26. Octubre 2015 - 8:14 | Josep Lluis Merlos | Blogs
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¿Fue una patada, o no? No entraré a valorarlo ni a calificarlo. La vergüenza, pero sobre todo la tristeza, me lo impide. Hacerlo sería trivializar este deporte que tanto nos enamora, situarlo al nivel de otros donde la bajeza es la materia prima de la que se nutren algunos. Y, además, me da igual.

Quienes vamos en moto y, especialmente, quienes habéis rodado en un circuito, sabemos la responsabilidad que entraña cualquier acción con velocidad. Incluso en un deporte de contacto como siempre fue, es y será este.

No quiero volver a ver esas imágenes. No puedo. Lo que pasó en Sepang –desde la rueda de prensa del jueves hasta la séptima vuelta del domingo– no es sino un intento de aferrarse a un tiempo que se va. Por pura ley de vida.

Hemos disfrutado esta temporada como pocas. Pero ahora ya quiero que se acabe, que pase Valencia. Y que sea quien sea el campeón, que disfrute de ese título tanto como su conciencia se lo permita.

El forofismo solo conduce en el motociclismo a su embrutecimiento. Y yo no quiero bailar la música que mueve a los borregos. Con su pan se lo coman. Pero que quede claro: no todo Vale.

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