26. Diciembre 2017 - 18:29 | Jordi Hernández | Comparativas
Santi Díaz

En marcha no tiene la agilidad de los dos primeros, no es un scooter torpe (de hecho, es rápido en el cambio de peso), pero en la entrada en curva el tren anterior no se nota tan aplomado como en los japoneses. Las suspensiones están bien balanceadas, con un tacto que se mantiene globalmente entre los más rígidos. Como siempre, frenando es todo un superdotado, ya sea por el consistente tacto o por las generosas dosis de potencia disponible en ambos trenes. Respecto al motor, el paso a la Euro 4, como a la mayoría, no le ha sentado demasiado bien. La discreción es la nota predominante en cuanto a prestaciones, mientras que en funcionamiento no hay nada que objetar; eso sí, sin llegar a la extrema suavidad del Honda o el Yamaha.

El Joymax 125 Comfort sigue en la línea de los últimos años y actualizaciones, es una bestia en cuanto a motor, aunque siempre teniendo en cuenta los márgenes de la categoría. No es un portento en suavidad, pero se luce bastante en las aceleraciones y está entre los tres mejores a la hora de recuperar.

Estructuralmente es un scooter como los de antes, bajito de asiento para que nos integremos fácilmente en él y, por tanto, también con el centro de gravedad colocado muy cerca del asfalto. Se nota muy estable y fácil de dominar en las maniobras, mientras que en carretera le pesa un poco el culo, por lo que demuestra cierta ligereza en la dirección. Esto, desde un punto de vista positivo, lo hace muy ágil enlazando curvas lentas, pero también algo más impreciso de dirección en las rápidas.

Las suspensiones tienen un recorrido corto, por lo que se ven obligadas a ser más consistentes en retención si no quieren acabárselos pronto y hacer tope con frecuencia, pese a ello, no resultan ser demasiado bruscas y son sobradamente capaces de demostrarnos un muy buen comportamiento sobre firme en buenas condiciones.

A la hora de frenar, se mantiene dentro de unos amplísimos márgenes de seguridad con cualidades similares a la media, con solo acariciar una de sus manetas notamos el mordiente de sus pinzas, así que no hace falta realizar mucha presión sobre ellas para conseguir una contundente frenada.

En tema equipamiento es de los mejores y rivaliza directamente con el Honda, ya que nos ofrece lujos como el sistema Start & Stop, calefacción para las piernas, respaldo para el pasajero de serie y un montón de cosas más.

Old school

Ocupando un lugar entre los más veteranos de esta temporada se encuentra el J 125, cuya base, la misma que la del anterior Kymco Super Dink, es por su calidad toda una garantía de buen funcionamiento.

Porque el maxi de Kawasaki se ve francamente beneficiado por este hecho, ya que especialmente en el tema motor demuestra incluso una mejor respuesta y prestaciones que su homónimo taiwanés; aunque también su nivel de vibraciones es bastante más alto.

La personalización de la firma japonesa le ha sentado bien desde el punto de vista estético y ergonómico, pero dinámicamente, con franqueza, no cambia demasiado. Se siente muy ágil de reacciones, no es parsimonioso en el inicio de los virajes, lo lleva a cabo sin esfuerzo, como en el caso del cambio de peso en carretera. Es un ciudadano muy solícito, se deja conducir sin esfuerzo y, pese a su volumen, maniobra con facilidad en el ámbito urbano. El setting de serie de las suspensiones es tirando a duro, pero sin ser excesivo, aunque sí algo seco de reacciones sobre terreno irregular.

Kawasaki ha conservado sin cambios el sistema de frenada del Super Dink, una gran elección, pues durante años ha sido uno de sus puntos fuertes, entre los que se encuentra, cómo no, el ABS firmado por Bosch. El equipamiento está al nivel de los modelos taiwaneses, con grandes soluciones en temas como la capacidad de carga y seguridad.

Por último, dando toda la guerra posible encontramos al incombustible Burgman 125, que, a pesar de su veteranía, sigue teniendo un público fiel y entusiasta. Apuesta por la lógica, la lógica que le lleva a ser el más pequeño del grupo y, por ende, el más fácil de conducir y un durísimo rival en ciudad.

Imbatible en los espacios cerrados, el scooter de Suzuki rinde de forma magnífica gracias a que aprovecha hasta el último de sus 12 CV, no es el más potente, obvio, pero se desenvuelve bien gracias a que no es precisamente el más grande. Frenos y suspensiones tienen unas cotas y prestaciones superadas por los modelos de última generación y sus extravagancias, pero el punto fuerte del Burgman radica precisamente en la sencillez de unos elementos que si bien no lo llevan a ser el mejor en nada, demuestran un acertado equilibrio en todo.

Es un scooter amable con los conductores más bajos, con un motor dócil pero eficaz, unas suspensiones de recorrido corto y una frenada suficiente. Es el menos avezado a la conducción por carretera, pero en momentos puntuales, donde no sea tan preciso tirar de caballería, incluso será capaz de dar más de un susto a las estrellas de la categoría.

Va un poco justo de equipamiento, no goza del lujo de los modelos actuales; aun así, el cofre, aunque no es el más capaz en cuanto a litros, sí que puede alardear de ser el más aprovechable de los seis.

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