17. Diciembre 2016 - 15:05 | Alex Medina | Pruebas
Fotos: Santi Díaz

No hay mejor remedio para salir de una lesión que volver a montar en moto con unos amigos. Y más si se trata de hacerlo con dos de las mejores Ducati Monster de la historia. Un accidente doméstico me obligó a llevar un yeso durante dos largos meses al fracturarme un dedo de la mano izquierda. Maldita sea. No sé si es peor caerse en moto, como inevitablemente sucede en esta profesión, o darse un golpe con la nevera (como lo oyes) y estar dos meses sin dar gas.

Así que este comparativo me hizo especial ilusión. Pero es que además de reencontrarme a mí mismo, el menú del día se me presentaba más que apetitoso, pues tenía una buena oportunidad de disfrutar del top de la gama Monster. Un modelo que es todo un icono y que actualmente es capaz de brindar buenas prestaciones de una forma racional gracias a la electrónica y de forma bastante confortable después de que en Ducati decidieran que la gama Monster tenía que ganar en confort y ergonomía para poder estar en línea con las grandes roadster de la competencia.

Un sector que ha ganado protagonismo en los últimos tiempos y en el que lógicamente los italianos quieren seguir teniendo un peso específico.

Por otra parte, trabajar con el personal que me acompañaría en mi reencuentro con mi realidad es siempre agradable. Rodar con Albert Escoda es siempre un placer. Albert combi­na su pasión con la dosis justa de riesgo, que todo hay que decirlo la ha rebajado bastante en los últimos tiempos. Es un diablillo rápido, seguro y que sabe sacar conclusiones. Lluís Morales se vino con la moto de Pepo Rosell, pues con buen criterio decidió darle a este “repor” un punto diferente en el plano gráfico.

Lluís es otro loco de la colina que no entiende la vida sin miles de curvas por delante sobre dos ruedas y un motor. Una especie de enciclopedia de las dos ruedas... “Ojo: si pones el dedo en la moto de Pepo, saldrá una buena hamburguesa”, dijo en referencia a los engranajes y correas a la vista de la Siluro. Y por último, cómo no, nuestro Santi Díaz. Trabajar con Santi es como hacerlo con un hermano y la garantía de un buen trabajo, en combinación con su sentido del humor, nunca falla…

Así que los personajes aseguraban una buena jornada de fotos, curvas, sol, calor, risas, notas, contrastes y kilómetros. Las protagonistas sin duda alguna lo merecían. No voy a volver a recordar que estuve en la presentación de la primera Monster que tuvo lugar en un castillo de Varese a principios de los 90. Bueno, ha sido inevitable, pues ya lo he hecho…

Lo cierto es que en Ducati, a través de su enrevesada his­toria, que por cierto acaba de cumplir 90 años, ha sido fiel al concepto de aquella primera versión fruto de la imagi­nación de Miguel Ángel Galuzzi, que decidió que el chasis de una Sportster y la horquilla de una 851 podían ser una buena combinación.

Las Monster protagonistas de la historia de hoy, en cuanto a concepto son más deportivas, pero también más confor­tables. Más voluminosas, redondeadas, pero con ADN de carreras, pues para reducir peso y tratar de sumar confort y rigidez, una combinación siempre difícil, se ha recurrido a la tecnología de la Panigale.

Os puedo asegurar que toda la gama Monster hoy represen­tada con sus dos estrellas, la versión S de 16.490€ y la R a 19.680€, han dado un salto cualitativo en sus últimas versio­nes que a mí particularmente me ha sorprendido.

Tuve la oportunidad de probar por vez primera la versión R en el circuito de Ascari. Reconozco que me gustó, pero me ha gus­tado más entre las curvas del Montseny en dirección a la Costa Brava. No había probado hasta este feliz encuentro la versión S, y no se queda atrás. La cuestión es saber si realmente vale la pena pagar los 3.190€ de más de la R con respecto a la S. Ya sé que de hablar de dinero es una ordinariez y que probablemente quien se gasta lo que valen nuestras protas no se decidirán por esos 3.000€  en favor de la S.

Pero sí que es importante destacar que si uno quiere una S y transformarla en una R, que podría resultar relativamente sen­cillo, pues a nivel de motor la diferencia está en la electrónica, suspensiones al margen, no podrá hacerlo. Si el propietario de una S quiere las prestaciones de la R, tendrá que comprar­se una de las versiones con la banda blanca (me encanta). La razón es que los escapes son diferentes, pues tiene 8 mm más de diámetro y también los cuerpos de inyección son más grandes.

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