12. Octubre 2015 - 7:22 | Josep Lluis Merlos | Blogs
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¡Quién le iba a decir a Jorge que su antiguo enemigo le iba a hacer un favor de tal dimensión!

La deuda quedó saldada en Motegi. El Mundial de MotoGP es un estanque repleto de pirañas y tiburones; nada que ver con el pececito amarillo del casco de Valentino.

Aquí todo el mundo va a la suya y los errores se pagan muy caros. Los problemas con la visera del casco, el resfriado de Austin, la equivocación con los neumáticos de Argentina, o el bloqueo de Silverstone pueden tener ahora una enorme trascendencia.

Esto es la selva, y aquí hay que estar preparado para dudar tanto del amigo que busca la reconciliación tras una disputa como para saber que del mismo modo que no se aprende a conducir en lluvia de la noche a la mañana, esto tampoco se olvida.

Para ganar un Mundial –y Lorenzo lo sabe bien porque tiene cuatro– es tan importante hacerlo todo bien como no hacer nada mal. Y aunque esto puede parecer una tontería, en realidad no lo es. Que se lo pregunten a Rossi, que nunca falla.

GP Japón

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