13. Febrero 2016 - 17:08 | Albert Escoda | Pruebas

Tanto los más jóvenes como los que quieren fluir con ligereza por el entorno urbano son candidatos a la pertenencia de la pequeña 125 4T, que solo necesita el carnet A1 para conducirla. Estamos hablando de una moto con aspecto de todoterreno, de 127 kg y 12 CV de potencia. La sencillez mecánica, la austeridad de los componentes y su simple constitución son argumentos que convierten el conjunto en económico y accesible.

Pese a esta sencillez, afloran detalles interesantes sobre el equipamiento, como la tapa cubrecárter, la doble puesta en marcha con arranque eléctrico y a pedal, y la pinza de freno delantera radial de doble pistón. Con esta configuración cualquiera será capaz de convertir un medio hostil en favorable y afín.

La movilidad en las grandes ciudades se ha convertido en un importante problema por la gran cantidad de vehículos que circulan diariamente por ellas. Desde las instituciones se intenta inculcar el uso del transporte público como solución, pero a pesar de todo, esta solución sigue siendo insuficiente. Está claro que la moto supone una buena salida, pero no todo el mundo se ve con el valor de intentarlo por diferentes razones.

Una buena solución es empezar poco a poco desde la base de la conducción, y es aquí donde cobra protagonismo nuestra invitada. Esta sencilla y fácil montura puede servir, por su facilidad de conducción, su poco mantenimiento y su bajo precio, para dar el primer paso y educarnos a rebajar la tensión del tráfico.

Bajar el estrés
 

Circular por la ciudad y sus alrededores, dada la enorme afluencia de vehículos, produce una situación que muchos conductores no son ca­paces de asimilar, y les conduce a una situación de elevado estrés. Esta circunstancia es provocada por la falta de opciones para dirigir nuestros movimientos, y la falta de libertad en los recorridos. Con la MH 125 de cinco velocidades, de motor enérgico pero tranquilo, se puede recuperar esta libertad, llegar con puntualidad y convertir un desplazamiento insufri­ble, duro e indeseable en divertido, ameno y deseado.

Hace casi 35 años que salí por primera vez a la carretera con mi flamante Bultaco Streaker 75. Recuerdo con enorme emoción ese instante. Por fin era independiente, libre, podía ir donde quisiera, a la hora que quisiera y con quien quisiera. El mundo cercano se abría ante mí, solo tenía que poner gasolina con aceite, rezar para que se pusiese en marcha, y que no gripase el motor. Incluso con estos inconvenientes llegaba a todas partes y, lo más importante, era inmensamente feliz.

Si en esos momentos hubie­se tenido una moto como la MH, fiable, limpia, silenciosa, que frena, y que no se rompe, probablemente habría aumentado mi número de citas con éxito. Bromas aparte, la diferencia está clara. La accesibilidad a una moto en la época actual es inmensamente mayor y con muchas más garantías en fiabilidad, seguridad y facilidad de conducción.

Sin sobresaltos
 

El día que Luis Morales me propuso la prueba de esta 125 urbana, me la ofreció con la sensación, dada mi experiencia, a que me sabría a poco. Mi respuesta fue inapelable, “no hay moto indeseable, hay motos, y un profesional se debe a todo lo que se mueva”. Es verdad que la primera reacción no me excitó demasiado, pero ponerme en la piel del principiante adolescente que fui, me estimuló a realizar la prueba con mucho interés.

Saqué del garaje a nuestra protagonista observando que la sencillez primaba ante todo. El cuadro de mandos era sencillo, sin cuentarrevolucio­nes, pero destacaba la información de nivel de combustible. Arranqué el monocilíndrico con un agradable sonido ronco. La posición de conducción me pareció un poco extraña, me faltaba distancia para apoyar las rodillas sobre las orejas del depósito, donde encajan los radiadores, y la inclina­ción hacia el manillar me pareció un poco exagerada. Kilómetro a kilómetro fui adaptándome a estas geometrías poco comunes que convertían sus movimientos en anárquicos.

Mi propuesta para cambiar esta radicalidad pasaría por aumentar el recorrido de la horquilla, ya que el equilibrio con la posición del amortiguador está descompensado. La respuesta del motor y su rendimiento me llevaba con suficiente brío, aunque el accionamiento del cambio de cinco marchas se resistía, duro e impreciso. Pese a estas des­avenencias iniciales, fui adaptándome a sus movimientos y personalidad.

Fui poniendo cada vez más la MH en los límites de sus maniobras para dilucidar sus virtudes, y una de las que realmente me sorprendió fue la capacidad de frenada y su tacto responsable.

Fuera pista
 

La MH está dispuesta de tal manera, que también es capaz de moverse con soltura por terrenos fuera pista. Es ideal para lidiar senderos y pistas de tierra. Es capaz de contentar a los que viven en la masía, en el campo y se desplazan hacia el centro del pueblo o la ciudad más cercana, al elevar sus posibilidades no solo al uso, sino hacia la conducción divertida.

En conjunto me parece una buena opción para iniciarse en la aventura de los desplazamientos y, aunque no sea lo perfecta que uno desea, os aseguro que es infinitamente mejor que mi Bultaco Streaker, que pese a sus defectos fue mi gran salto a lo que soy ahora. Si sumamos sus pros y le restamos los contras, el balance sigue siendo positivo. Es una primera opción para aprender, para desplazarse con libertad a la espera de más experiencia, y esta seguramente será otra historia.

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