12. Agosto 2014 - 12:05 | Antonio Regidor | Blogs
Foto Vesna Pukich Tiricovska vía Compfight
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El elevado coste que padecemos todos los usuarios de las grandes ciudades, en forma de controles, multas y atascos, parece que no se ve compensado con nada. Es más, hay que ver la cantidad de errores de ordenación del tráfico que padecemos día tras día, sin que nadie multe a los responsables de ello.
 
Un claro ejemplo de esto lo vivo día tras día en mi camino hacia la redacción. Cada día paso dos veces por una gran plaza sin carriles trazados que es un verdadero peligro, un invento del mismísimo Lucifer.
 
En ella confluyen cuatro avenidas, dos con cuatro carriles y las otras dos con doble carril. Es lógico pensar que el que circula por el carril más cercano al centro de la plaza debe seguir circulando por el centro para rodearla y cambiar de dirección, por ejemplo, hacia la otra avenida. Pues no.
 
Los tipos que están por el cuarto carril de la avenida en cuestión arrancan del semáforo, se van al interior de la plaza y luego giran ¡totalmente a la derecha¡ para continuar por la otra avenida –a 90º–. No sé si me entendéis. Por lógica, los dos carriles de la derecha de la avenida principal deberían ser los que deben tomarse para acceder a la otra avenida situada a 90 grados hacia la derecha; los dos carriles de la izquierda deberían utilizarse para hacer un giro de 90º a la izquierda. Y los dos carriles centrales deberían utilizarse para o bien seguir recto hacia la otra avenida o para girar a la izquierda o la derecha respectivamente. Un lío de narices, pero espero que lo entendáis.
 
Aún hay más, y más peligroso. Y es que los coches que circulan por los carriles de la izquierda de la avenida principal se van a los carriles interiores de la plaza… ¡y luego también continúan recto por la avenida de enfrente! –cuando deberían girar a la izquierda…–. Yo ya me he encontrado con coches que desde la izquierda se te cruzan totalmente y siguen rectos, pasándote por delante a degüello. Y lo hacen convencidos y tocando la bocina, increpándote, como si fueses tú el que hace mal las cosas… Y lo mejor de todo es que los agentes de la autoridad, cuando están de guardia ponemultas en la plaza, contemplan el espectáculo y lo permiten, por aquello de “no hay carriles marcados, no hay infracción”. El sentido común no impera…

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