2. Marzo 2017 - 18:01 | Jordi Mondelo | Noticias
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Hoy hemos hecho 200 kilómetros por carreteras de los alrededores de Ciudad del Cabo, lugar elegido por Yamaha para el lanzamiento de esta sexta generación del megascooter más exitoso de toda la historia, y aun así no me encuentro cansado. El merito es de Yamaha, que ha logrado un scooter, que en esencia es muy deportivo, realmente confortable. El asiento ha ganado en su acogida y la suspensión posterior parece que ahora responde mejor en cuanto a confortabilidad, aunque mantiene la extraordinaria efectividad cuando le aprietas un poco al motor.

Lo he notado más ágil que la versión anterior, y es que se notan los 9 kilos menos que pesa ahora.

También los cambios recibidos en la parte ciclo juegan a favor de esa sensación, puesto que han cambiado de ubicación el motor para centrar masas, el tubo de escape es ahora un poco más corto y el basculante ha crecido 40 mm, entre otras cosas.

El motor se mantiene más o menos igual que antes, solo que ahora es un motor Euro 4 aunque parece que eso no le ha penalizado en prestaciones.

Además, recibe un buen paquete electrónico para tratarse de un scooter: dos mapas de potencia, control de tracción, cruise control (versión DX), un mejorado sistema sin llave,…

Nos hemos ido cambiando entre la versión DX y la SX, la versión base no estaba aquí, en Ciudad del Cabo, y las diferencias entre ambos son bastante notables.

El DX, que es el que está pensado para un uso un poco más rutero, dispone de una pantalla regulable en altura eléctricamente desde el manillar (130 mm), también dispone de asiento y puños calefactables y, como decía antes, de un cruise control que utiliza los mismos comandos que los que monta la FJR 1300.

En general, y sin querer extenderme demasiado, eso lo haré cuando os escriba la prueba al completo, me ha dado la sensación de que Yamaha ha logrado mejorar la dinámica de un scooter que parecía inmejorable y que en el ámbito de la habitabilidad ha hecho un gran trabajo.

Estéticamente puede ser que haya a quién no le guste demasiado la estética –por aquí algunos criticaban la parte posterior-, pero después de compartir todo un día con el nuevo T-Max esa gente ha empezado a cambiar de opinión, y estoy convencido de que esta nueva vestimenta hará que la versión anterior nos parezca anticuada antes de que acabe este año (es una opinión).

Eso sí, todos estos cambios han tenido un coste que se verá reflejado en el precio. Por la versión Standard tendremos que pagar 12.299 euros, por la DX 13.199 y por la SX 14.199 euros.

Esperemos que este aumento de precio no haga mella en el éxito comercial que ha lucido siempre este superventas de Yamaha.

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