su característica postura de conducción cómoda y natural de siempre, en la que se mantiene la espalda prácticamente recta, los brazos relajados y las piernas formando un ángulo recto casi perfecto. Ante ella, la nueva R nineT Scrambler, con una postura más al ataque –aunque no por ello mucho más forzada–, con el cuerpo inclinado hacia delante, los brazos apoyados es su anchísimo manillar y las piernas algo más flexionadas, situadas en unos estribos mucho más retrasados y elevados.

La británica es la más cómoda con diferencia, aunque esta superioridad radica principalmente en el confort de su asiento, que, pese a no ser un virtuoso en este sentido –es casi plano como el de la BMW–, resulta francamente más acogedor que la tabla de planchar de la alemana. A pesar de ello, la posición de la R nineT nos gustó muchísi­mo, es muy auténtica, sobre todo cuando se trata de salir a carretera, donde no nos hemos de dejar engañar por sus elaborados diseños, ya que las dos ocultan bajo su atractiva apariencia un equipamiento y una tecnología que, especialmente en el caso de la Triumph, es para tenerla muy en cuenta.

Al día
 

Las dos son motos que están muy bien puestas al día. Salta a la vista que muchos de los componentes, espe­cialmente en la alemana, se han aprovechado de modelos anteriores, pero en motocicletas de esta clase, eso, lejos de ser un inconveniente, les da cierta solera. Esto es el caso del motor boxer de la R nineT, la veterana versión refrigerada por aire del modelo 1.200 todavía tiene argumentos para dar guerra; de hecho, en cuanto a prestaciones, compite encar­nizadamente con el twin paralelo de la Bonnie, un motor de nueva generación gestionado por una electrónica mucho más sofisticada.

Esto se nota mucho en marcha, el boxer es un motor con un tacto más tosco, vibra un poco más y es más rumoroso de funcionamiento. Por su parte, el bicilíndrico de la Triumph es pura suavidad y delicadeza, el embrague –que además es antirrebote– y el cambio ofrecen una dulzura de fun­cionamiento extrema, que la convierten en una moto muy agradable de conducir.

Respecto a las prestaciones, quizás la potencia no es lo menos importante, aunque hay que destacar una gran superioridad de 20 CV a favor de la BMW en este aspecto. A pesar de ello, lo principal en neoclásicas como estas es el par disponible, ya que es gracias a él que la funcionalidad de nuestras invitadas es tan importante. Sobre el terreno, las dos arrancan muy bien desde parado, salen con rapidez de curvas y, lo que es mejor aún, recuperan velocidad de forma excepcional a la hora de adelantar.

La alemana siempre va un paso por delante en prestaciones, aunque la efectividad de la electrónica en la británica nos permite ir más seguros y confiados en carreteras y situacio­nes más complejas. El sistema de control de tracción, los modos de conducción –especialmente el Rain de lluvia en mojado– y el embrague antirrebote al reducir son claves a la hora de salvaguardarnos de cualquier inconveniente. Y es que sobre asfalto con poco agarre, esta es una diferencia muy a tener en cuenta, que, si bien no es determinante para poder ir más rápido que la R nine T, sí que incrementa muchísimo nuestra seguridad.

Respecto a los consumos, no son motos que gasten dema­siado. En un uso mixto ciudad-carretera y algún que otro tra­mo de autopista, el gasto medio a los 100 km fue de unos 5,3 litros en la Bonnie y 5,4 l en la R nineT. Aunque eso fue a ritmo de paseo y siendo bondadoso con el accionamiento del acelerador; en conducción deportiva, cuando no somos tan remilgados con el gasto de combustible, la BMW llegó incluso a superar los 6 litros con más facilidad de la que nos habría gustado.

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