15. Junio 2015 - 8:22 | Josep Lluis Merlos | Blogs
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La diferencia en tiempo que separó las dos Yamaha de la primera Honda, la de Pedrosa, lo dice todo.

Es la moto, también; pero, sobre todo, es la convicción de quienes la pilotan. Uno tira del otro y el otro del uno. Sin quererlo, no crean, porque, si pudieran, se acuchillarían. Como debe ser. Tanto el español como Rossi.

Porque lo de Vale –36 años– es sobrehumano.

Y lo de Márquez, también. Tercera caída. Que nadie piense que a Marc se le ha olvidado ir en moto.

La línea que separa la gloria del infierno es demasiado fina; sobre todo cuando se tiene un pie en cada lado. Si un reproche puede hacérsele al de Cervera es que confunde el puño del gas con un interruptor. On/off.

Y esto es un potenciómetro. Como la vida. Hay días que uno puede ir a fondo, y otros que no. El domingo casi se lleva por delante a Lorenzo en la frenada de su caída. Por suerte para el mallorquín, pero sobre todo para él, no fue así. Si el de Honda le tira, se hubiera armado la de San Quintín.

La lluvia de adjetivos le habría calado hasta los huesos.

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