29. Junio 2015 - 7:04 | Josep Lluis Merlos | Blogs
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Rossi porque volvía a imponerse desde una pole cuatro años después de la última vez. Márquez porque regresaba al podio después de cuatro carreras de ausencia. Lorenzo por lo mismo, aunque cuatro años después de no pisar el de Assen.

Y, como a los políticos, no me los creí. Ni a Rossi, cabreado porque el viaje que le metió Marc quedó impune; ni a Márquez, rebotado porque Vale cortó la chicane; ni a Lorenzo, porque perdió terreno respecto al liderato del Mundial, y no acertó con la puesta a punto.

El lance de carrera de la última curva lo maquilló todo, y salvó un GP que, hasta aquel momento, fue un tostón en todas las categorías. Celebro que no hubiera penalizaciones, por el bien del espectáculo. Pero, qué casualidad, los follones siempre tienen a los mismos protagonistas.

MotoGP es un deporte de contacto. Incluso a 300 por hora. Lo admito. Pero un día pasará una desgracia. Perdón, volverá a pasar una desgracia, quiero decir. Y entonces, como en su momento, dejaremos de reírnos. No todo vale, ni en aras del show.

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