22. Noviembre 2014 - 16:40 | Jordi Aymamí | Comparativas
Imagen de Jordi Aymamí

Jaime Alguersuari Jr. es un apasionado del motor. No podía ser de otra manera con sus genes, y aunque es especialmente conocido por su participación en la F1 (esta temporada participa en la novísima Fórmula E, con monoplazas eléctricos, además de algunas carre­ras de la DTM), siempre ha sido un gran admirador de las motos, y no pierde la ocasión de montarse en alguna de ellas, del tipo que sea. Y así fue como al ver la Ducati Diavel en nuestro parking nos sugirió realizar una ruta con nosotros y… ¿cómo íbamos a decir que no? Así que buscamos la rival más directa de la Diavel, es decir, la Yamaha V-Max, y quedamos con Jaime para salir de ruta y hacer una comparativa.

Un piloto de F1 y dos dragsters

Aunque ambas motos comparten el mismo concepto, es decir, son muscle bikes o casi dragsters, pensadas especialmente para el mercado norteamericano, no podrían ser más distintas: una es japonesa, tiene un diseño muy americano, dispone de un bestial motor V4 de 1.679 c.c., una potencia de prácticamente 200 CV y un peso que supera ligeramente los 300 kg.

La otra es italiana, tiene un motor bicilíndrico de 1.198 c.c., entrega 160 CV y pesa 85 kg menos que su rival, exactamente 215 kg, y aunque el concepto es similar al de la Yamaha, su comportamiento es radicalmente distinto.

De entrada, Jaime se sube a la Diavel y yo a la V-Max, una moto que con su peso de 301 kg en seco y sus geometrías cuesta de mover y maniobrar en parado (vigilad siempre las presiones... especialmente importante en esta moto, o no podrás ni mover el manillar al hacer maniobras). Da la impresión de que se va a ir al suelo si nos descuidamos, pues la dirección tiende a cerrarse, aunque en marcha ya es otra cosa. Alguersuari Jr. va muy feliz sobre la Diavel, pero en una parada para repostar (la Yamaha tiene una autonomía reducida) aprovecho para pasarle la V-Max. Es mejor que la pruebe en un medio seguro y fácil como es una autopista antes de meterse en carreteras de curvas. Le digo que cuando nos reincorporemos a la autopista estruje la Yamaha para sentir su aceleración, y así lo hace… Al ponerme a su lado tiene los ojos como platos, y me hace un gesto que interpreto como un “¡qué bestia!”, y es que si algo tiene la V-Max, es eso: una aceleración que quita el hipo. Me sorprende que para alguien habituado a las brutales prestaciones de un F1 encuentre alucinante precisamente la aceleración. Ya hemos comentado que es más bien un dragster que otra cosa. Músculo en estado puro. Me comenta Jaime que la V-Max debe acelerar como una MotoGP: “Bueno, tanto no, pero no está lejos”, le contesto. A él le parece algo impresionante.

Agilidad contra potencia bruta

La Diavel tendrá aspecto de muscle bike, de acuerdo: su posición de conducción, su neumático trasero de 240 mm, pero tiene ADN Ducati, y no podría ser torpe ni pesada... y no lo es. A sus mandos te parece llevar una Monster algo crecida, se maneja con agilidad y ligereza, con un motor V2 que con sus 159 CV reales empuja mucho y bien. Sí, menos brusco e impactante que el brutal V4 de casi 200 CV de la Yamaha, pero eficaz al fin y al cabo. El ex piloto de F1 no la suelta, y menos en la revirada carretera de la comarca del Penedès donde circulamos, y no es de extrañar: aquí la Ducati es claramente más divertida y eficaz. Las suspensiones y frenos (también por su peso muy inferior) funcionan claramente mejor en carretera.
 
A la Yamaha hay que encontrarle el punto, y una vez hallado, permite una cierta conducción deportiva. Nunca puedes olvidar que llevas entre manos una moto con unas cifras de peso y potencia muy elevadas, una larga distancia entre ejes (1.700 mm) y un neumático trasero de 200 mm, pero una vez te adaptas, puedes circular relativamente rápido, anticipando, eso sí, la entrada en curva y las frenadas. Impresiona cuando a la salida de éstas abres gas, en cualquier marcha, y la Yamaha sale como impulsada por un cohete. En una larga y solitaria recta nos emparejamos y aceleramos al máximo: la Yamaha se adelanta claramente a la Ducati, que necesita algunas revoluciones más para exprimir toda su potencia, aunque cuando el motor Desmo sube de vueltas, es capaz de reducir distancias, aunque no de cazarla… hasta que vengan las curvas. Arriba hay casi 40 CV de diferencia a favor de la V-Max, y aunque la Diavel ofrece un excelente par motor de 13 kgm, parecen pocos si los comparamos con los casi 18 kgm de la Yamaha, que a 3.000 rpm ya entrega 14 kgm.
 
El amortiguador Monoshock de la V-Max tiene un comportamiento más seco y menos eficaz que el de la Diavel, que además cuenta con unas bieletas de progresividad. Se confirman las sensaciones: la italiana está diseñada con un comportamiento lo más sano posible en curvas, mientras que la japonesa pretende ser la reina de las carreras de aceleración.
 

Un poco de todo

Alguersuari Jr., tras una breve explicación, entiende perfectamente la mecánica de los pases para fotos y no nos lleva demasiado tiempo la sesión con Juan Pablo, nuestro fotógrafo. En cada parada hablamos sobre las motos que probamos, de MotoGP, la F1 y la recién estrenada Fórmula E. En cada uno de los temas se le iluminan las pupilas, y es que a este chico le entusiasma todo lo relacionado con el motor. A la vuelta en dirección a Barcelona nos sorprende la lluvia y no vamos especialmente equipados para el agua, aunque no nos detenemos y algo mojados regresamos a la redacción. Jaime me da las gracias por lo que él considera un gran día. También para mí lo ha sido.

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