22. Diciembre 2017 - 17:30 | Jordi Aymamí | Noticias
Imagen de Jordi Aymamí

Esta semana nos llegó un correo de Albert Font, que nos comentaba si nos interesaba publicar las fotos de su Ural con sidecar, adaptada a su discapacidad. Le pedimos que nos enviara unas líneas contando cómo había llegado a tomar esta decisión, y lo que hizo fue enviarnos un emocionante relato de ilusión y superación personal, que puede ser de ayuda para mucha gente y que compartimos con todos vosotros:

A los 19 años tuve un accidente que me provocó una lesión medular incompleta… suficiente como para acabar en una silla de ruedas. Algún tiempo después y desde hace ya 12 años, me dedico a organizar actividades deportivas en bici y de submarinismo para personas con y sin discapacidad. Las rutas en bici siempre las inspecciono antes de llevar un grupo a hacer la ruta.

Un buen día una amiga vio una moto con sidecar y me dijo ‘Pues no me importaría ir en una moto con sidecar…’ Le presté una atención sesgada al comentario... un comentario trivial. Nunca me habían interesado las motos, y mucho menos, las motos con sidecar.

No sé cómo, al día siguiente hice una consulta al ‘dios Google’: ‘Moto con sidecar’ y sin darme cuenta, me pasé una hora visionando fotos, videos y opiniones de motos con sidecar. Vi el enorme atractivo de la fuerza, la potencia, y lo que me llamó más la atención: los locos que iban con esas motos por caminos de montaña… caminos por los que yo no podía ir ni en coche, ni en handbike, ni en silla de ruedas… ¡Me temblaba el pulso! ¡Con este vehículo podría ir a sitios hasta ahora imposibles para mí!

La Ural es la moto

Me informé más y vi el furor que hay por las motos Ural en concreto. Una moto de mecánica muy básica que cualquier buen mecánico puede ajustar y reparar. Además, tiene una característica imprescindible para mí: marcha atrás. En mi caso, empujar la moto para sacarla de un aparcamiento o para maniobrar no es una opción válida. Continué informándome y se da la casualidad que el modelo 2016 de la Ural viene con una serie de características técnicas que me redondeaban el atractivo: frenos de disco, hidráulico para la dirección, inyección electrónica, encendido eléctrico (imposible poner en marcha la moto con un golpe de pedal…). Faltaba solucionar el cambio de marchas. Empecé a dibujar e inventar algún sistema de palanca para cambiar de marcha…

El azar (inconscientemente consciente) hizo que, tras salir de un teatro de Barcelona, pasara cerca del Museo de la Moto. Lo visité y me encantó. ¡El cambio de marchas manual estaba inventado antes casi de la propia moto!

Continué investigando y di con una empresa de EE.UU. que fabrica un kit de cambio manual específico para la Ural. Continué dándome cuenta del furor en EEUU por la Ural: Es sorprendente ver cómo los usuarios de la Ural admiten como normal cualquier contratiempo que tienen en sus motos ¡y cómo no les afecta lo más mínimo! Todo está bien si acaba bien.

¡Allá vamos!

Llegados a este punto, mi estado mental estaba ya tan alterado que no me pude contener. Las personas con discapacidad tenemos derecho a una reducción del IVA cada cuatro años para la comprar de un vehículo para nuestro transporte. Algunos amigos me decían ‘Albert, cómprate un todo terreno’ otros me decían ‘Albert, cómprate un descapotable…’ ¡con la Ural lo conseguía todo! Y mucho más, ya que ni los 4x4 ni los descapotables me gustan.

Otro trámite que tenía que solucionar era el carné, pero solo tenía que hacer el examen de reconversión del carné y listo. Pero no tenía moto con sidecar para hacer el examen… ¿y si compraba la moto, hacía el examen y no me daban el carné?

Con muchas dudas empecé el trámite para la compra. Llamé a Motos Fabregat de Barcelona, para preguntarle si tenía alguna moto para verla, y Carlos, el gerente, me dijo que en el garaje de al lado tenía una que me podía enseñar. Quedamos en una hora y día. Cuando entré en el garaje me llevé una sorpresa increíble: la Ural que había allí ¡tenía instalado el cambio de marchas en la mano! Carlos llamó al propietario de la moto que resultó ser Manel Fabregat, el mecánico de Joan Porcar en el Paris Dakar de 1983. ¡Increíble! Manel me prestó su moto para hacer prácticas. No os cuento la expectación de las personas cercanas cuando vieron a uno en silla de ruedas montarse en la moto y hacer el examen.

En estos días el trámite de la compra de la moto ya estaba hecho y también del kit de cambio manual que, recién llegado de los EEUU, lo mandé a Alicante para que el distribuidor de la Ural se lo instalara. Al cabo de un mes ya tenía el carné y fui con Manel Fabregat y una amiga, Carme, a Buscar la moto a Alicante. Viaje del tirón con mucha ilusión, nervios y prudencia… Salimos a las 6 de la mañana, recogimos la moto y procurando no pasar de 80 km/h, vuelta a Barcelona para llegar hacia las 9h de la noche. Misión cumplida.

El último paso

Luego vino la adaptación para subir la silla de ruedas a la moto. Tengo claro que si quiero que sea un vehículo eficaz quiero tardar lo mínimo posible en subir y bajar de la moto y también proteger la silla de ruedas de la lluvia y el polvo. Durante semanas estuve proyectando varios inventos y modelos. Finalmente, el sistema fue fabricado artesanalmente y con la ayuda imprescindible de Motos Miquel Cabré de Terrassa terminamos y pintamos el modelo que llevo, con sistemas de seguridad para fijar la caja y de tal forma que el pasajero del sidecar puede viajar cómodamente. Perdí, eso sí, el espacio para llevar la rueda de recambio y el porta equipajes.

Solo he de decir que en nueve meses llevo 6.000 km, apasionante cada uno de ellos, con dos pinchazos (uno de ellos por mi inexperiencia) e innumerables alegrías, sensaciones y momentos apasionantes, irrepetibles e irrealizables con ningún otro vehículo. ¡Gracias Ural!

 

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